'Magda', la obra que lleva a escena la historia de la mujer que mató a sus seis hijos en el búnker nazi 

María Robert

El Teatro María Guerrero acoge un montaje que reconstruye las últimas horas de Magda Goebbels, la mujer del ministro de Propaganda de Hitler

16/10/2026

El mundo que había dado sentido a su vida se estaba desmoronando. Berlín estaba cercada; Adolf Hitler acababa de suicidarse en su búnker un día antes y la caída definitiva de la Alemania nazi era solo cuestión de horas. Para Magda Goebbels no se trataba únicamente del final de una guerra ...

El mundo que había dado sentido a su vida se estaba desmoronando. Berlín estaba cercada; Adolf Hitler acababa de suicidarse en su búnker un día antes y la caída definitiva de la Alemania nazi era solo cuestión de horas. Para Magda Goebbels no se trataba únicamente del final de una guerra o de un régimen. Suponía el final de todo aquello en lo que había creído.

En aquel búnker de Berlín estaban también sus seis hijos: Helga, Hilde, Helmut, Holde, Hedda y Heide. Tenían entre 4 y 12 años. Magda había decidido que no vivirían en un mundo donde el nazismo no tendría cabida. El 1 de mayo de 1945, ella y su marido, Joseph Goebbels acabaron con la vida de los niños antes de suicidarse.

Un crimen tan atroz resulta imposible de comprender desde fuera. Y ese es el punto de partida de `Magda', la obra escrita y dirigida por Chela De Ferrari que podrá verse en el Teatro María Guerrero del 13 de noviembre al 27 de diciembre. Aunque el montaje no intenta comprender la motivación de la esposa del ministro de Propaganda nazi, ni mucho menos justificar sus actos. La pregunta que plantea es bastante más incómoda: cómo una persona puede llegar a construir una visión del mundo en la que perpetrar una monstruosidad de semejante calibre termina pareciéndole la única salida.

Un mundo que "no merece ser vivido"

Unos días antes del desenlace, Magda (a quien en la obra da vida María Morales) le hizo llegar una carta a su hijo Harald, nacido de un matrimonio anterior. En ella explicaba su decisión de permanecer en el búnker y de llevar consigo a sus seis hijos. "El mundo que vendrá después del Führer y del nacionalsocialismo no merece que se quiera vivir en él", escribió.

No eran las palabras de una madre temerosa de que las criaturas pagaran por las atrocidades de un régimen en el que su padre jugó un papel protagonista, sino las de una auténtica fanática de Hitler y su Tercer Reich. El derrumbe del nazismo significaba para ella la desaparición de todo lo que consideraba bello, admirable y bueno.

De hecho, la historia resulta todavía más perturbadora porque Magda no presentó la muerte de sus hijos como un castigo, sino como una forma de liberarlos. Su fanatismo había conseguido alterar incluso una idea tan básica como la de proteger a los propios hijos. El mundo exterior era el enemigo y, desde esa lógica cerrada, impedir que los niños vivieran en él podía llegar a parecer un acto de amor.

Es justo esa distorsión la que llamó la atención de la autora y directora. "Me interesa acercarme a Magda no como a un monstruo lejano o incomprensible, sino como a alguien atrapada dentro de una visión única y absoluta del mundo. Una persona movida por el miedo", explica De Ferrari.

¿Puede el miedo justificarlo todo? 

La historia de Magda Goebbels no puede separarse de la maquinaria ideológica a la que entregó su vida. Su marido, Joseph Goebbels, fue ministro de Propaganda y una de las figuras centrales del régimen nazi. Desde ese puesto, contribuyó a difundir mensajes antisemitas y a mantener el apoyo a la guerra incluso cuando la situación militar alemana era cada vez más desfavorable. La propaganda nazi explotó el miedo a la derrota para alimentar el fanatismo y prolongar la resistencia hasta el último momento.

La obra toma esa idea como punto de partida para hablar de algo que trasciende a su protagonista: el proceso por el que el miedo puede convertirse en una explicación para todo. Cuando una persona cree que su mundo está amenazado, que quienes están fuera de él representan un peligro y que no existe una alternativa aceptable, cada vez resulta más sencillo justificar decisiones que, vistas desde fuera, serían impensables.

"¿Qué tipo de miedo o fanatismo puede llevarnos a destruir aquello que amamos?", se plantea la dramaturga. La propia creadora plantea un diálogo entre aquella Europa que se derrumbaba en 1945 y una Europa contemporánea atravesada por crisis y discursos que vuelven a utilizar el miedo y la amenaza del "otro". La intención, explica, es preguntarse cómo una sociedad puede deslizarse hacia esas formas de pensamiento que cuando las leemos en los libros de historia parecen imposibles de que vuelvan a renacer. 

Los hijos de Magda tienen el rostro de los "otros" de hoy 

Pero 'Magda' ha encontrado la manera de trasladar esa reflexión al escenario. Los seis hijos de Magda aparecen representados mediante títeres de apariencia realista. Quienes los manipulan son actores inmigrantes, una elección nada casual. Los cuerpos que dan vida a los niños pertenecen a personas que, dentro de la visión racial y excluyente del nazismo, habrían sido consideradas "el otro".  

Así se juntan en escena una mujer obsesionada con preservar un determinado orden familiar, cultural y racial con aquellos que considera una amenaza. Sus hijos, inocentes frente a la decisión de su madre, se acercan a ella con sus necesidades cotidianas. Solo Helga, la hija mayor, trae sus dudas, temores y las manchas de sangre de su primera menstruación. La obra introduce de esta manera pequeños momentos dentro de una historia marcada por la ideología y la muerte. También aparecen Joseph Goebbels, el doctor Kuntz, una joven criada y hasta un repartidor de Glovo. El presente y el pasado conviven sobre las tablas. 

La directora establece un paralelismo entre aquella Europa que se desmoronaba tras la caída del nazismo y la actual, atravesada por profundas crisis económicas, políticas, sociales y culturales."Vivimos un momento histórico en el que el miedo es instrumentalizado por políticos y movimientos, en particular de extrema derecha, para imponer proyectos autoritarios en el corazón de las democracias que surgieron de las cenizas de la guerra causada por la ideología fascista que defiende Magda", sostiene.

"Magda intenta mirar ese abismo. No para justificar a su protagonista, sino para preguntarse cómo una sociedad puede comenzar a deslizarse, lentamente, hacia formas de pensamiento donde el miedo termina justificándolo todo", argumenta De Ferrari. Una reflexión que lleva hasta la guerra, el exterminio, la venganza política, la mentira sistemática, el fanatismo religioso y la persecución del extranjero, pero también hasta las muertes de niños en Irán, Gaza, Ucrania, Yemen o Sudán. "Tan brutales como la muerte de Helga, Hilde, Helmut, Holde, Hedda y Heidi".


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