Estas son las principales señales que pueden alertar de burnout

Ángela Zorrilla

El síndrome de burnout no aparece de un día para otro, sino que suele avanzar de forma lenta y erosiva. Pensar constantemente en el trabajo, no descansar durante el fin de semana o ser incapaz de desconectar durante los puentes y escapadas son algunas de las señales de alarma. Un psiquiatra explica cómo distinguir el desgaste laboral habitual de un problema que necesita atención.

26/09/2026

Septiembre trae consigo la vuelta a los horarios, las obligaciones y las rutinas laborales. Para algunas personas, recuperar el ritmo después del verano supone simplemente volver a la normalidad; para otras, significa reencontrarse con un cansancio que nunca llegó a desaparecer. Cuando la desconexión resulta imposible incluso durante los periodos ...



Septiembre trae consigo la vuelta a los horarios, las obligaciones y las rutinas laborales. Para algunas personas, recuperar el ritmo después del verano supone simplemente volver a la normalidad; para otras, significa reencontrarse con un cansancio que nunca llegó a desaparecer. Cuando la desconexión resulta imposible incluso durante los periodos de descanso, puede ser el momento de prestar atención a determinadas señales.

El síndrome de burnout o desgaste profesional está relacionado con situaciones de estrés laboral crónico, sobrecarga profesional, horarios excesivos, agotamiento emocional y sensación de falta de realización personal. Sin embargo, utilizar el término para describir cualquier época de estrés en el trabajo puede llevar a confusión.

"Tenemos que diferenciar claramente el burnout o el estar quemado. La propia OMS en su última clasificación de enfermedades, en la CIE-11, lo clasifica como un fenómeno laboral", explica el doctor Alexander Bilbao Idarraga, psiquiatra del Hospital Quirónsalud Vitoria.

Según el especialista, el síndrome se caracteriza principalmente por tres elementos: "Distanciamiento social, agotamiento físico y mental y cierta sensación de falta de eficacia en el trabajo".

Cuando el trabajo afecta al bienestar

Uno de los principales indicadores de que el malestar puede estar superando los límites de un estrés laboral puntual es que deje de desaparecer cuando termina la jornada. El problema ya no se queda en la oficina, sino que acompaña a la persona durante su tiempo libre.

"Existen ciertos signos de alarma como no poder dejar el trabajo en la oficina, que el fin de semana no sea reparador o que, incluso, unas vacaciones no permitan desconectar del trabajo", señala Bilbao Idarraga.

La vuelta de las vacaciones puede hacer especialmente evidente esta situación. Mientras algunas personas regresan con energía renovada, otras comprueban que el descanso no ha servido para recuperar fuerzas porque han seguido pensando en las obligaciones laborales.

Entre las señales que pueden indicar que el desgaste está afectando ya al bienestar emocional aparecen la tristeza intensa, la pérdida de ilusión, la ansiedad o incluso el miedo a volver al trabajo.

"Es ese momento en el que empiezan a aparecer señales como una tristeza muy abatida, que las cosas no te hagan ilusión o no quieras hacerlas, síntomas ansiosos como miedo al trabajo, crisis de ansiedad...", explica el psiquiatra.

En situaciones más graves y prolongadas, el malestar puede llegar a afectar de forma significativa al funcionamiento diario y algunas personas terminan recurriendo a psicofármacos para poder afrontar la jornada laboral o para conseguir olvidar el trabajo cuando llegan a casa.

Un proceso que avanza poco a poco

Una de las características del burnout es precisamente que no suele aparecer de forma repentina. El desgaste se acumula durante meses hasta que la persona empieza a notar que su capacidad para afrontar el día a día ha cambiado.

"El paciente habitualmente se presenta en consulta comentando que lleva mucho tiempo soportando estrés, carga laboral excesiva y no puede más", relata el doctor.

El deterioro puede manifestarse en pequeños cambios cotidianos: llegar a casa y continuar pensando en asuntos laborales, estar físicamente con la familia pero mentalmente en el trabajo, dejar de disfrutar de actividades que antes resultaban placenteras o perder interés por aspectos de la vida que hasta entonces eran importantes.

En palabras del especialista, aparece una progresiva "pérdida de funcionalidad", hasta el punto de que la persona deja de hacer cosas que anteriormente sí hacía y tiene cada vez más dificultades para estar presente fuera del entorno laboral.

No todo estrés es burnout

Precisamente por la popularización del término, los especialistas insisten en que sentir estrés o tener una época complicada en el trabajo no significa necesariamente padecer burnout. "El trabajo de forma intrínseca implica unos malestares e implica una serie de problemas que no tienen que patologizarse", recuerda Bilbao Idarraga.

Por ello, añade que "hay que distanciarse también de considerar que todo malestar laboral o psicológico es una patología psiquiátrica". La diferencia está en valorar la intensidad, la duración y el impacto que tiene ese malestar sobre la vida cotidiana.

Un periodo de mayor presión puede formar parte de la experiencia laboral sin constituir una enfermedad. El problema aparece cuando el estrés se mantiene, la recuperación deja de ser posible y empieza a deteriorar de manera significativa el funcionamiento personal, social o profesional.

El burnout tampoco responde a un perfil psicológico de personas consideradas "débiles". Las circunstancias laborales y personales tienen un peso determinante en su aparición. "No existe un perfil de paciente que sea más propenso a este tipo de patología y tampoco se debe pensar que le ocurre a la 'gente débil', esto es erróneo", apunta el especialista.

En su opinión, suele existir una combinación de factores: "Puestos exigentes, horarios laborales muy amplios, escasos reconocimientos de su desempeño laboral y ambientes laborales muchas veces que no son precisamente favorables".

Qué ocurre en el cerebro cuando el estrés se mantiene

El impacto del estrés laboral prolongado también puede entenderse desde el funcionamiento cerebral. Cuando una persona permanece durante mucho tiempo sometida a una situación de amenaza o presión, los sistemas relacionados con la respuesta al estrés pueden mantenerse activados.

"El sistema que nos defiende de la amenaza del estrés agudo está regulado, en buena medida, por la amígdala cerebral", explica Bilbao Idarraga.

Esta estructura participa en la respuesta de alerta y, a través del sistema nervioso simpático, prepara al organismo para reaccionar ante una amenaza. El problema aparece cuando esa activación se mantiene durante demasiado tiempo.

"La hiperactivación de este sistema puede llevar a que otros sistemas estén más inactivos, como, por ejemplo, los sistemas de la corteza prefrontal que nos ayudan a planificar y a inhibir ciertas conductas", señala el psiquiatra.

El resultado, según describe, es un cerebro en el que "nuestros sistemas más avanzados están más apagados y los sistemas más primitivos de miedo y de lucha están más encendidos". Por eso, ante una vuelta al trabajo marcada por un cansancio que no desaparece, ansiedad, pérdida de interés o incapacidad para desconectar incluso durante los días libres, la señal más importante es escuchar lo que está ocurriendo.

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