Hay un momento, normalmente a finales de septiembre, en que el cepillo empieza a decir cosas. Recoges el pelo después de peinarte y la bola es más grande de lo habitual, en la ducha tienes que retirar mechones del desagüe con más frecuencia y en el abrigo oscuro aparecen hebras ...
Hay un momento, normalmente a finales de septiembre, en que el cepillo empieza a decir cosas. Recoges el pelo después de peinarte y la bola es más grande de lo habitual, en la ducha tienes que retirar mechones del desagüe con más frecuencia y en el abrigo oscuro aparecen hebras que antes no estaban. La primera reacción suele ser de alarma, y es comprensible, porque el pelo forma parte de cómo nos reconocemos en el espejo. Pero antes de correr a comprar el primer champú anticaída que prometa milagros conviene entender qué está pasando, porque la mayor parte de las veces la explicación es mucho más tranquilizadora de lo que parece.
El cabello no crece de forma continua, sino por ciclos. Cada folículo pasa por una fase de crecimiento que dura años, una breve fase de transición y una fase de reposo al final de la cual el pelo se desprende para dejar paso a uno nuevo. Se ha observado que en verano un porcentaje mayor de folículos entra en reposo, posiblemente como protección frente al sol, y ese pelo acaba cayendo unas semanas o meses después, justo cuando llega el otoño. A esto se suma el desgaste acumulado de los meses de calor: sol, cloro, salitre, recogidos apretados, más lavados y horarios desordenados. El resultado es una muda estacional que puede durar entre seis y ocho semanas y que, aunque impresiona, no significa que vayas a perder densidad de forma permanente. Perder entre 50 y 100 cabellos al día se considera normal, y en estas semanas la cifra puede ser algo mayor.
La muda de otoño tiene un patrón reconocible: es difusa, afecta a todo el cuero cabelludo por igual y remite sola. Hay otras situaciones en las que merece la pena pedir cita con la dermatóloga o con tu médica de cabecera, y conviene tenerlas claras:
La caída se prolonga más de tres meses o va a más en lugar de estabilizarse.
Notas zonas concretas con menos pelo, calvas redondeadas o una raya cada vez más ancha.
Hay picor, descamación intensa, dolor o rojez en el cuero cabelludo.
Coincide con cansancio persistente, cambios en la regla, una dieta muy restrictiva reciente o una etapa de estrés fuerte.
En estos casos puede haber detrás un déficit de hierro, un problema de tiroides, cambios hormonales propios de la perimenopausia o una caída reactiva tras un periodo difícil, y todo eso tiene tratamiento cuando se identifica a tiempo. Una analítica sencilla suele despejar muchas dudas.
Lo primero es tratar el pelo con más suavidad de la habitual. Desenreda de puntas a raíz con un peine de púas anchas, sobre todo con el pelo mojado, que es cuando más se rompe. Afloja coletas y moños, y alterna la altura del recogido para no tensar siempre la misma zona. Si usas plancha o secador a diario, baja la temperatura y aplica un protector térmico: el objetivo es no sumar rotura a la caída natural. En el lavado, un champú suave y un masaje de uno o dos minutos con las yemas de los dedos ayudan a activar la circulación del cuero cabelludo sin agredirlo. Las lociones con cafeína o romero pueden ser un buen complemento si eres constante, pero no sustituyen lo básico.
La alimentación tiene más peso del que pensamos. Para el organismo, el pelo es un tejido prescindible, y cuando faltan nutrientes es de lo primero que se resiente. Asegura proteína suficiente en cada comida, hierro de legumbres, carnes o pescados acompañado de vitamina C para absorberlo mejor, y frutos secos que aporten zinc y grasas de calidad. Los suplementos capilares solo tienen sentido si hay una carencia real; tomarlos a ciegas no acelera nada.
Quizá lo más difícil de la caída estacional es aceptar que el resultado de lo que hagas hoy se verá dentro de unos meses. El pelo crece alrededor de un centímetro al mes, así que esos cabellos cortos y nuevos que aparecen en la línea frontal durante el invierno son la mejor prueba de que el ciclo se ha renovado. Si observas la caída sin dramatizarla, cuidas la fibra con gestos suaves y vigilas las señales que sí merecen consulta, pasarás estas semanas con mucha más calma y llegarás a la primavera con una melena más fuerte.