Cuando el cabello empieza a caerse más de lo habitual, es frecuente buscar una explicación inmediata. Quizá hemos cambiado de champú, estamos atravesando una época de estrés, hemos modificado nuestra alimentación o pensamos que estamos lavando el pelo demasiado. Sin embargo, la caída del cabello tiene sus propios tiempos y ...
Cuando el cabello empieza a caerse más de lo habitual, es frecuente buscar una explicación inmediata. Quizá hemos cambiado de champú, estamos atravesando una época de estrés, hemos modificado nuestra alimentación o pensamos que estamos lavando el pelo demasiado. Sin embargo, la caída del cabello tiene sus propios tiempos y lo que observamos hoy puede ser consecuencia de un proceso iniciado meses atrás.
"Lo que percibimos refleja un proceso que empezó tiempo atrás", explica Vladislav Tkachev, tricólogo y endocrinólogo de DSD de Luxe. El cabello puede tardar alrededor de tres meses en desprenderse después de entrar en la fase en la que deja de crecer, por lo que la causa de una caída que se manifiesta ahora no tiene por qué encontrarse en las últimas semanas.
Además, la pérdida de cabello puede responder a diferentes factores. La predisposición genética, los cambios hormonales, el estrés, determinadas carencias nutricionales o la inflamación del cuero cabelludo son algunos de ellos.
Por eso, antes de recurrir a soluciones por nuestra cuenta, conviene conocer qué hay de cierto en algunas de las creencias más habituales.
No necesariamente. La caída que vemos hoy puede haberse originado meses atrás.
El cabello atraviesa diferentes fases a lo largo de su ciclo de crecimiento. Cuando entra en la fase telógena, el folículo deja de producir pelo activo, aunque el cabello no se desprende inmediatamente.
"El cabello tarda unos tres meses en desprenderse, aunque ya esté muerto desde entonces", explica Tkachev.
Esto significa que un episodio de estrés, un cambio hormonal, una deficiencia nutricional u otro desencadenante puede haber ocurrido bastante antes de que empecemos a encontrar más cabellos en el cepillo o en la ducha.
Por eso, cuando se intenta averiguar el origen de una caída repentina, no siempre basta con revisar lo ocurrido durante las últimas semanas.
La cantidad de cabello que vemos caer no permite determinar por sí sola la gravedad del problema.
La pérdida de pelo forma parte del ciclo natural del cabello y, según Tkachev, aproximadamente un 14 % se encuentra en fase telógena y está destinado a caer.
Más que fijarnos de manera obsesiva en un número concreto de cabellos, el especialista considera importante observar si existe un cambio respecto al patrón habitual de cada persona.
Hay señales que sí deberían llevarnos a prestar más atención. Entre ellas, que la caída se prolongue durante más de tres meses o que empiece a apreciarse una pérdida de densidad, menos volumen o un cabello progresivamente más fino. También la aparición de zonas concretas con menor cantidad de pelo.
A estos signos se pueden sumar alteraciones del cuero cabelludo como picor intenso, descamación, aparición de pústulas o cabellos que se rompen desde la raíz. Ante estas situaciones, Tkachev recomienda valorar el problema desde un punto de vista médico.
La suplementación puede ayudar en determinadas situaciones, pero no todas las caídas del cabello responden a una carencia nutricional.
Vitaminas del grupo B, zinc, selenio, biotina y aminoácidos como la cisteína y la metionina intervienen en distintos procesos relacionados con la salud capilar. Sin embargo, que un nutriente sea necesario para el cabello no significa que tomar suplementos vaya a solucionar cualquier tipo de alopecia.
"La suplementación puede ser eficaz, pero su resultado depende del perfil de la persona y de la causa de la caída capilar", señala el especialista.
Su utilidad será especialmente relevante cuando exista una carencia de alguno de los nutrientes que aporta el complemento. Por eso, tomar suplementos de manera indiscriminada no es necesariamente la mejor respuesta ante una caída del cabello.
También hay que tener en cuenta que sus efectos no son inmediatos. Tkachev sitúa habitualmente en dos o tres meses el periodo necesario para comenzar a apreciar los efectos de la suplementación, aunque el resultado dependerá del tipo de caída y de las características de cada persona.
