Los datos ayudan a dimensionar esa sobrecarga. Según la Encuesta CARE (Eurofound / Instituto de las Mujeres), realizada sobre más de 65.000 personas en la Unión Europea, el 56% de las mujeres en España dedica más de 35 horas semanales al cuidado infantil intensivo, frente al 29% de los hombres. ...
Los datos ayudan a dimensionar esa sobrecarga. Según la Encuesta CARE (Eurofound / Instituto de las Mujeres), realizada sobre más de 65.000 personas en la Unión Europea, el 56% de las mujeres en España dedica más de 35 horas semanales al cuidado infantil intensivo, frente al 29% de los hombres. La Encuesta de Población Activa del INE de 2025 confirma la tendencia: el 8,9% de las mujeres reduce su jornada laboral por motivos de cuidado, frente a apenas el 0,9% de los hombres.
La psiquiatría respalda esta idea desde otro ángulo. El psiquiatra y psicoanalista Grant Hilary Brenner ha descrito este fenómeno como una "ceguera aprendida": patrones incorporados en la primera infancia, gestos, tono de voz, reacciones automáticas, que operan fuera de la conciencia y reaparecen, sobre todo, bajo estrés. Según este enfoque, salir de ese guión no depende de la fuerza de voluntad, sino de desarrollar lo que se conoce como funcionamiento reflexivo parental: la capacidad de sostener, al mismo tiempo, la propia experiencia interna y la del hijo, incluso en los momentos de mayor cansancio.
La herencia que no se elige
Para Laura Gutman, terapeuta e investigadora argentina de la conducta humana y creadora de la metodología Biografía Humana, gran parte de lo que se repite en la crianza no es una decisión consciente. "Creo que no es un tema de buena voluntad sino de conciencia, que son dos cosas que no tienen nada que ver. Puedo tener la voluntad de criar bien y ponerle garra, pero no alcanza", ha explicado Gutman.
Tres señales de que se está criando desde la herida
Reaccionar de forma desproporcionada ante situaciones cotidianas del hijo, como un llanto o un "no quiero".
Escucharse a uno mismo repetir frases o gestos que juró no repetir.
Sentirse desbordado ante la frustración del hijo, en lugar de poder acompañarla con calma.