Con la vuelta al cole vuelven también a las aulas unos invitados no deseados: los piojos. Especialmente entre los niños de entre 3 y 11 años, el grupo en el que estas infestaciones resultan más habituales. Los juegos y otras actividades implican contacto directo entre las cabezas y, con ello, ...
Con la vuelta al cole vuelven también a las aulas unos invitados no deseados: los piojos. Especialmente entre los niños de entre 3 y 11 años, el grupo en el que estas infestaciones resultan más habituales. Los juegos y otras actividades implican contacto directo entre las cabezas y, con ello, vía libre para su propagación.
Cabe señalar que la pediculosis no supone un problema grave para la salud. Pero sí una gran molestia y, sobre todo, generar bastantes quebraderos de cabeza en casa. A esto se suma que todavía circulan unas cuantas ideas equivocadas sobre cómo se contagian, cómo detectarlos o qué hacer cuando aparecen.
Los piojos no "saltan" ni "vuelan"
Es el primer mito que hay que desterrar por ser quizá el más extendido. Los piojos de la cabeza no tienen alas ni pueden saltar: se desplazan arrastrándose por el cabello. La principal vía de transmisión es el contacto directo entre cabezas, algo bastante habitual entre los niños cuando juegan, hacen deporte o realizan actividades en común.
El contagio a través de objetos como peines, cepillos, gorros o toallas es posible, es cierto; sin embargo, no es ni de lejos tan importante como el contacto directo. Así las cosas, lo más efectivo es prestar atención a esos momentos en los que las cabezas de los pequeños se acercan y, por precaución, evitar compartir objetos que hayan estado en contacto con el pelo.
Tener piojos no es signo de suciedad
Otra leyenda urbana relaciona la pediculosis con la mala higiene. Y no, no tiene nada que ver que el niño pase diariamente por la ducha. Los piojos necesitan alimentarse de sangre humana y pueden instalarse en el cabello independientemente de lo limpio que esté.
Por eso, hay que tener presente que es una infestación frecuente en la infancia y puede afectar a cualquiera; no hay que sentir vergüenza porque toquen en casa.
Que no haya picor no significa que no haya infestación
Además de molestos, saben muy bien cómo pasar desapercibidos. Y es que, aunque el picor es el síntoma más habitual, no aparece necesariamente desde el principio. En una primera infestación puede tardar entre cuatro y seis semanas en dar la cara, dependiendo de la reacción del organismo a las picaduras.
Por esa razón, esperar a que el niño empiece a rascarse no es la mejor estrategia para detectarlos. En el transcurso de las primeras semanas de curso puede ser útil revisar el cabello de vez en cuando, especialmente si se ha producido contacto estrecho con otros niños infestados.
Cómo detectarlos y qué hacer si aparecen
El siguiente paso es saber exactamente cómo detectarlos. Los piojos adultos son pequeños y escurridizos, de manera que a veces resulta complicado localizarlos a simple vista. Las liendres, sus huevos, quedan adheridas al cabello y suelen encontrarse cerca del cuero cabelludo.
Para revisar la cabeza, la clave está en prestar atención a la zona de la nuca y detrás de las orejas, donde es más fácil encontrarlos. Una lendrera o peine de púas finas también puede facilitar la tarea, especialmente si se utiliza sobre el cabello húmedo.
Conocer la diferencia entre una liendre y la caspa también puede ayudar: mientras que la caspa se desprende con facilidad, las liendres permanecen firmemente pegadas al cabello.
Dicho esto, si se detectan piojos vivos, lo recomendable es utilizar un tratamiento específico siguiendo cuidadosamente sus instrucciones. Después puede utilizarse una lendrera para retirar los piojos y las liendres.
También es necesario echar un ojo a las personas que hayan tenido contacto estrecho con el niño y evitar compartir peines, cepillos, gorros o toallas. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios recomienda, además, no utilizar productos pediculicidas como medida preventiva cuando no se han detectado piojos, ya que estos tratamientos están indicados cuando existe una infestación.
En el mercado existen productos específicos para tratar los piojos y las liendres y otros formulados para complementar las medidas de prevención. Entre ellos se encuentra la gama Neositrín, de Stada, que incluye tanto tratamientos frente a la infestación como un spray acondicionador de uso diario.
En cualquier caso, conocer cómo se transmiten realmente, saber identificarlos y actuar cuanto antes cuando aparecen puede evitar que un problema relativamente sencillo lleve de cabeza, literalmente, a toda la familia.