Las extensiones de pestañas se han convertido en una aliada habitual para levantarse cada mañana con una mirada espléndida sin recurrir a la máscara. Te las colocas… y voilà, a mantenerlas largas, densas y definidas durante semanas. Pero, al tratarse de un procedimiento que se realiza en una zona tan ...
Las extensiones de pestañas se han convertido en una aliada habitual para levantarse cada mañana con una mirada espléndida sin recurrir a la máscara. Te las colocas… y voilà, a mantenerlas largas, densas y definidas durante semanas. Pero, al tratarse de un procedimiento que se realiza en una zona tan delicada como el borde del párpado, es necesario hacerlo con todas las garantías y prestar especial atención a la superficie ocular y la raíz de las pestañas.
A mediados de septiembre se ha presentado, en el marco del 44.º Congreso de la Sociedad Europea de Cirujanos de Catarata y Refractiva (ESCRS), un estudio realizado sobre el uso frecuente de extensiones de pestañas. El trabajo ha detectado una elevada presencia de Demodex folliculorum, unos diminutos ácaros que pueden vivir en los folículos de las pestañas, además de una alta frecuencia de alteraciones en las glándulas de Meibomio, encargadas de producir parte de la película que protege y mantiene hidratados los ojos. También recogen síntomas como picor, enrojecimiento, lagrimeo e irritación.
¿Qué significa esto si llevas extensiones?
La investigación incluyó a 345 mujeres de entre 16 y 28 años y mostró que casi una cuarta parte se había puesto extensiones de pestañas alguna vez. Entre las usuarias, además, era frecuente repetir: el 58% se las colocaba asiduamente, cada tres o cuatro semanas.
Casi la mitad de quienes recurrían a este tratamiento estético (47,6 %) afirmó haber experimentado molestias, enrojecimiento, lagrimeo o picor después del procedimiento. Los investigadores también estudiaron las glándulas de Meibomio en aquellas a las que se habían realizado extensiones al menos diez veces. En este grupo, el 85 % presentaba signos de disfunción de estas glándulas.
Aunque su nombre resulte desconocido, estas estructuras tienen una función importante. Se encuentran en los párpados y producen una sustancia grasa que forma parte de la película lagrimal y ayuda a evitar que las lágrimas se evaporen demasiado rápido. Cuando estas glándulas se obstruyen o funcionan peor, pueden aparecer sequedad, irritación o sensación de incomodidad en los ojos.
¿En qué se traduce esto? Si las extensiones forman parte de tu rutina, no deberías dar por hecho que el picor, el enrojecimiento o la sensación de ojo seco son normales y que simplemente tienes que acostumbrarte a ellos.
Los ácaros que viven en las pestañas
El otro hallazgo del estudio tiene que ver con los Demodex, ácaro microscópico que vive de forma natural en los poros y folículos pilosos de la piel humana, especialmente en la cara. Los investigadores analizaron muestras de pestañas de 25 mujeres que utilizaban extensiones de forma habitual y lo encontraron en todas, salvo en una.
Que no cunda el pánico: la presencia de estos ácaros no significa que exista un problema per se. Como explica la profesora Sorcha Ni Dhubhghaill, especialista en córnea y cataratas del UZ Brussel, pueden formar parte de la microbiota ocular normal. El problema aparece cuando se produce una proliferación asociada a inflamación y síntomas.
Así, en 18 de las mujeres analizadas se observaron signos compatibles con irritación relacionada con estos ácaros, como picor alrededor de los párpados, enrojecimiento, hinchazón, pestañas que se pegan entre sí o descamación en la base.
Hay además una particularidad que puede dificultar su detección. Una de las señales que ayudan a identificar la presencia de Demodex son los llamados "collaretes", pequeños restos que aparecen alrededor de la raíz de las pestañas. Al colocarse el adhesivo de las extensiones precisamente cerca de esa zona, pueden resultar más difíciles de observar.
Cómo cuidar los ojos si utilizas extensiones
Con todo, los resultados no implican que haya que renunciar a usar extensiones ni que supongan un peligro. Solo hay que extremar la higiene y vigilar los síntomas.
Si las llevas habitualmente, la zona de las pestañas y los párpados necesita una limpieza adecuada, con productos específicos para esta área y siguiendo las indicaciones del profesional que haya realizado el tratamiento. El objetivo es evitar que se acumulen restos de maquillaje, grasa y células de la piel en la raíz de las pestañas, sin frotar los ojos ni irritar el párpado.
Asimismo, es primordial prestar atención a cómo reaccionan los ojos después de cada aplicación. Picor, enrojecimiento, lagrimeo, hinchazón, sensación de sequedad o irritación persistente no son síntomas que haya que aguantar por lucir extensiones. Si aparecen de manera repetida o no desaparecen, no tardes en consultar a un profesional sanitario. Mucho menos si vas a volverte a realizar el tratamiento.
De hecho, si se confirma la presencia de Demodex asociada a síntomas, puede requerir tratamiento específico. No es algo que deba intentarse solucionar por cuenta propia con productos destinados a otras zonas de la piel.
¿Hay que cambiar la frecuencia con la que te las pones?
El estudio no establece una frecuencia concreta a partir de la cual las extensiones pasen a ser perjudiciales. Tampoco demuestra que sean las responsables directas de la presencia de ácaros o de la disfunción de las glándulas de Meibomio.
Es una distinción importante, porque la investigación fue pequeña y no contó con un grupo de mujeres de características similares que no utilizara extensiones. Por eso, los autores consideran necesarios estudios más amplios que permitan comparar a usuarias y no usuarias y conocer mejor qué papel desempeñan la frecuencia y la duración del uso.
Así las cosas, más que sacar la conclusión de que "llevar extensiones es malo", el mensaje es que, si se utilizan, se debe cuidar especialmente la higiene de los párpados, no normalizar las molestias y consultar a un especialista si los síntomas persisten. Desterremos la idea de que "para estar guapa hay que sufrir". Es importante verse bien, pero jamás a costa de la incomodidad, y mucho menos, la salud.