Al intestino también le afecta el estrés. Un experto nos cuenta cómo regular el eje-intestino cerebro en épocas de malestar emocional 

María Robert 

El farmacéutico Julián Láinez explica a EsVivir cómo se relacionan el cerebro y el sistema digestivo y qué hábitos pueden ayudar a mantener el bienestar intestinal. Los probióticos pueden ser un apoyo, pero no todos sirven para lo mismo 

12/10/2026

Cuando estamos nerviosos, atravesamos una época de más estrés o dormimos peor, es bastante habitual que el sistema digestivo lo note. "El cerebro y el sistema digestivo están en constante comunicación bidireccional", explica a EsVivir Julián Láinez, farmacéutico y colaborador de Normon. Esto significa que lo que ocurre a nivel ...

Cuando estamos nerviosos, atravesamos una época de más estrés o dormimos peor, es bastante habitual que el sistema digestivo lo note. "El cerebro y el sistema digestivo están en constante comunicación bidireccional", explica a EsVivir Julián Láinez, farmacéutico y colaborador de Normon. Esto significa que lo que ocurre a nivel emocional puede influir en el funcionamiento digestivo, pero la relación funciona en los dos sentidos: las propias molestias digestivas pueden acabar afectando a cómo nos sentimos.

El conocido como eje intestino-cerebro ayuda a entender por qué en épocas de estrés, preocupación o falta de descanso pueden aparecer cambios en el tránsito intestinal, gases o sensación de hinchazón. No se trata, por tanto, de separar lo digestivo de lo emocional, sino de entender que ambos sistemas están conectados y se influyen mutuamente.

La base está en cuatro hábitos 

"Yo empezaría por lo más básico, porque muchas veces ahí está la respuesta. Antes de pensar en tomar algo, revisaría cómo han cambiado nuestros horarios, cómo estamos comiendo, cuánto estamos bebiendo, si estamos durmiendo bien y cuánto nos estamos moviendo", explica el experto.

En el caso del estreñimiento, es importante tener en cuenta la cantidad de fibra y líquidos que se están tomando, a la actividad física y a algo tan sencillo como comprobar si han aumentado o disminuido las deposiciones. Cuando lo que aparece son gases o hinchazón, "además de revisar qué estamos comiendo, me fijaría en cómo estamos comiendo: si lo hacemos con tiempo, si masticamos adecuadamente. Estos hábitos pueden influir en las molestias digestivas", sostiene Láinez. 

En cualquier caso, alimentación, hidratación, descanso y ejercicio forman, para el farmacéutico, la base sobre la que debería asentarse el cuidado digestivo. "La alimentación debería ser variada y equilibrada, adaptada a las necesidades de cada persona. Y si hablamos, por ejemplo, de estreñimiento, una alimentación con suficiente fibra puede ayudar a mejorar el tránsito intestinal".

La hidratación adquiere especial importancia cuando se incrementa la fibra. "Necesitamos acompañarla de una ingesta adecuada de líquidos. No se trata de obsesionarse con beber una cantidad exacta, sino de mantener una hidratación adecuada a nuestras necesidades". El ejercicio puede contribuir a mejorar el tránsito intestinal, mientras que mantener unos horarios de sueño razonablemente regulares y dormir lo suficiente forma parte de ese mismo cuidado.

"Por eso, si tuviera que resumirlo en una palabra, sería `regularidad'. No necesitamos hacerlo todo perfecto; necesitamos recuperar poco a poco unos hábitos que podamos mantener durante todo el año", resume Láinez.

No hay alimentos buenos o malos  

La solución no es eliminar alimentos, advierte el boticario, "tendría cuidado con hacer una lista de `buenos' y `malos', porque la tolerancia digestiva es bastante individual". Además, las bebidas carbonatadas pueden favorecer los gases y algunas personas pueden notar más molestias después de consumir legumbres, determinadas verduras, ciertas frutas o algunos productos lácteos. Eso no significa que deban desaparecer de la dieta de forma generalizada, sino que "sus efectos pueden variar de una persona a otra".

