Después del verano, el cabello pide un cambio. Pero esta temporada no será necesario apostar por transformaciones radicales para estrenar look. La tendencia que llega con fuerza este otoño busca recuperar la naturalidad, aportar dimensión y colocar la luz justo donde más favorece, dejando atrás los contrastes excesivos y las ...
Después del verano, el cabello pide un cambio. Pero esta temporada no será necesario apostar por transformaciones radicales para estrenar look. La tendencia que llega con fuerza este otoño busca recuperar la naturalidad, aportar dimensión y colocar la luz justo donde más favorece, dejando atrás los contrastes excesivos y las aclaraciones innecesarias.
Alba Bosch, de Alba Bosch Hair Studio, lo tiene claro: "Este otoño apostaremos por colores que respeten la base natural y aporten luz mediante mechas estratégicamente situadas". El objetivo es conseguir resultados luminosos y favorecedores que, además, permitan espaciar las visitas al salón.
Las melenas castañas seguirán teniendo mucho protagonismo, pero lejos de los tonos uniformes. La propuesta pasa por conservar la profundidad de la raíz y añadir puntos de luz en tonos miel y cappuccino mediante un balayage sutil.
El contorno del rostro seguirá siendo una de las zonas clave, aunque las mechas serán más finas y discretas para evitar un efecto excesivamente marcado. Los reflejos se concentrarán también en medios y puntas, creando sensación de movimiento y una mayor luminosidad.
Para quienes buscan un cambio todavía más delicado, los reflejos dorados y ligeramente cobrizos sobre bases morenas son otra opción. Aportan brillo y calidez sin necesidad de modificar por completo el color natural.
Si hay un gran protagonista entre los rubios de otoño, ese será el dorado. Los tonos mantequilla, miel, beige cálido, champán, caramelo y avellana toman el relevo de los rubios extremadamente fríos y blancos.
Además de resultar más naturales, estas tonalidades pueden ser especialmente interesantes después del verano. El cabello suele llegar a septiembre más sensibilizado por la exposición solar, el cloro o la sal, por lo que llevar la decoloración hasta fondos extremadamente claros puede aumentar innecesariamente la agresión sobre la fibra.
La clave está en personalizar el tono según la base natural, el tono de piel y las facciones. Un dorado bien trabajado no tiene por qué equivaler a un amarillo no deseado: puede aportar calidez, brillo y un aspecto más saludable a la melena.
¿Te ves demasiado rubia después del verano? Antes de cubrir toda la melena con un color oscuro, existe una alternativa: el balayage inversa. La técnica aprovecha las mechas claras que ya existen e incorpora estratégicamente tonos beige, caramelo o más oscuros para devolver profundidad al cabello. El objetivo no es eliminar el rubio, sino redistribuir la luz: se conservan zonas luminosas alrededor del rostro, medios y puntas, mientras se recupera profundidad en otras áreas.