Cuando pensamos en los juguetes de nuestra infancia, probablemente recordemos mucho más que objetos. Un juego de construcción, una pizarra, un libro interactivo, un laboratorio de juguete o incluso aquel juego al que dedicábamos horas pueden estar ligados a nuestras primeras curiosidades. ¿Qué pasaría si aquellas experiencias hubieran tenido más ...
Cuando pensamos en los juguetes de nuestra infancia, probablemente recordemos mucho más que objetos. Un juego de construcción, una pizarra, un libro interactivo, un laboratorio de juguete o incluso aquel juego al que dedicábamos horas pueden estar ligados a nuestras primeras curiosidades. ¿Qué pasaría si aquellas experiencias hubieran tenido más peso del que imaginábamos?
Según un estudio realizado por VTech con motivo de su 50 aniversario, el 60,8% de los españoles considera que haber tenido más juguetes educativos durante su infancia habría podido despertar una mayor curiosidad por determinadas materias. Además, el 52,2% cree que este tipo de juguetes le habría ayudado a descubrir nuevos intereses y el 47,2% piensa que habría favorecido el desarrollo de nuevas habilidades.
Datos que invitan a mirar de otra manera la habitación de los niños. Porque, aunque elegir un juguete pueda parecer una decisión cotidiana, para muchas familias también supone preguntarse qué tipo de experiencias quieren ofrecer a sus hijos.
El estudio apunta a una percepción cada vez más extendida entre los padres y madres: el valor de un juguete no está únicamente en las horas de diversión que proporciona, sino también en las oportunidades que abre para aprender.
De hecho, el 87,2% de los españoles considera importante que los juguetes tengan un componente educativo, mientras que ocho de cada diez aseguran que el contenido educativo influye de manera determinante cuando compran un juguete.
Y hay otro dato especialmente significativo: el 86,8% cree que los aprendizajes adquiridos jugando se recuerdan mejor que los obtenidos mediante otras actividades.
La explicación tiene sentido desde el punto de vista del desarrollo infantil. Cuando un niño juega, prueba, se equivoca, vuelve a intentarlo, toma decisiones y plantea sus propias preguntas. No necesita sentir que está "estudiando" para estar aprendiendo.
Como explica Nerea Riveiro, psicopedagoga infantojuvenil y colaboradora de VTech, el juego permite a los niños explorar el mundo, desarrollar habilidades cognitivas, utilizar la imaginación y aprender a relacionarse con los demás. En su opinión, más que preguntarnos qué juguete utiliza un niño, resulta interesante fijarnos en qué posibilidades de aprendizaje le ofrece ese juguete.
La relación entre infancia y tecnología es uno de los grandes quebraderos de cabeza de las familias actuales. ¿Cuándo introducirla? ¿Qué contenidos son adecuados? ¿Es mejor evitar las pantallas o pueden tener también una función educativa?
Según el estudio, el 60,8% de los españoles considera que la mejor forma de acercar a los niños a la tecnología es mediante juguetes o dispositivos educativos específicamente diseñados para su edad.
Entre los padres, además, el 67,1% considera que, cuando los niños utilizan pantallas, las propuestas que combinan juego, interacción y aprendizaje pueden aportar un mayor valor.
La clave, en cualquier caso, está en el equilibrio. El uso de dispositivos durante la infancia debe adaptarse a la edad y realizarse de forma responsable, sin desplazar otras experiencias fundamentales como el juego libre, la actividad física, la lectura o el tiempo compartido en familia.
La curiosidad por la ciencia y la tecnología también parece empezar mucho antes de lo que pensamos. El 79% de los españoles considera importante o muy importante que los niños se familiaricen desde pequeños con habilidades relacionadas con la ciencia y la tecnología, mientras que más de la mitad recomendaría juguetes STEM siempre o casi siempre.
No significa que un juguete vaya a determinar que un niño termine siendo ingeniero, científico o programador. Pero sí puede convertirse en una primera puerta de entrada a una materia que le despierte curiosidad.
Y quizá ahí esté la verdadera importancia del juego educativo: no en anticipar qué será un niño cuando sea adulto, sino en darle oportunidades para descubrir qué le interesa hoy.
Con motivo de sus 50 años, VTech reivindica precisamente esta idea: que el aprendizaje puede formar parte del juego de una manera natural y divertida. Desde el lenguaje y la creatividad hasta la lógica, la ciencia o la tecnología, diferentes propuestas pueden acompañar a los niños durante las distintas etapas de su desarrollo.
Porque, al final, no se trata de llenar la habitación infantil de juguetes "educativos". Se trata de ofrecer experiencias variadas, adecuadas a cada edad y capaces de alimentar esa curiosidad que aparece constantemente durante los primeros años.