Una avería inesperada, una factura médica, el material escolar de los niños o unos meses complicados pueden hacer que aquello que parecía un gasto menor termine desajustando todo el presupuesto familiar. Por eso, guardar algo de dinero cada mes se ha convertido para muchas personas en una forma de buscar ...
Una avería inesperada, una factura médica, el material escolar de los niños o unos meses complicados pueden hacer que aquello que parecía un gasto menor termine desajustando todo el presupuesto familiar. Por eso, guardar algo de dinero cada mes se ha convertido para muchas personas en una forma de buscar tranquilidad.
Según un estudio elaborado para Mapfre, siete de cada diez españoles aseguran que ahorran habitualmente. Pero detrás de este dato hay una realidad mucho más compleja: no todas las personas pueden hacerlo de la misma manera y, para muchas familias, conseguir reservar dinero sigue siendo un auténtico reto.
De hecho, entre quienes no consiguen ahorrar existe una idea bastante clara: no es que no quieran hacerlo, sino que sencillamente no pueden. Los ingresos insuficientes, la dificultad para llegar a fin de mes y el aumento del coste de la vida aparecen entre los principales motivos.
Y hay un dato especialmente revelador: muchas de estas personas sí habían conseguido ahorrar en algún momento de su vida. Es decir, la capacidad de guardar dinero puede cambiar según la etapa vital.
La maternidad y la paternidad son precisamente una de esas etapas en las que la economía familiar puede transformarse por completo. A los gastos habituales se suman pañales, ropa, guardería, colegio, actividades extraescolares, vacaciones o simplemente ese largo etcétera de pequeños gastos que aparecen cuando hay niños en casa.
Ahorrar para una familia no significa necesariamente pensar en grandes inversiones. Para muchas personas, el primer objetivo es mucho más sencillo: disponer de un fondo para afrontar un imprevisto sin que suponga un problema.
Según el estudio, el fondo de emergencia es precisamente uno de los principales destinos del dinero que consiguen guardar los españoles. Otros objetivos habituales son comprar una vivienda, preparar la jubilación o financiar algún proyecto personal, como un viaje.
Uno de los aspectos más interesantes del informe es la relación entre educación financiera y capacidad de ahorro. Las personas que tienen unos conocimientos básicos sobre cómo organizar su dinero presentan una mayor facilidad para ahorrar que quienes reconocen no tener ninguna formación en este ámbito.
La buena noticia es que no parece necesario convertirse en un experto en economía para empezar. Entender cuánto entra en casa, cuánto sale, qué gastos son imprescindibles y qué cantidad podemos reservar cada mes ya es un gran paso.
Y quizá ese aprendizaje debería empezar también en casa. Hablar con los niños sobre el valor de las cosas, enseñarles a diferenciar entre necesitar y querer o acostumbrarles a guardar una pequeña cantidad de su paga puede convertirse en una primera aproximación a la educación financiera.
Otro de los mensajes que se desprenden del estudio es que ahorrar no siempre significa seguir un plan impecable. De hecho, solo una parte de quienes guardan dinero lo hace de manera sistemática, por ejemplo, separando automáticamente una cantidad al principio de cada mes.
Para algunas familias será posible reservar una cantidad considerable. Para otras, serán 20, 30 o 50 euros. Lo importante es que el hábito se adapte a la realidad de cada hogar y no se convierta en una fuente más de presión.
También existen diferencias entre generaciones. Los más jóvenes muestran una importante voluntad de ahorrar, aunque suelen tener menos margen económico. A medida que aumenta la edad, adquieren más peso objetivos como la jubilación y productos financieros destinados a complementar los ingresos futuros.
El estudio también señala diferencias entre hombres y mujeres y entre quienes viven en entornos urbanos y rurales, lo que demuestra que no existe una única forma de relacionarse con el dinero.
Quizá uno de los cambios más importantes sea entender el ahorro no como una obligación, sino como una herramienta para ganar libertad y tranquilidad. ¡o se trata de renunciar a todo lo que nos gusta ni de convertir cada decisión familiar en una cuestión económica. Se trata de intentar que el dinero reservado pueda servirnos cuando realmente lo necesitemos.