En esvivir.com queremos hablar de ese diálogo interno, porque la forma en que nos hablamos a nosotras mismas condiciona enormemente cómo nos sentimos, y aprender a suavizarla es uno de los mayores regalos que una mujer puede hacerse. De dónde viene esa dureza contigo misma Ese crítico interior tan severo no nació ...
En esvivir.com queremos hablar de ese diálogo interno, porque la forma en que nos hablamos a nosotras mismas condiciona enormemente cómo nos sentimos, y aprender a suavizarla es uno de los mayores regalos que una mujer puede hacerse.
Ese crítico interior tan severo no nació contigo; se fue construyendo con los años. A menudo es el eco de voces del pasado, de mensajes que recibimos en la infancia o la juventud, de exigencias que interiorizamos y que ahora reproducimos en automático contra nosotras mismas. A esto se suma una presión social que empuja especialmente a las mujeres hacia la exigencia y el perfeccionismo, hacia la idea de que hay que llegar a todo y hacerlo impecablemente, de modo que cualquier fallo se vive como una prueba de que no valemos.
Lo llamativo es lo desproporcionada que es esa voz comparada con cómo tratamos a los demás. Ante el error de una amiga reaccionamos con comprensión, le quitamos hierro, la animamos; ante el nuestro, nos machacamos sin piedad. Ese doble rasero es la clave del asunto: no es que seas dura por naturaleza, es que has aprendido a reservarte a ti misma un trato que nunca darías a otra persona. Y darse cuenta de esa incoherencia es el primer paso para cambiarla.
Suavizar el diálogo interno empieza por identificarlo, porque muchas veces esa voz opera de forma tan automática que ni la notamos. Algunas claves que ayudan:
No se trata de engañarse ni de repetirse frases vacías, sino de tratarte con justicia y con la misma comprensión que tienes de sobra para los demás. Este trato amable contigo misma, que a veces se llama autocompasión, no te hace más débil ni más conformista; al contrario, las personas que se hablan con amabilidad afrontan mejor los errores y se recuperan antes de los golpes, precisamente porque no gastan la energía en machacarse.
Lo que conviene retener es que la voz con la que te hablas importa, y mucho, en cómo te sientes cada día. Si te tratas como tu peor enemiga, viviendo bajo un juicio constante, el desgaste es enorme; si aprendes a tratarte como tratarías a una buena amiga, con comprensión y sin exigencias imposibles, todo cambia. No se trata de silenciar del todo esa voz crítica de un día para otro, sino de detectarla, cuestionarla y responderle con amabilidad cada vez que aparece. Mereces de tu propia parte el mismo cariño y la misma paciencia que repartes con tanta facilidad entre los demás. Convertirte en tu aliada en lugar de en tu enemiga es una de las decisiones que más transforman el bienestar, y está por completo en tu mano empezar hoy.