Después de hacer ejercicio, nuestro cuerpo sigue regulando su temperatura y puede continuar sudando durante un tiempo. Aplicar inmediatamente un desodorante antitranspirante sobre la piel húmeda no siempre es la mejor opción. Para obtener buenos resultados y cuidar las axilas, conviene seguir unos pasos sencillos relacionados con la limpieza, el ...
Después de hacer ejercicio, nuestro cuerpo sigue regulando su temperatura y puede continuar sudando durante un tiempo. Aplicar inmediatamente un desodorante antitranspirante sobre la piel húmeda no siempre es la mejor opción. Para obtener buenos resultados y cuidar las axilas, conviene seguir unos pasos sencillos relacionados con la limpieza, el secado y la aplicación correcta del producto.
Lo primero que debemos hacer después del entrenamiento es dejar que el cuerpo se enfríe. Si aplicamos el producto mientras seguimos sudando intensamente, puede mezclarse con el sudor y distribuirse peor sobre la piel. Esperar unos minutos después del ejercicio permite que la temperatura corporal vaya descendiendo y facilita una aplicación más uniforme.
Además, debemos recordar que un desodorante antitranspirante no cumple exactamente la misma función que un desodorante convencional. Mientras el desodorante se centra principalmente en controlar el mal olor, el antitranspirante ayuda a reducir temporalmente la cantidad de sudor que llega a la superficie de la piel.
El siguiente paso consiste en limpiar bien las axilas. Después de hacer deporte se acumulan sudor, bacterias y restos de productos aplicados anteriormente. Si disponemos de una ducha, podemos lavar la zona con agua y un producto de higiene suave que resulte adecuado para nuestra piel.
Aplicar más antitranspirante directamente encima del sudor no sustituye a una buena higiene corporal. El olor aparece principalmente cuando determinadas bacterias de la piel liberan componentes presentes en el sudor. Por eso, eliminar esos residuos antes de aplicar de nuevo el producto ayuda a mantener una sensación de limpieza y frescor.
Una vez limpias, debemos secar completamente las axilas. Este paso es importante porque los antitranspirantes están diseñados para aplicarse normalmente sobre piel seca. Podemos utilizar una toalla limpia y secar mediante pequeños toques, evitando frotar con demasiada fuerza si tenemos la zona sensible.
La piel húmeda puede hacer que el producto se diluya y dificultar una aplicación uniforme. Además, tras un entrenamiento intenso puede existir cierta irritación provocada por el roce de la ropa, por lo que resulta conveniente tratar la zona con suavidad.
Cuando la piel esté limpia y seca, podemos aplicar una cantidad adecuada de antitranspirante. No necesitamos utilizar una gran cantidad para conseguir mejores resultados. Lo importante es cubrir de manera uniforme la zona siguiendo las instrucciones específicas del formato que estemos utilizando.
También debemos evitar aplicarlo sobre piel lesionada o muy irritada. Si acabamos de afeitarnos y sentimos escozor, enrojecimiento o molestias, puede ser recomendable esperar antes de utilizar determinados productos y comprobar siempre las indicaciones proporcionadas por el fabricante.
Por último, debemos dejar que el producto se seque antes de vestirnos. De esta manera facilitamos que permanezca correctamente sobre la piel y reducimos la posibilidad de que parte del producto termine directamente en la ropa.
Una buena rutina después del deporte combina ducha, secado y aplicación correcta. Si sudamos de manera especialmente intensa, también podemos revisar las instrucciones del producto para saber cuál es el momento de aplicación recomendado. Mantener estos hábitos nos ayudará a controlar mejor la humedad y el olor sin descuidar el bienestar de nuestra piel.