¿Puede el zumo de granada cuidar tu microbiota?

Ángela Zorrilla

La granada vuelve a estar de temporada y llega con un interesante argumento científico bajo el brazo: una investigación italiana apunta a que sus polifenoles podrían favorecer determinados cambios en las bacterias intestinales. Eso sí, el estudio se ha realizado en un modelo de laboratorio, así que todavía queda camino por recorrer.

04/10/2026

La granada, con sus pequeños granos rojos, su sabor entre dulce y ácido y su buena dosis de compuestos antioxidantes, es una de las frutas estrellas de esta temporada. Vuelve a las fruterías españolas entre septiembre y diciembre y, este año tiene, además, una nueva razón para llamar la atención.Según ...

La granada, con sus pequeños granos rojos, su sabor entre dulce y ácido y su buena dosis de compuestos antioxidantes, es una de las frutas estrellas de esta temporada. Vuelve a las fruterías españolas entre septiembre y diciembre y, este año tiene, además, una nueva razón para llamar la atención.

Según un estudio del Instituto de Ciencias de la Producción Alimentaria del Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR-ISPA), sus compuestos tienen mucho que decir cuando llegan al intestino. Publicado en la revista científica Antioxidants, el trabajo ha estudiado cómo los polifenoles del zumo de granada interactúan con la microbiota intestinal. Para hacerlo, los investigadores utilizaron TWIN-SHIME®, un modelo in vitro que simula diferentes partes del aparato digestivo y permite observar cómo responde la microbiota del colon.

¿El resultado? El zumo de granada produjo cambios en la actividad y composición de las comunidades microbianas estudiadas. Entre ellos destacó el aumento de algunos microorganismos, como Akkermansia, Bifidobacterium y Enterocloster, además de una mayor producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC), sustancias generadas por la actividad de las bacterias intestinales.

¿Qué tiene la granada que puede resultar tan interesante?

La respuesta está, en buena medida, en los polifenoles. El análisis del zumo utilizado en el estudio encontró alrededor de 2,3 gramos de estos compuestos por litro, con un claro protagonismo de las antocianinas, responsables en buena parte de la intensa tonalidad rojiza de la granada.

También se observó una elevada actividad antioxidante en las pruebas realizadas en laboratorio. Sin embargo, que un alimento tenga compuestos antioxidantes no significa automáticamente que consumirlo vaya a producir un determinado efecto sobre la salud. Entre otras cosas, hay que tener en cuenta cuánto de esos compuestos llega realmente al organismo y qué ocurre con ellos durante la digestión.

Precisamente por eso, los investigadores analizaron también su bioaccesibilidad. Aproximadamente entre un 24% y un 25% de los polifenoles permaneció disponible después del proceso digestivo simulado.

El intestino entra en escena

La parte más curiosa llegó cuando el zumo alcanzó el modelo de colon. Después de varios días de exposición, aumentó la producción de AGCC, especialmente en el colon descendente simulado. Al séptimo día, la concentración total alcanzó los 100 mmol/L. También se observaron modificaciones en la composición de la microbiota. Akkermansia aumentó especialmente en las zonas transversal y descendente del colon simulado, mientras que Bifidobacterium y Enterocloster también tuvieron una presencia relevante.

Los autores consideran que estos resultados son compatibles con un posible efecto prebiótico de los polifenoles del zumo de granada. Dicho de forma sencilla: determinados componentes de la fruta podrían servir de sustrato para algunas bacterias intestinales y modificar su actividad.

¿Significa esto que beber zumo de granada mejora la microbiota?

Aquí conviene poner los pies en la tierra. El estudio ofrece resultados interesantes, pero no demuestra que beber zumo de granada mejore la microbiota intestinal de las personas.

La investigación se ha realizado mediante un modelo experimental in vitro, no en personas. Por eso, los propios autores señalan que hacen falta nuevos estudios, incluyendo investigaciones con múltiples participantes, para comprobar si estos efectos se producen también en humanos y hasta qué punto dependen de las diferencias individuales de cada microbiota.

Mientras tanto, la granada sigue siendo una fruta de temporada que puede incorporarse a una alimentación variada. Fresca, en sus característicos granos, o en forma de zumo, aporta polifenoles y otros nutrientes. La diferencia está en que el zumo concentra la fruta y, dependiendo de cómo se consuma, puede aportar también una cantidad considerable de azúcares naturales y menos fibra que la fruta entera.

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