Reducir los lavados no evita necesariamente la caída.
Encontrar cabellos entre las manos durante el lavado puede hacernos pensar que el champú está provocando la pérdida o que espaciar los lavados permitirá conservar más pelo. Sin embargo, el cabello que se desprende durante la ducha puede haber llegado ya al final de su ciclo.
Además, lavar el cabello con muy poca frecuencia tampoco es una estrategia recomendable para intentar reducir la caída.
Tkachev advierte de que espaciar demasiado los lavados con la intención de que las glándulas sebáceas produzcan menos grasa puede favorecer la acumulación y oxidación del sebo, el desarrollo de una microflora desfavorable y un mayor nivel de inflamación.
Pero el exceso tampoco resulta conveniente. Los lavados demasiado frecuentes con productos muy agresivos pueden alterar la barrera natural del cuero cabelludo y favorecer la irritación y los desequilibrios.
La clave, por tanto, no está en lavar el cabello mucho o poco, sino en adaptar la frecuencia de lavado y los productos utilizados a las necesidades reales del cuero cabelludo.
Un champú puede formar parte de la rutina de cuidado capilar, pero no puede solucionar por sí solo una caída cuya causa sea hormonal, genética, inflamatoria o esté relacionada con otros factores internos.
La caída del cabello es un síntoma que puede aparecer en procesos muy diferentes. Por eso, identificar el origen del problema es más importante que escoger un producto simplemente porque incluya la palabra "anticaída" en su etiqueta.
También conviene diferenciar entre el tipo de cabello y el estado del cuero cabelludo. Tener el pelo graso, seco, fino o rizado describe principalmente las características de la fibra capilar, pero no permite determinar qué está sucediendo en el folículo.
En este sentido, Tkachev defiende la importancia de un diagnóstico personalizado y de herramientas como la tricoscopia, que permiten observar características del cuero cabelludo, los folículos y el cabello que no siempre pueden apreciarse a simple vista.
Una pérdida de cabello no tiene que llegar a convertirse en una calva visible para requerir atención.
Antes de que aparezca una zona claramente despoblada pueden producirse cambios más discretos: pérdida progresiva de densidad, disminución del volumen, afinamiento del tallo capilar o una caída que se prolonga más de lo habitual.
Tkachev también señala como signos que justifican una valoración más profunda la aparición de focos de alopecia, el picor intenso, la descamación, las pústulas o los cabellos rotos en la raíz.
Por eso, más que esperar a que la pérdida resulte evidente, puede ser útil comparar el estado actual del cabello con el aspecto habitual de cada persona. Los cambios progresivos pueden pasar desapercibidos cuando se producen poco a poco.
El cuidado externo del cuero cabelludo y del cabello es importante, pero la salud capilar no puede entenderse de manera aislada del resto del organismo.
Detrás de una caída pueden existir diferentes factores, desde cambios hormonales o carencias nutricionales hasta periodos de estrés o procesos inflamatorios. Por eso, una rutina cosmética puede contribuir al cuidado del cabello, pero no sustituye al diagnóstico cuando la pérdida es persistente o aparecen otros síntomas.
Tkachev recuerda además que los hábitos cotidianos también forman parte de la salud capilar. Dormir adecuadamente, controlar el estrés, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física ayudan a crear mejores condiciones para mantener el cabello sano a largo plazo.
Una de las principales conclusiones del especialista es que el momento en el que detectamos la caída no necesariamente coincide con el momento en el que se inició el proceso. Entender el ciclo del cabello ayuda a evitar conclusiones precipitadas y, sobre todo, a no recurrir automáticamente a suplementos, cambios drásticos en la frecuencia de lavado o productos anticaída sin conocer primero la causa.
Cuando la caída se prolonga, aparecen cambios de densidad o volumen o existen alteraciones en el cuero cabelludo, una valoración especializada puede ayudar a determinar qué está ocurriendo y qué tratamiento es el más adecuado.
Una vez identificado el origen de la caída, el
cuidado cosmético puede acompañar al tratamiento con una rutina dirigida
tanto al cuero cabelludo como al folículo. DSD de Luxe propone combinar
limpieza, preparación de la piel y fórmulas específicas, en lugar de confiar
toda la estrategia a un único producto.
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