Aunque parezca una moda creada por el algoritmo, se trata en realidad de la reinvención de un truco tradicional. Iconos internacionales como Rosalía, Kylie Jenner, Irina Shayk o Georgina Rodríguez lo han integrado en sus rutinas para lucir un efecto "buena cara" inmediato. Pero, ¿qué hay de verdad tras ...
Aunque parezca una moda creada por el algoritmo, se trata en realidad de la reinvención de un truco tradicional. Iconos internacionales como Rosalía, Kylie Jenner, Irina Shayk o Georgina Rodríguez lo han integrado en sus rutinas para lucir un efecto "buena cara" inmediato.
Pero, ¿qué hay de verdad tras esta práctica? ¿Es apta para todos los tipos de piel? Analizamos con detalle el fenómeno junto a Xenia García, experta en belleza y directora del centro Cinc Estética en Barcelona.
El atractivo del skin-icing radica en sus efectos visibles e instantáneos. Al someter el rostro a bajas temperaturas, se produce una vasoconstricción que ayuda a desinflamar los tejidos y a tensar la piel.
"Lo que vemos justo después de aplicar el hielo son poros más pequeños (solo visualmente) y una piel más firme. Se debe a que generamos una vasoconstricción y ayudamos a desinflamar. Sin embargo, es un efecto momentáneo: suele durar entre 20 minutos y un par de horas máximo, dependiendo del tipo de piel", explica Xenia García.
Además, la experta subraya que, aunque es un recurso útil para momentos puntuales, en ningún caso sustituye a un tratamiento cosmético o antienvejecimiento real.
Uno de los mayores peligros del skin-icing casero es la falta de control. Aplicar cubitos o sumergir la cara directamente en hielo puro no es lo más aconsejable. El contacto directo del frío extremo puede provocar microquemaduras por congelación, reactividad y la rotura de capilares frágiles.
¿Cuándo SÍ y cuándo NO recurrir al frío?
SÍ lse recomienda: Como gesto puntual antes de un evento importante, para fijar el maquillaje o tras una mala noche para desinflamar el rostro y las bolsas.
NUNCA lo apliques: Justo después de tratamientos agresivos (láser o peelings químicos), ni en pieles con acné inflamatorio, rosácea, eccema o sensibilidad extrema, ya que podrías empeorar el problema.
A la hora de elegir el método adecuado, Xenia García lo tiene claro:
"Hielo directo no lo usaría nunca. Antes de sumergir el rostro en agua helada, prefiero utilizar herramientas frías (ice rollers, globos de cristal, etc.) porque el impacto es mucho menos agresivo y podemos trabajar zonas específicas de forma controlada durante 5 a 10 minutos", señala García.
Para evitar agresiones en la barrera cutánea y democratizar esta técnica con seguridad, han surgido alternativas diseñadas para controlar el choque térmico.
![]() |
| Marca la diferencia el uso de herramientas especializadas como el Cold is Cool de You Are The Princess. Este icing bowl de silicona flexible integra una base congelable. Este sistema enfría el agua gradualmente sin que el hielo toque directamente la piel, logrando un drenaje seguro. |
Si deseas utilizar el frío como primer o preparador facial antes de un evento, sigue estos pasos para garantizar un acabado luminoso y protegido:
Enfría el agua de forma progresiva: Utiliza un bol preparado o agua muy fría en lugar de hielo directo.
Realiza inmersiones breves: Sumerge el rostro durante 5-10 segundos y descansa entre cada tanda.
Secado suave: Presiona delicadamente el rostro con una toalla limpia, sin rascar ni frotar.
Pausa e Hidratación (imprescindible): Espera unos minutos a que la piel recupere su temperatura.
"Tras realizar la terapia de frío, es fundamental no olvidar la hidratación. Lo ideal es aplicar principios activos calmantes e hidratantes como el pantenol o la niacinamida, y usar protección solar si nos vamos a exponer al sol", remarca Xenia García.
¿Por qué vuelve esta rutina una y otra vez a ser tendencia? En palabras de Xenia García, se debe a su gran impacto visual en redes sociales, su bajo coste y la búsqueda de esa piel lisa y tersa al "estilo coreano". Sin embargo, para conseguir un resultado duradero sin poner en riesgo la salud de la dermis, en los centros profesionales se recurre a técnicas más avanzadas:
"En cabina disponemos de herramientas precisas para desinflamar y reafirmar sin recurrir al hielo extremo, como la crioterapia profesional controlada, los masajes drenantes, la terapia con luz LED o las corrientes microestimulantes", concluye la experta.