En principio, los adaptógenos son aquellas sustancias naturales -plantas, hongos y minerales- que mejoran nuestra capacidad de respuesta ante factores adversos como el estrés. Así lo creía el médico y farmacólogo ruso Nikolai Lazarev en el año 1947. Hoy día, sabemos que también son útiles para combatir la ansiedad, la fatiga y los altibajos emocionales. ...
En principio, los adaptógenos son aquellas sustancias naturales -plantas, hongos y minerales- que mejoran nuestra capacidad de respuesta ante factores adversos como el estrés. Así lo creía el médico y farmacólogo ruso Nikolai Lazarev en el año 1947. Hoy día, sabemos que también son útiles para combatir la ansiedad, la fatiga y los altibajos emocionales. No obstante, cada vez se emplean más en la cosmética occidental, siguiendo la estela de la medicina china y ayurveda. Algunas de estas plantas y hongos adaptógenos -reishi, ginseng o ashwagandha- han resultado ser eficaces para favorecer la homeostasis cutánea o proceso que autorregula la barrera cutánea contra factores externos dañinos (luz solar, patógenos, etcétera). En particular, la ashwagandha (Withania somnifera) es especialmente útil ahora que vamos a cambiar de estación.
Ashwagandha para afrontar la rentrée
Esta planta medicinal, originaria de la India, Oriente Medio y algunos países africanos, es conocida por su capacidad para tratar el estrés físico y emocional. A punto de entrar en el otoño, el 23 de septiembre, la ashwagandha también ayuda a la piel y el resto del cuerpo a afrontar los cambios de estación. En este sentido, la ashwagandha evita el temido síndrome postvacacional, favorecer el sueño y rebajar los niveles de cortisol y estrés oxidativo. Este adaptógeno funciona especialmente bien para prevenir problemas de acné en la piel, envejecimiento, irritaciones y sequedad, entre otros.

Ashwagandha en formato polvo.
Con la llegada del otoño, en menos de dos semanas detectaremos un cambio drástico en las temperaturas, menos horas de luz y, con el regreso al trabajo, más estrés. Todo este combo de factores repercute también en la piel, que lo "somatiza" de diferentes maneras. La ashwagandha actúa como un escudo adaptógeno de primer orden capaz de frenar tanto el envejecimiento cutáneo como la flacidez, el acné o las arrugas prematuras provocadas por el deterioro del colágeno y la elastina provocados por el cortisol. Básicamente, la ashwagandha lo regula todo para que vuelva a su estado habitual, tal y como asegura Julia Smith, directora de producto de Ki Care: "Es rica en antioxidantes que protegen la piel del daño ambiental, con propiedades antiinflamatorias que la calman". Entre sus principales activos cuenta con los withanólidos, compuestos antioxidantes que se hallan principalmente en las raíces de la planta.
Según la experta, la ashwagandha es perfecta en caso de acné ya que equilibra la producción de sebo. "También se recomienda para abordar la caída del cabello en otoño, eccemas o piel extremadamente sensible. Se puede asimilar en forma de suplementos o infusiones, pero también a través de cremas y sérums para desestresar y desinflamar la piel".
Cremas y sérums con raíz de ashwagandha
La parte de la ashwagandha que más se usa es la raíz como ingrediente de cremas hidratantes, sérums antiedad, mascarillas para el pelo, lociones corporales e incluso pastas dentales. Julia Smith también la recomienda en polvo para crear mascarillas caseras, combinada con miel y yogur. "Es eficaz -añade- contra la sequedad y la irritación en la piel".

En la imagen, la mascarilla nocturna de Ki Care.
Por su parte, la firma Ki Care confía en la ashwagandha desde sus inicios, con una mascarilla proage de uso nocturno. Además de esta planta, la mascarilla contiene ceramidas, manteca de karité y jiaogulan, otro adaptógeno muy utilizado en sus cosméticos. La combinación de estos ingredientes protege las células cutáneas de la luz visible artificial de las pantallas. Con su uso, también se consigue revitalizar la piel y mejorar su apariencia sin signos de fatiga. Sin duda, es una buena opción para tratar las pieles mates, apagadas y resecas frecuentes durante la época otoñal.