Hubo un tiempo en el que escuchar sonar el teléfono provocaba casi automáticamente una reacción: descolgar. Hoy, sin embargo, una llamada de un número desconocido puede generar justo lo contrario. Según el estudio State of the Call 2026, elaborado por Hiya, el 87% de los españoles ya no responde inmediatamente ...
Hubo un tiempo en el que escuchar sonar el teléfono provocaba casi automáticamente una reacción: descolgar. Hoy, sin embargo, una llamada de un número desconocido puede generar justo lo contrario. Según el estudio State of the Call 2026, elaborado por Hiya, el 87% de los españoles ya no responde inmediatamente a las llamadas procedentes de números que no tiene guardados.
La cifra refleja hasta qué punto el fraude telefónico ha cambiado nuestros hábitos cotidianos. Los españoles reciben una media de ocho llamadas no deseadas a la semana y la desconfianza ha ido creciendo a medida que los ciberdelincuentes han sofisticado sus técnicas.
Una de las amenazas que más preocupa es la utilización de inteligencia artificial para imitar voces. El informe señala que el 35% de los consumidores españoles afirma haber recibido una llamada con una voz deepfake durante los últimos doce meses. Además, un 7% asegura haber perdido dinero como consecuencia de una estafa telefónica en ese mismo periodo.
El problema ya no es únicamente recibir llamadas molestas. La dificultad está en distinguir una comunicación legítima de un intento de fraude cuando ambas pueden llegar desde un número aparentemente normal.
La consecuencia más evidente es la pérdida de confianza en el canal de voz. Y esa desconfianza puede tener efectos prácticos: una persona que decide no contestar números desconocidos podría estar evitando una llamada de su banco, un centro médico, una empresa de reparto o cualquier otro servicio con el que necesite comunicarse.
Para las empresas, la situación también supone un reto. Una llamada relacionada con una cita, una incidencia o una gestión comercial puede quedar sin respuesta simplemente porque el receptor no reconoce quién está al otro lado.
"España vive una paradoja: las empresas tienen que comunicarse con mayor transparencia, pero las personas han aprendido a desconfiar de las llamadas desconocidas", afirma Mariano González-Cayuela, Country Manager de Hiya España.
El escenario coincide además con un periodo de cambios regulatorios en el sector de las telecomunicaciones. Tras la entrada en vigor de la Ley 10/2025 y ante la implantación efectiva del prefijo 400 para llamadas comerciales prevista para octubre, las empresas buscan nuevas fórmulas para ofrecer mayor transparencia. Sin embargo, identificar correctamente quién llama puede ser tan importante como cumplir la normativa. "Cumplir la ley te permite llamar, pero solo la confianza hace que te atiendan", sostiene González-Cayuela.
Precisamente la inteligencia artificial que está contribuyendo a sofisticar algunas estafas también se está convirtiendo en una herramienta para combatirlas. La tecnología de Hiya analiza el comportamiento de las llamadas en tiempo real para identificar patrones asociados al spam, la suplantación de identidad o el fraude.
Una de sus características es que el sistema funciona a nivel de red, por lo que el usuario no necesita instalar una aplicación adicional para beneficiarse de esta protección. Al mismo tiempo, las empresas legítimas pueden identificarse ante quien recibe la llamada mostrando información como su nombre, logotipo o motivo de contacto.
El objetivo es recuperar una parte de la confianza perdida: que recibir una llamada desconocida no implique automáticamente asumir que se trata de spam. "No se trata de que las empresas hagan más llamadas, sino de conseguir que las que ya se hacen sean reconocidas, confiables y respondidas", explica González-Cayuela.
El fenómeno no se limita a España. Hiya analiza más de 28.000 millones de llamadas al mes en todo el mundo y protege a más de 550 millones de usuarios en más de 40 países. En España, la compañía analiza actualmente más de 173 millones de llamadas mensuales. En un contexto en el que la inteligencia artificial permite tanto mejorar la seguridad como crear nuevas formas de engaño, el reto pasa por recuperar algo tan sencillo como saber quién está al otro lado del teléfono.