¿Te cuesta seguir una conversación cuando hay varias personas hablando? ¿Subes cada vez más el volumen de la televisión? ¿Pides a menudo que te repitan lo que acaban de decir? Aunque tendemos a asociar estos problemas con el envejecimiento, la pérdida auditiva puede aparecer mucho antes.Según estimaciones internacionales citadas por ...
¿Te cuesta seguir una conversación cuando hay varias personas hablando? ¿Subes cada vez más el volumen de la televisión? ¿Pides a menudo que te repitan lo que acaban de decir? Aunque tendemos a asociar estos problemas con el envejecimiento, la pérdida auditiva puede aparecer mucho antes.
Según estimaciones internacionales citadas por el Dr. Carlos Saga, otorrinolaringólogo de Policlínica Gipuzkoa, alrededor de una de cada cinco personas presenta algún grado de pérdida auditiva, mientras que aproximadamente un 5% tiene una discapacidad auditiva significativa.
Y hay un factor que preocupa especialmente a los especialistas: cada vez se detectan más problemas auditivos entre personas jóvenes.
La exposición prolongada a niveles elevados de ruido es uno de los factores que pueden dañar progresivamente el oído interno. Y los auriculares se han convertido en una fuente habitual de exposición sonora.
El problema no es utilizarlos, sino hacerlo durante mucho tiempo y a un volumen excesivamente alto. Además, algunas personas aumentan todavía más el sonido cuando están en el transporte público, en la calle o en lugares ruidosos para poder escuchar correctamente.
Los auriculares o dispositivos con mejor aislamiento y cancelación activa de ruido pueden ayudar a escuchar a un volumen más bajo al reducir la necesidad de competir con el sonido ambiental.
Por eso, una de las recomendaciones más sencillas es prestar atención al volumen y al tiempo de exposición. Si después de escuchar música notas pitidos, sensación de oído taponado o dificultad para percibir determinados sonidos, conviene no ignorarlo.
Uno de los grandes avances de la audiología está relacionado precisamente con el diagnóstico. Las pruebas auditivas de estado estable permiten estudiar la capacidad auditiva mediante estímulos sonoros y respuestas neurofisiológicas, sin depender de que el paciente tenga que responder verbalmente.
Esto resulta especialmente útil en bebés y niños pequeños, que todavía no pueden explicar qué oyen o si tienen dificultades para escuchar. En el caso de la sordera infantil, detectar el problema pronto es especialmente importante porque la audición interviene en el desarrollo de las vías auditivas y de las áreas cerebrales relacionadas con el lenguaje.
La estrategia que se está impulsando internacionalmente busca identificar la pérdida auditiva durante el primer mes de vida, confirmarla durante el segundo y comenzar el tratamiento o la amplificación antes del tercero.
Los audífonos también están viviendo su propia revolución tecnológica. Uno de los grandes desafíos sigue siendo algo tan cotidiano como intentar mantener una conversación en un restaurante lleno de gente. Para una persona con pérdida auditiva, distinguir la voz de quien tiene delante entre decenas de sonidos puede resultar especialmente complicado. Y aquí es donde la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta importante.
Los nuevos sistemas buscan identificar las voces relevantes y reducir determinados sonidos de fondo, como otras conversaciones, el tráfico o el ruido de maquinaria. Algunos dispositivos pueden incluso adaptar automáticamente sus ajustes dependiendo del entorno en el que se encuentra el usuario y de sus hábitos de escucha.
El objetivo es que el audífono no se limite a amplificar todo lo que ocurre alrededor, sino que sea capaz de ayudar al cerebro a centrarse en aquello que realmente interesa escuchar.
Otra de las líneas que está despertando interés es la terapia génica. Ya existen investigaciones y tratamientos experimentales dirigidos a determinados tipos de hipoacusia hereditaria, con el objetivo de introducir en las células del oído interno genes que permitan recuperar la producción de proteínas necesarias para su funcionamiento.
Eso sí, se trata de un campo todavía muy específico. Estas terapias están dirigidas a determinados tipos de sordera genética y, en algunos casos, requieren intervenir a edades muy tempranas. No son una solución general para la pérdida auditiva.