Para el estreñimiento, la recomendación vuelve a sustentarse en el conjunto de hábitos relacionados con la hidratación, el movimiento y la fibra. El farmacéutico desaconseja eliminar alimentos de forma generalizada y sin supervisión profesional. Si una comida concreta provoca molestias de manera puntual, propone observar qué se ha comido y cómo se ha encontrado después la persona.

"Lo interesante es buscar un patrón, no convertir cada molestia en una prohibición", indica. Cuando un alimento provoca molestias de manera repetida, sí puede ser útil comentarlo con un profesional sanitario para valorar qué está ocurriendo.

El papel de los probióticos

En este contexto, "los probióticos pueden ayudar a mantener o recuperar determinados aspectos del equilibrio de nuestra microbiota intestinal y, dependiendo de la cepa, pueden ser útiles para situaciones digestivas concretas", explica Láinez.

Con lo cual, "no hablamos de un efecto general que tengan todos los probióticos, sino de beneficios que se han estudiado para cepas y situaciones determinadas", aclara el colaborador de Normon. Como ejemplo, existen cepas con funciones concretas, como ayudar a reducir el riesgo de diarrea asociada a los antibióticos.

A la hora de elegir uno, la primera pregunta que el farmacéutico plantea en la farmacia es muy sencilla: "¿Para qué lo quiere?". El objetivo permite determinar qué composición puede encajar mejor, ya que "la cepa y el objetivo son fundamentales, porque no todos los probióticos funcionan para lo mismo".

Otro de los elementos que aparece en el etiquetado son las UFC o unidades formadoras de colonias, que indican la cantidad de microorganismos viables que aporta el producto. Una cifra más elevada no implica necesariamente un mayor beneficio. "La cantidad adecuada va a depender de la cepa y del objetivo que se busque".

Hay otro aspecto que considera fundamental: que las cepas se mantengan vivas durante toda la vida útil del producto. Con el paso del tiempo, algunos microorganismos pueden perder viabilidad, de modo que la cantidad de microorganismos vivos disponibles en el momento del consumo podría ser menor.

La composición completa del producto puede aportar más información, aunque Láinez insiste en que no se trata de buscar simplemente el que tenga más ingredientes o más UFC. "Más que buscar el que tenga más UFC o más ingredientes, se trata de encontrar el que mejor encaje con lo que necesitamos".

Utilizarlos bien es también importante 

Uno de los errores más habituales consiste en pensar que, por tratarse de un complemento alimenticio, puede tomarse de cualquier manera o durante el tiempo que se quiera. "A veces incluso se espera que todos actúen en el mismo tiempo. Y es que, como venimos diciendo, son diferentes, por lo que pueden actuar de forma diferente dependiendo de la situación y de la cepa utilizada".

De ahí la importancia de seguir las indicaciones de uso y mantener la constancia cuando así se indique, prestando atención a la dosis y a las condiciones de conservación, especialmente porque se trata de microorganismos vivos.

"La experiencia de otra persona no siempre se puede trasladar a nuestro caso", advierte. Ante las dudas sobre cómo utilizar un producto o durante cuánto tiempo, el farmacéutico puede ayudar a conocer mejor sus características y orientar sobre su uso.

Tampoco existe un periodo de utilización que sirva para todos los probióticos. "Depende de la cepa, del objetivo y de las indicaciones del producto", por lo que el tiempo de uso puede variar según la situación y el producto.

Además, "si las molestias son intensas, persistentes, recurrentes o aparecen síntomas que nos preocupan, lo adecuado es consultar con un profesional sanitario para valorar qué puede estar ocurriendo", subraya el experto.

La farmacia puede orientar ante situaciones leves y puntuales y detectar cuándo una molestia necesita una valoración más completa. En cualquier caso, "un probiótico puede ser un complemento, pero no debe retrasar la consulta cuando realmente hace falta".

Para cuidar la salud digestiva a largo plazo, Láinez lo resume en tres palabras: "regularidad, movimiento y una alimentación equilibrada". Mantener unos horarios relativamente regulares para comer y dormir, moverse cada día (sin necesidad de hacer deporte intenso) y cuidar lo que comemos y bebemos, con suficiente fibra y una buena hidratación, forman parte de esa rutina.

"La salud digestiva se cuida mucho más con pequeños hábitos mantenidos en el tiempo que con soluciones puntuales", concluye.


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