Las inundaciones y episodios de lluvia extrema se han consolidado como una de las amenazas climáticas más recurrentes y destructivas en España, impulsadas por el paulatino calentamiento del mar y la frecuencia con la que se desencadenan estos temporales. De cara a este otoño, los avisos de la Agencia Estatal ...
Las inundaciones y episodios de lluvia extrema se han consolidado como una de las amenazas climáticas más recurrentes y destructivas en España, impulsadas por el paulatino calentamiento del mar y la frecuencia con la que se desencadenan estos temporales. De cara a este otoño, los avisos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) vuelven a poner en alerta al país ante la llegada de nuevas DANA y chubascos torrenciales, un escenario que reactiva el temor en unos municipios costeros donde la absorción de agua es cada vez más limitada.
Estos avisos se enmarcan en un contexto de alta vulnerabilidad de la costa española ante grandes lluvias, crecidas de ríos y la subida del nivel del mar. Así lo asegura el Observatorio de la Sostenibilidad, una asociación ciudadana con más de una década de trayectoria en el estudio de la sostenibilidad del Estado español.
Según las proyecciones del informe sobre el impacto hasta 2029, Cádiz encabeza la lista de vulnerabilidad en el litoral español, con un 8,9% de los diez primeros kilómetros de su costa expuestos a una lámina de agua por desbordamientos o subidas del nivel del mar. Le siguen muy de cerca Girona (8,2%), Valencia (7,1%) y Asturias (6,4%), conformando los cuatro puntos negros donde la combinación de presión urbanística y cuencas hidrográficas saturadas genera el mayor peligro.
A nivel global, el estudio concluye que un 2,35% de la franja costera de todo el país tiene un riesgo elevado de sufrir inundaciones en la próxima década. Sin embargo, este porcentaje se dispara en la denominada «costa cálida» (el arco mediterráneo, Baleares y el golfo de Cádiz), donde la probabilidad alcanza a 1 de cada 10 superficies artificiales si se analizan los horizontes temporales a más largo plazo.
El análisis señala quince áreas urbanizadas concretas que concentran la máxima alerta. Entre los municipios y deltas más expuestos destacan:
Andalucía y Murcia: Isla Cristina-Ayamonte (Huelva), Palmones-Guadarranque (Cádiz), Bajo Guadalhorce (Málaga), Bajo Andarax (Almería), Cartagena y San Javier-Los Alcázares.
Comunidad Valenciana y Cataluña: Gandía-Oliva y Alaquàs-Catarroja (Valencia), Vinaròs-Peñíscola (Castellón), la costa de la Marina Alta (Alicante) y Empuriabrava-Santa Margarida (Girona).
Norte y Baleares: Palma de Mallorca, Gijón (Asturias) y el Bajo Urumea (Guipúzcoa).
El informe enfatiza que esta exposición no es casual, sino el resultado directo de más de un siglo de antropización salvaje del litoral. La ocupación de llanuras de inundación y cauces naturales durante el boom turístico ha dejado a millones de infraestructuras sin capacidad natural de drenaje justo cuando el calentamiento global intensifica la virulencia de los temporales de otoño.
