Muchas mujeres desoyen las señales cuando se trata de su propia salud. Hay quien normaliza tener la regla cada dos, tres o cuatro meses. Otras se acostumbran al acné o ponen parches con productos que prometen resultados milagrosos cuando la caída del cabello se agudiza sin motivo aparente. El estrés, ...
Muchas mujeres desoyen las señales cuando se trata de su propia salud. Hay quien normaliza tener la regla cada dos, tres o cuatro meses. Otras se acostumbran al acné o ponen parches con productos que prometen resultados milagrosos cuando la caída del cabello se agudiza sin motivo aparente. El estrés, las hormonas o simplemente "cada cuerpo es diferente" son excusas comodín que valen para resignarse a problemas que pueden tener otra causa.
Es posible que todos esos síntomas obedezcan al síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP), conocido hasta ahora como síndrome de ovario poliquístico (SOP). Este trastorno afecta a una de cada ocho mujeres, aunque las cifras de prevalencia varían en función de los criterios utilizados para diagnosticarlo. En cualquier caso, es habitual no detectarlo hasta que se busca embarazo, pese a que la propia Organización Mundial de la Salud lo reconoce como una afección hormonal frecuente que puede cursar con alteraciones de la ovulación, problemas de fertilidad y diferentes manifestaciones metabólicas.
En este sentido, la comunidad científica ha propuesto sustituir el término síndrome de ovario poliquístico por síndrome ovárico metabólico poliendocrino. La nueva denominación refleja mejor la complejidad de una enfermedad que no afecta únicamente al ovario, sino que también implica alteraciones endocrinas y metabólicas, como el hiperandrogenismo o la resistencia a la insulina, que pueden influir tanto en la función ovárica como en la salud reproductiva de la mujer.
Lo que más condiciona la fertilidad en el SOMP es que el desarrollo y la maduración de los óvulos no siguen un patrón regular: la ovulación puede aparecer de forma impredecible o desaparecer durante meses. A esto se suman, en muchos casos, niveles elevados de hormonas masculinas y alteraciones metabólicas como la resistencia a la insulina, que también pueden afectar al funcionamiento de los ovarios.
En este contexto, Elena Troncoso, ginecóloga en Ginemed Sevilla y especialista en SOMP, subraya la importancia de reconocer síntomas tempranos y no esperar a "buscar embarazo" para actuar. "La principal señal de alerta es la irregularidad menstrual persistente: ciclos muy largos, pocas menstruaciones al año o periodos prolongados de amenorrea. También son frecuentes manifestaciones de hiperandrogenismo como hirsutismo, acné persistente o alopecia de patrón androgénico", afirma Troncoso.
"La clave es no normalizar durante años unas menstruaciones persistentemente irregulares o signos de hiperandrogenismo. Un diagnóstico precoz permite valorar la salud reproductiva y metabólica, prevenir las consecuencias de periodos prolongados de anovulación y realizar un seguimiento adecuado desde edades jóvenes", añade.
No es sinónimo de infertilidad
El SOMP es, además, un síndrome complejo, multifactorial y poligénico, con agregación familiar. Es decir, existe una predisposición genética sobre la que interactúan diferentes factores endocrinos, metabólicos y ambientales. Esta combinación explica también que no todas las mujeres lo experimenten de la misma manera ni presenten las mismas manifestaciones.
De hecho, uno de los mensajes que la especialista remarca es que el diagnóstico de SOMP no equivale automáticamente a tener problemas de fertilidad. "El SOMP no es sinónimo de infertilidad. Es un síndrome muy heterogéneo: algunas mujeres mantienen ovulaciones regulares y consiguen embarazo espontáneamente, mientras que otras presentan oligoovulación o anovulación", aclara Troncoso. La posibilidad de concebir depende, además, de otros factores como la edad, la reserva ovárica, la permeabilidad de las trompas o el factor masculino, por lo que no se puede atribuir cualquier dificultad para conseguir un embarazo exclusivamente al síndrome.
Cuando existe deseo gestacional, por tanto, el abordaje debe individualizarse. Y no necesariamente comienza con un tratamiento de fertilidad. Los hábitos de vida también pueden desempeñar un papel importante tanto en el manejo del síndrome como en la salud reproductiva. La alimentación saludable, el ejercicio regular y evitar el sedentarismo constituyen pilares fundamentales en este sentido.
En mujeres con sobrepeso, una reducción moderada del peso puede favorecer la regularidad menstrual y mejorar la probabilidad de ovulación, con un posible impacto tanto en la fertilidad como en el futuro embarazo. En cualquier caso, se trata de una intervención que debe plantearse de manera individualizada y dentro de un abordaje global de la salud de cada mujer.
Cuando se busca el embarazo
Si existe deseo gestacional y la principal causa de infertilidad es la anovulación, el objetivo clínico pasa por conseguir que vuelva a producirse la ovulación mediante tratamientos específicos. "Muchas pacientes consiguen así el embarazo",explica la experta en SOMP. Si estas opciones no son suficientes o existen otros factores que dificultan la concepción, se puede avanzar hacia otros escalones terapéuticos, incluida la fecundación in vitro cuando está indicada.
Esto significa que un diagnóstico de síndrome ovárico metabólico poliendocrino tampoco implica que una mujer vaya a necesitar técnicas de reproducción asistida. Algunas consiguen el embarazo de manera espontánea y otras pueden hacerlo con tratamientos destinados a favorecer la ovulación. La estrategia dependerá de las características de cada paciente y de si existen o no otros factores que puedan estar interfiriendo en la fertilidad.
Y una vez que llega el positivo, el seguimiento tampoco termina ahí. La doctora recuerda que no todas las mujeres con SOMP necesitan sistemáticamente un control obstétrico diferente, aunque sí pueden presentar una mayor probabilidad de determinadas complicaciones metabólicas y obstétricas.
Por este motivo, considera importante optimizar la salud metabólica antes de la gestación y prestar especial atención durante el embarazo al control de la glucemia y de la tensión arterial. El seguimiento, de nuevo, debe individualizarse en función de los factores de riesgo de cada paciente.
En definitiva, la importancia de reconocer las señales del SOMP y obtener un diagnóstico permite conocer qué está ocurriendo y actuar sobre sus distintas manifestaciones antes de que el problema aparezca, no únicamente cuando se busca un embarazo. La irregularidad menstrual persistente, el hirsutismo, el acné o la alopecia de patrón androgénico no tienen por qué significar que exista este síndrome, pero sí son motivos para consultar cuando se mantienen en el tiempo.