Adoptar un gato puede convertirse en una de las experiencias más gratificantes para una familia, pero también supone un compromiso que puede prolongarse durante muchos años. Para elegir al animal, hay que conocer sus necesidades, preparar adecuadamente la vivienda y respetar sus tiempos de adaptación. Son, sin duda, algunos de los ...
Adoptar un gato puede convertirse en una de las experiencias más gratificantes para una familia, pero también supone un compromiso que puede prolongarse durante muchos años. Para elegir al animal, hay que conocer sus necesidades, preparar adecuadamente la vivienda y respetar sus tiempos de adaptación. Son, sin duda, algunos de los aspectos fundamentales para que la convivencia funcione a largo plazo.
Para Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España, el primer paso consiste en entender que adoptar significa asumir una responsabilidad durante toda la vida del animal. "Adoptar un gato es una decisión que debe tomarse pensando en toda la vida del animal. Antes de adoptar, es importante valorar si podemos asumir de manera responsable sus necesidades físicas, emocionales y sociales y los cuidados veterinarios que necesitará a lo largo de los años".
También es necesario analizar si el animal encaja realmente con nuestro día a día. El espacio disponible, el tiempo que podemos dedicarle, las personas que viven en casa y la posible presencia de otros animales son factores que conviene valorar previamente. A ello se suma el coste de alimentación, prevención, revisiones veterinarias y posibles tratamientos.
"Son animales que necesitan poder desarrollar comportamientos naturales como explorar, jugar, esconderse, descansar en lugares seguros y rascar. Por tanto, no debemos pensar que porque un gato sea relativamente independiente requiere pocos cuidados", advierte la experta.
La adaptación comienza incluso antes de que el animal cruce la puerta de casa. Un entorno nuevo puede resultar abrumador por los olores, sonidos, personas y espacios desconocidos. Por eso, no es necesario darle acceso inmediato a toda la vivienda.
"Podemos preparar inicialmente una habitación o zona tranquila donde tenga todo lo necesario: agua, alimento, arenero, una zona cómoda para descansar, algún escondite y elementos para jugar y rascar", recomienda Saperas.
La seguridad también debe revisarse. Ventanas, balcones y puertas son algunos de los puntos que requieren especial atención, así como las ventanas oscilobatientes, que pueden representar un peligro para los gatos. Cables, productos de limpieza, pequeños objetos que puedan ingerir, determinadas plantas y otras sustancias potencialmente tóxicas deben mantenerse fuera de su alcance.
Además, una vivienda adaptada a un gato debería ofrecer diferentes posibilidades para que pueda elegir dónde estar: escondites, lugares elevados desde los que observar, zonas de descanso, rascadores y espacios para jugar y explorar.
Uno de los errores más habituales tras la adopción es intentar que el gato se adapte demasiado rápido. La emoción de tener un nuevo miembro en la familia puede llevar a querer cogerlo, acariciarlo o presentárselo a todo el mundo desde el primer momento.
"Uno de los errores más frecuentes es querer acelerar el proceso. Cuando llega un gato a casa existe mucha ilusión y es normal querer cogerlo, acariciarlo y presentárselo a toda la familia. Sin embargo, el gato necesita poder marcar su propio ritmo", explica la veterinaria.
Es normal que algunos animales se escondan, estén más cautelosos o interactúen menos durante las primeras horas o días. La recomendación es ofrecerles un espacio seguro y permitir que sean ellos quienes amplíen progresivamente su territorio. "Podemos sentarnos tranquilamente cerca, hablarle con suavidad y ofrecerle interacción cuando la busque, pero sin forzar el contacto físico", señala.
Tras la adopción, una revisión veterinaria permite conocer el estado general del animal y establecer un plan preventivo adaptado a sus características. Según su edad y antecedentes, pueden revisarse vacunación, microchip, desparasitación y esterilización, además de otras pruebas cuando sean necesarias.
La alimentación debe ser completa, equilibrada y adecuada a su etapa de vida. Durante los primeros días es preferible evitar cambios bruscos de dieta y, si es necesario modificarla, hacerlo progresivamente. El agua fresca debe estar siempre disponible. El bienestar diario también pasa por facilitar el juego, la exploración, el descanso y el rascado, además de mantener limpio el arenero y controlar su peso.
"Los gatos son expertos en ocultar signos de enfermedad, por lo que cambios en el apetito, la ingesta de agua, la utilización del arenero, el aseo, la actividad o el comportamiento pueden ser señales que conviene consultar con un profesional veterinario", recuerda Saperas.
Finalmente, el aspecto físico no debería ser el principal criterio para elegir un animal. La edad, el carácter, el nivel de actividad, las experiencias previas y las posibles necesidades especiales marcan la diferencia.
"Adoptar no debería basarse únicamente en que un gato nos parezca bonito o nos genere una conexión emocional en un primer momento", afirma la experta. Un gatito puede necesitar más supervisión, juego y estimulación; un adulto permite conocer mejor un carácter ya definido, mientras que un gato senior puede requerir cuidados específicos o una mayor atención veterinaria. También es importante conocer posibles enfermedades, discapacidades o necesidades de comportamiento.
"Una adopción responsable no consiste en encontrar al gato que más nos gusta, la clave está en encontrar el gato cuyas necesidades podemos satisfacer y con el que podemos construir una convivencia positiva y duradera", concluye Saperas.