Solemos pensar que cuidarse requiere tiempo y planes: una escapada, un día de spa, una tarde entera libre que casi nunca llega. Y mientras esperamos ese gran momento de autocuidado que la agenda no permite, dejamos pasar los días sin darnos ni un respiro. En esvivir.com queremos reivindicar otra forma ...
Solemos pensar que cuidarse requiere tiempo y planes: una escapada, un día de spa, una tarde entera libre que casi nunca llega. Y mientras esperamos ese gran momento de autocuidado que la agenda no permite, dejamos pasar los días sin darnos ni un respiro. En esvivir.com queremos reivindicar otra forma de cuidarse, mucho más al alcance: los microplaceres, esos pequeños gustos cotidianos que caben en cualquier agenda y que, en apenas cinco minutos, tienen el poder de cambiarte el día más de lo que imaginas.
Existe la idea de que para cuidarse hay que hacer algo grande, y esa creencia es justo lo que nos deja sin cuidarnos, porque lo grande rara vez cabe en el día a día. Los microplaceres funcionan con otra lógica: no dependen de tener tiempo libre ni dinero, sino de prestar atención a los pequeños momentos buenos que ya están a tu alcance y darles un sitio consciente. Un café tranquilo, unos minutos al sol, una canción que te gusta.
Lo interesante es que estos pequeños placeres, precisamente por ser diarios y frecuentes, tienen un efecto acumulativo enorme sobre el ánimo. No es lo mismo un gran chute de bienestar una vez al mes que pequeñas dosis repartidas cada día. Estas últimas sostienen el estado de ánimo de forma constante, actúan como pausas que rompen la inercia de las obligaciones y nos recuerdan, en medio del ajetreo, que la vida también está hecha de momentos agradables. Son pequeños, sí, pero su impacto en cómo te sientes no lo es.
Incorporar microplaceres es sencillo, pero requiere un mínimo de intención para que no se los coma la rutina. Algunas ideas y claves:
La clave es soltar la culpa. Dedicarte cinco minutos a algo que te gusta no es perder el tiempo ni robárselo a nadie, por mucho que esa vocecita insista. Es una pausa mínima que te devuelve al resto del día con mejor ánimo y más energía, así que en realidad no resta, suma. Y no hace falta que sean placeres caros ni especiales; los mejores microplaceres suelen ser las cosas más sencillas, las que tienes al alcance de la mano y solo esperan que te pares a disfrutarlas.
Lo que conviene retener es que cuidarse no siempre requiere grandes planes ni tiempo del que no dispones; a veces basta con cinco minutos bien elegidos y vividos con atención. Los microplaceres son una forma realista y poderosa de cuidar el ánimo en medio de una vida ocupada, y están al alcance de cualquiera, cualquier día. Identifica los tuyos, resérvales un hueco sin culpa y repártelos por la jornada como pequeñas pausas de bienestar. Verás que esos gustos mínimos, lejos de ser una tontería o una pérdida de tiempo, son justo lo que hace que un día cualquiera se sienta mucho mejor. Al final, una vida buena no está hecha solo de grandes momentos, sino, sobre todo, de muchos pequeños momentos buenos.