La ortodoncia se ha asociado casi exclusivamente a niños y adolescentes durante años. Sin embargo, cada vez es más frecuente que adultos que nunca necesitaron brackets en su infancia descubran décadas después que algunos dientes han comenzado a apiñarse, han aparecido pequeños espacios entre los mismos o sienten que su mordida ya ...
La ortodoncia se ha asociado casi exclusivamente a niños y adolescentes durante años. Sin embargo, cada vez es más frecuente que adultos que nunca necesitaron brackets en su infancia descubran décadas después que algunos dientes han comenzado a apiñarse, han aparecido pequeños espacios entre los mismos o sienten que su mordida ya no encaja igual que antes. Lejos de tratarse de un hecho excepcional, es una consecuencia de los cambios naturales que experimenta la boca con el paso del tiempo y de distintos factores que pueden modificar progresivamente la posición de los dientes.
Esto se debe a que los dientes no permanecen completamente inmóviles una vez terminado el crecimiento. "La posición de los dientes sigue cambiando al finalizar el crecimiento. La dentición evoluciona a lo largo de toda la vida", explica la doctora Silvia Canals, coordinadora de Ortodoncia de Vitaldent.
Los años también dejan huella en los dientes
El desgaste acumulado durante décadas es uno de los factores que pueden modificar la forma en la que las piezas contactan entre sí. También pueden influir tratamientos dentales previos, cambios en las encías o determinados hábitos, como apretar o rechinar los dientes.
Otro factor importante es la pérdida de piezas. Cuando desaparece un diente y el espacio queda sin reponer, los dientes vecinos pueden inclinarse o desplazarse hacia ese hueco. Asimismo, es posible que cambie la posición del diente situado justo enfrente, en la otra arcada. Por eso, un diente que se mueve no siempre está señalando un problema de alineación. En algunos casos, el origen está en los tejidos que lo sujetan.
Por otro lado, la enfermedad periodontal puede deteriorar progresivamente el hueso y los tejidos que mantienen los dientes en su sitio. En caso de que el soporte disminuya, algunas piezas pueden adquirir movilidad y cambiar de posición.
Es por eso que un cambio reciente en la dentadura conviene ser revisado antes de pensar directamente en corregirla con ortodoncia. "Cuando la mordida cambia, también puede verse afectada la función masticatoria, favorecerse el desgaste de los dientes o dificultarse la higiene oral", señala Canals.
Además, unos dientes apiñados pueden resultar más difíciles de limpiar correctamente, lo que tampoco ayuda a mantener las encías en buenas condiciones.
De igual modo, aunque durante años se atribuyó a las muelas del juicio la responsabilidad de que los dientes inferiores se apiñen con el paso del tiempo, el conocimiento actual desmonta esa teoría. Así las cosas, la evidencia disponible no respalda que su extracción evite por sí sola el apiñamiento de los incisivos inferiores. Si existe poco espacio en la arcada, su erupción puede contribuir a empeorar una situación previa, pero no explica todos los cambios que se producen con los años.
Así que aquella explicación de que las muelas del juicio "empujan" toda la dentadura hacia delante en realidad se queda corta.
La ortodoncia en adultos es cada vez más habitual
Sea como fuere, los cambios en la dentadura son uno de los motivos por los que algunas personas recurren a la ortodoncia después de los 30, los 40 o incluso más tarde. Pero los nuevos tratamientos han revolucionado el aparato tradicional.
Cierto es que los brackets siguen siendo una opción; sin embargo, los alineadores transparentes han ampliado las posibilidades para quienes buscan una alternativa más discreta. A la vez, su popularidad también ha contribuido a normalizar que un adulto decida corregir la posición de sus dientes.
Y no, no siempre es una cuestión estética. Mejorar la mordida, facilitar la higiene o preparar la boca para otros tratamientos odontológicos pueden ser motivos suficientes para plantearse una corrección.
No todo diente que se mueve necesita aparato
Ahora bien, que los dientes hayan cambiado ligeramente de posición con los años no significa que haya que corregirlos. Hay movimientos normales que no provocan ningún problema y que simplemente forman parte de la evolución de la dentición.
La situación es diferente cuando aparece movilidad, dolor, dificultad para masticar, cambios importantes en la mordida o un apiñamiento que progresa. En esos casos, eso sí, conviene averiguar primero qué está provocando el cambio. "La edad no determina si un paciente puede o no someterse a un tratamiento de ortodoncia. Lo realmente importante es realizar un diagnóstico individualizado para identificar la causa del problema y escoger la solución más adecuada", subraya la especialista.
En definitiva, la sonrisa perfectamente alineada de la adolescencia no está garantizada de por vida. Como todo el cuerpo, los dientes también cambian con los años, aunque lo hagan despacio. Pero actuar a tiempo permite preservar la funcionalidad de la boca y evitar complicaciones futuras.