Después de más de un mes de vuelta a la normalidad, es cierto que hay una parte de la vuelta a la rutina de la que se habla poco: el cuerpo también necesita readaptarse. Después de semanas con horarios diferentes, más movimiento y menos tiempo frente al ordenador, regresar de ...
Después de más de un mes de vuelta a la normalidad, es cierto que hay una parte de la vuelta a la rutina de la que se habla poco: el cuerpo también necesita readaptarse. Después de semanas con horarios diferentes, más movimiento y menos tiempo frente al ordenador, regresar de repente a jornadas de teclado y ratón puede pasar factura a algunas zonas especialmente sensibles, como las manos y las muñecas.
Es posible que estas primeras semanas de vuelta al trabajo aparezca esa sensación de cansancio al final de la jornada, cierta rigidez o incluso molestias que antes no estaban. Para el Dr. Samuel Pajares, traumatólogo de Policlínica Gipuzkoa, el motivo está en el cambio brusco de actividad: pasar del descanso a realizar durante muchas horas movimientos repetitivos puede provocar una sobrecarga de los tendones de la mano y la muñeca.
Y no solo hay que mirar al ordenador. El móvil también obliga a repetir determinados movimientos de dedos y manos durante largos periodos, mientras que mantener una postura incorrecta durante horas puede aumentar la tensión sobre articulaciones, tendones y estructuras nerviosas.
Entre las molestias más habituales relacionadas con el trabajo prolongado frente a una pantalla están las tendinitis y las tenosinovitis, pero también el conocido síndrome del túnel carpiano. Este último aparece cuando existe una compresión del nervio mediano a su paso por la muñeca y puede provocar síntomas como hormigueo, adormecimiento, dolor o pérdida de fuerza.
No significa que cualquier molestia después de un día de ordenador sea necesariamente una lesión. Sin embargo, hay señales que conviene no normalizar. Dolor persistente, cansancio excesivo en las manos, calambres, sensación de adormecimiento u hormigueo o pérdida de fuerza son algunos de los síntomas a los que recomienda prestar atención el especialista.
Una de las medidas más sencillas para cuidar las manos durante la jornada laboral es también una de las que más fácilmente olvidamos: levantarnos y hacer pequeñas pausas. Cuando estamos concentrados delante de una pantalla podemos pasar horas sin cambiar prácticamente de postura. Por eso, el Dr. Pajares recomienda realizar descansos periódicos, aproximadamente cada media hora o cada hora, para relajar la musculatura y hacer pequeños estiramientos.
No hace falta convertir la oficina en un gimnasio. Mover suavemente los dedos, estirar las muñecas y los antebrazos o simplemente levantarse unos minutos puede ayudar a romper la repetición constante de movimientos. La idea es sencilla: no esperar a que aparezca el dolor para hacer una pausa.
En los últimos años han aparecido multitud de accesorios pensados para hacer más cómoda la jornada de trabajo: ratones verticales, reposamuñecas, teclados ergonómicos... Según el especialista, estos dispositivos pueden ayudar porque permiten colocar la mano y la muñeca en posiciones más naturales y reducir determinadas tensiones durante el uso prolongado.
Pero ningún accesorio sustituye a una buena configuración del puesto de trabajo. La altura de la silla, la posición del teclado y el ratón, la colocación de la pantalla y la postura general también influyen. El objetivo es evitar mantener durante horas posiciones forzadas que terminen sobrecargando las articulaciones y los tendones.
Una de las principales recomendaciones de los especialistas es no asumir que tener dolor de manos o muñecas es simplemente "lo que toca" por trabajar con ordenador. Si las molestias persisten, aparecen hormigueos frecuentes, existe pérdida de fuerza o el dolor empieza a interferir con actividades cotidianas, lo recomendable es consultar con un profesional sanitario para determinar cuál es la causa.
Cuando existe una lesión, el tratamiento dependerá de cada caso. Puede incluir medidas como reposo relativo, fisioterapia o una muñequera y, en determinadas situaciones, otros tratamientos. Cuando las opciones conservadoras no funcionan y el problema continúa, también existen procedimientos quirúrgicos mínimamente invasivos.
Pero antes de llegar ahí, hay algo que está al alcance de casi cualquiera: escuchar al cuerpo. Hacer pequeñas pausas, cuidar la postura y prestar atención a las primeras señales de las manos puede ser una manera sencilla de evitar que unas molestias aparentemente pequeñas terminen acompañándonos durante meses.