La idea del llamado "reto de los 10 minutos" parte precisamente de ahí: en lugar de plantearnos cambios radicales o listas interminables de propósitos, reservar unos minutos para una actividad concreta que contribuya a nuestro bienestar.Y septiembre, con la vuelta a los horarios, el colegio, el trabajo y las obligaciones, ...
La idea del llamado "reto de los 10 minutos" parte precisamente de ahí: en lugar de plantearnos cambios radicales o listas interminables de propósitos, reservar unos minutos para una actividad concreta que contribuya a nuestro bienestar.
Y septiembre, con la vuelta a los horarios, el colegio, el trabajo y las obligaciones, puede ser un buen momento para probarlo.
Uno de los primeros gestos que podemos cambiar es qué hacemos nada más despertarnos. En lugar de consultar inmediatamente WhatsApp, el correo o las redes sociales, podemos dedicar los primeros minutos a despertarnos tranquilamente, abrir las ventanas, beber agua, asearnos o simplemente desayunar sin tener una pantalla delante.
No se trata de eliminar el móvil de nuestra vida, sino de evitar que sea lo primero que reclama nuestra atención.
No hace falta hacer una hora de ejercicio para incorporar algo de actividad física a nuestra jornada. Caminar durante diez minutos, subir escaleras, hacer algunos estiramientos o realizar una pequeña rutina de movilidad son opciones sencillas para romper con el sedentarismo.
Además, esos diez minutos pueden ser una buena excusa para salir al exterior si pasamos buena parte del día en casa o trabajando frente al ordenador.
¿La casa parece desordenada y no sabemos por dónde empezar? En lugar de intentar recogerlo todo de golpe, podemos poner un temporizador durante diez minutos y concentrarnos únicamente en una zona: la encimera de la cocina, el recibidor, el escritorio o un cajón.
El objetivo no es conseguir una casa perfecta, sino evitar que las pequeñas tareas se acumulen hasta convertirse en una montaña de cosas pendientes.
Una pequeña planificación por la noche puede ahorrarnos tiempo y decisiones al día siguiente. Preparar la ropa, dejar lista la mochila de los niños, organizar el bolso, revisar la agenda o pensar qué vamos a desayunar son tareas que apenas requieren unos minutos.
También podemos anotar las tres cosas más importantes que queremos resolver al día siguiente. Una lista breve suele ser más manejable que intentar abarcarlo todo.
Leer unas páginas de un libro antes de acostarnos puede convertirse en una alternativa sencilla a pasar los últimos minutos del día frente a una pantalla.
No es necesario marcarse el objetivo de terminar un determinado número de libros al año. Diez minutos diarios son suficientes para recuperar poco a poco el hábito de lectura y convertirlo en un momento de desconexión.
Hay días en los que lo que necesitamos no es hacer otra tarea, sino parar. Sentarnos tranquilamente, escuchar música, respirar con calma, tomar un café sin mirar el móvil o simplemente no hacer nada durante unos minutos también puede tener cabida en nuestra rutina.
La clave está en que esos diez minutos no tengan que servir para producir, organizar o resolver algo.
Con las prisas del día a día, incluso las personas que tenemos más cerca pueden quedar relegadas a conversaciones rápidas entre una obligación y otra.
Reservar diez minutos para hablar con nuestra pareja, llamar a un familiar o preguntar a nuestros hijos cómo ha ido realmente su día puede parecer poco tiempo, pero ayuda a recuperar esos espacios de conexión que muchas veces dejamos para cuando "tengamos tiempo".
También podemos reservar diez minutos exclusivamente para nosotros. Pintar, cocinar, cuidar las plantas, escuchar un podcast, hacer punto, escribir, dibujar o cualquier otra actividad que disfrutemos.
No todo el tiempo libre tiene que estar destinado a descansar o cumplir obligaciones. Recuperar pequeños momentos para actividades placenteras también forma parte de cuidarnos.