Querer tener hijos y poder hacerlo cuando llega el momento no siempre van de la mano. Casi un 35% de las mujeres de entre 18 y 55 años que ya han sido madres reconoce haber tenido menos hijos de los que deseaba. Es uno de los datos que deja el ...
Querer tener hijos y poder hacerlo cuando llega el momento no siempre van de la mano. Casi un 35% de las mujeres de entre 18 y 55 años que ya han sido madres reconoce haber tenido menos hijos de los que deseaba. Es uno de los datos que deja el avance de la Encuesta de Fecundidad 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE) y que vuelve a poner el foco sobre una cuestión cada vez más presente: qué ocurre cuando el deseo de maternidad se retrasa y las circunstancias biológicas no acompañan los tiempos vitales.
Según los datos del INE, el 34,8% de las mujeres que ya han tenido hijos asegura haber tenido menos de los que quería. Al mismo tiempo, el 69% de las mujeres afirmaba en 2025 que quería tener al menos dos hijos. La distancia entre ambas cifras refleja cómo las circunstancias personales pueden acabar modificando el proyecto familiar inicialmente previsto.
Las razones cambian en función de la edad. A partir de los 35 años, las mujeres señalan principalmente las circunstancias laborales, las dificultades para conciliar y los motivos económicos como obstáculos para alcanzar el número de hijos deseado. Entre las menores de 35 años, en cambio, el motivo más habitual es que todavía esperan tener más hijos.
Para la doctora Alejandra Aguilar, de Equipo Juana Crespo, estos datos deberían servir también para ampliar la conversación sobre salud reproductiva. "No se trata de decirle a una mujer cuándo debe ser madre, sino de que conozca cómo funciona su fertilidad para que pueda tomar sus decisiones con toda la información", explica.
La edad es uno de los elementos que pueden influir en las posibilidades reproductivas, pero no es el único. La reserva ovárica, determinadas patologías ginecológicas y otros factores individuales también pueden tener un papel relevante. Por eso, desde el centro defienden la importancia de incorporar la fertilidad a la planificación de la salud de la mujer y no esperar necesariamente a que aparezcan problemas para empezar a hablar de ella.
La propia Encuesta de Fecundidad muestra hasta qué punto los tratamientos de reproducción asistida forman ya parte de la realidad reproductiva de muchas mujeres. El 6% de las mujeres de entre 18 y 55 años afirma haberse sometido alguna vez a un tratamiento de reproducción asistida, un porcentaje que ha aumentado un 11,9% respecto a 2018.
La cifra es todavía mayor entre las mujeres de 40 a 44 años, donde alcanza el 9,6%. Un dato que vuelve a poner sobre la mesa la importancia del factor edad cuando se busca un embarazo.
Desde Equipo Juana Crespo consideran que la conversación sobre fertilidad debería comenzar antes de que aparezcan las dificultades. Conocer el estado de la salud reproductiva, consultar ante determinados síntomas o patologías y valorar las alternativas disponibles son algunas de las vías que pueden ayudar a tomar decisiones de forma más consciente.
Entre las opciones de planificación reproductiva se encuentra la preservación de la fertilidad mediante la congelación de óvulos. Una alternativa que cada vez conocen más mujeres, aunque desde el centro advierten de que la edad a la que se recurre a ella continúa siendo un factor determinante.
Actualmente, la edad media con la que las españolas acuden a una clínica para congelar sus óvulos se sitúa en torno a los 37 años. Sin embargo, desde Equipo Juana Crespo apuntan que el momento considerado más favorable sería antes, aproximadamente entre los 32 y los 35 años.
"En esa franja de edad, con un solo ciclo se pueden obtener entre 10 y 15 óvulos de excelente calidad, lo que nos permite ofrecer —con nuestras tasas de embarazo auditadas— un porcentaje de embarazo evolutivo muy elevado y prácticamente garantiza tener embriones de calidad para más de un embarazo", señala la doctora Aguilar.
La preservación de la fertilidad no significa, en cualquier caso, garantizar una maternidad futura. Su objetivo es conservar óvulos en unas condiciones determinadas para ofrecer una alternativa reproductiva posterior, teniendo en cuenta que las posibilidades dependen de factores como la edad en el momento de la preservación y el número y calidad de los óvulos obtenidos.
Los resultados definitivos de la Encuesta de Fecundidad 2025 no se conocerán hasta diciembre de 2026, pero este primer avance ya plantea una cuestión de fondo: ¿cuánto del descenso de la natalidad responde a una decisión personal y cuánto está condicionado por factores laborales, económicos, sociales o biológicos?
En este contexto, hablar de fertilidad antes de empezar a buscar un embarazo puede convertirse en una herramienta más dentro de la planificación personal. No para establecer cuándo debe ser madre una mujer, sino para que conozca sus opciones y pueda tomar decisiones sobre su futuro reproductivo con mayor información.