¿Por qué nos cuesta tanto concentrarnos en septiembre?

Sofía Borrás

Después de unas semanas de horarios más flexibles, noches largas y menos obligaciones, volver a sentarse frente al ordenador y mantener la atención durante horas puede convertirse en todo un reto. No es necesariamente falta de motivación: el cerebro también necesita tiempo para recuperar su ritmo habitual.

17/09/2026

Septiembre tiene algo de reinicio. Vuelven los horarios, el despertador, las reuniones, las listas de tareas y esa sensación de que hay que ponerse al día con todo de golpe. Y aunque hayamos descansado durante las vacaciones, es bastante habitual que los primeros días cueste más concentrarse, aparezca cierta sensación ...

Septiembre tiene algo de reinicio. Vuelven los horarios, el despertador, las reuniones, las listas de tareas y esa sensación de que hay que ponerse al día con todo de golpe. Y aunque hayamos descansado durante las vacaciones, es bastante habitual que los primeros días cueste más concentrarse, aparezca cierta sensación de cansancio o nos encontremos mirando la pantalla sin avanzar demasiado.

La explicación puede estar, en parte, en los cambios de ritmo que experimentamos durante el verano.

El cerebro no funciona con un interruptor

Durante las vacaciones solemos modificar algunos de los principales horarios que regulan nuestro día: nos acostamos más tarde, nos levantamos sin despertador, comemos a horas diferentes y pasamos más tiempo al aire libre y expuestos a la luz natural.

Al regresar a la rutina, todos esos cambios se revierten en cuestión de días. El problema es que nuestro organismo no siempre se adapta a la misma velocidad que nuestra agenda.

El reloj biológico regula numerosos procesos, entre ellos el sueño y la vigilia. Cuando los horarios cambian, puede producirse un pequeño desajuste entre lo que nos pide el cuerpo y lo que exige nuestra rutina. Algunos especialistas describen precisamente esta situación como una especie de periodo de reajuste que puede acompañarse de cansancio, sueño irregular y dificultades para mantener la atención.

Dormir bien es más importante de lo que parece

Si durante el verano hemos retrasado considerablemente la hora de acostarnos y levantarnos, recuperar de golpe el horario habitual puede afectar a cómo nos sentimos durante el día.

Y no se trata únicamente de dormir un determinado número de horas. La regularidad también importa. Mantener horarios de sueño relativamente estables ayuda a que el organismo sepa cuándo debe estar preparado para la actividad y cuándo es momento de descansar.

De hecho, especialistas en sueño recomiendan recuperar progresivamente los horarios y evitar cambios demasiado bruscos. La exposición a la luz natural por la mañana también puede ayudar a volver a sincronizar el reloj biológico.

¿Por qué parece que tenemos menos capacidad de concentración?

La atención no depende únicamente de la voluntad. El descanso, los horarios, el nivel de estrés y nuestra actividad física también influyen en nuestra capacidad para mantener el foco.

Por eso, después de varias semanas con un ritmo más relajado, pretender volver el primer día a una jornada de máxima productividad puede ser contraproducente.

Además, septiembre suele venir acompañado de una particular carga mental: correos acumulados, reuniones, nuevos objetivos, organización familiar, colegio, actividades extraescolares… El cerebro tiene que volver a gestionar simultáneamente muchas más demandas.

La consecuencia puede ser esa sensación tan conocida de estar ocupado durante horas pero avanzar poco.

Cómo recuperar la concentración sin exigirte de más

La buena noticia es que no hace falta recurrir a métodos extremos para recuperar el foco. El objetivo es ayudar al organismo a recuperar progresivamente sus señales habituales.

1. Recupera un horario de sueño regular.
Intenta mantener una hora similar para acostarte y levantarte, también durante el fin de semana. Si tus horarios se han retrasado mucho durante las vacaciones, es preferible adelantarlo progresivamente que intentar cambiarlo todo de un día para otro.

2. Busca luz natural por la mañana.
Salir a caminar, desayunar cerca de una ventana o simplemente pasar unos minutos al aire libre al comenzar el día puede ayudar a proporcionar al organismo una de sus principales señales temporales.

3. No intentes recuperar todo el trabajo pendiente en dos días.
Prioriza. Hacer una lista interminable de tareas puede aumentar la sensación de saturación. Elegir dos o tres objetivos realmente importantes para cada jornada resulta más realista que intentar solucionarlo todo de golpe.

4. Introduce pausas.
La concentración sostenida durante horas no es realista. Levantarse, caminar unos minutos o cambiar de actividad permite hacer pequeños descansos y volver después a la tarea.

5. Recupera la actividad física.
No es necesario empezar septiembre con un plan deportivo intenso. Caminar, subir escaleras o volver progresivamente al ejercicio habitual puede contribuir a mejorar el bienestar general y ayudar a regular los horarios.

6. Reduce las distracciones digitales.
Si necesitamos concentrarnos, las constantes notificaciones del móvil, el correo electrónico o las redes sociales pueden fragmentar todavía más nuestra atención. Reservar determinados momentos para consultar mensajes puede ser más eficaz que hacerlo continuamente.

7. Dale unos días al proceso.
Quizá sea la recomendación más importante. Volver a la rutina no significa que nuestro rendimiento tenga que estar al cien por cien desde el primer día.


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