Sofocos, sudores nocturnos, sequedad vaginal o malestar físico suelen ser síntomas frecuentes que acompañan el proceso biológico de la menopausia. Pero este periodo de la vida de la mujer también se caracteriza por cómo impactan los cambios a nivel emocional, con altibajos en el estado de ánimo, insomnio, depresión o ...
Sofocos, sudores nocturnos, sequedad vaginal o malestar físico suelen ser síntomas frecuentes que acompañan el proceso biológico de la menopausia. Pero este periodo de la vida de la mujer también se caracteriza por cómo impactan los cambios a nivel emocional, con altibajos en el estado de ánimo, insomnio, depresión o ansiedad. Sin embargo, a menudo quedan en un segundo plano.
Sea como fuere, la experiencia no es igual para todas las mujeres y los síntomas pueden variar tanto en intensidad como en duración. Los problemas de sueño, por ejemplo, pueden pasar factura durante el día y aumentar la sensación de cansancio, irritabilidad o estrés. A su vez, el malestar emocional puede dificultar el descanso, por lo que ambos aspectos pueden acabar influyéndose mutuamente.
En este contexto, algunas estrategias pueden actuar sobre el estado de ánimo. Por ejemplo, a través de la modulación de la microbiota intestinal es posible actuar sobre factores como el estrés y el mal descanso, que a su vez pueden influir en el funcionamiento digestivo. Por eso se habla de una relación bidireccional del eje intestino-cerebro.
Con motivo del Día Mundial de la Menopausia, que se conmemoró este domingo 18 de octubre, Farmasierra pone el foco en esa conexión entre el sistema gastrointestinal y los centros emocionales del cerebro que se relaciona con mecanismos como la señalización endocrina, la activación inmune, la permeabilidad intestinal y la comunicación del sistema nervioso entérico.
En palabras de la Ana I. Ortiz Gutiérrez, gerente del Área de Salud de Farmasierra, "al hablar de menopausia también debemos hablar de salud mental y normalizar esta conversación, aportando datos y abordándola con empatía. Según indica, algunos estudios señalan que entre el 45% y el 68% de las mujeres experimentan cambios en el estado de ánimo relacionados con la depresión durante la perimenopausia, aunque estimaciones más recientes sitúan su prevalencia en torno al 32%. Al margen de cifras, "hablar de ello con naturalidad y empatía ayuda a entender mejor lo que se está viviendo, buscar orientación cuando la necesiten y sentirse más acompañadas", sostiene la especialista.
El papel de los hábitos saludables
Al respecto, la doctora recuerda que la investigación sobre el eje intestino-cerebro es objeto de un creciente interés científico. La microbiota intestinal (el conjunto de microorganismos que viven en el intestino) se estudia por su posible relación con variables de bienestar emocional y sueño. Durante la menopausia, donde son frecuentes el estrés percibido y las alteraciones del descanso, este enfoque ayuda a comprender por qué distintos factores pueden retroalimentarse.
Por lo tanto, "abordar el bienestar emocional durante la menopausia también implica prestar atención a los hábitos de vida y a la relación entre el intestino y la respuesta del organismo al estrés", insiste la facultativa.
Así, algunos psicobióticos (probióticos cuyas cepas han sido estudiadas por su posible impacto sobre el bienestar emocional) "pueden plantearse como complemento de unos hábitos saludables, como mantener una buena rutina de sueño, una alimentación equilibrada y hacer ejercicio".
En concreto, mantener horarios regulares de sueño, practicar actividad física de forma habitual y reservar tiempo para actividades que ayuden a reducir el estrés son algunas de las medidas que pueden favorecer el bienestar durante esta etapa. Si los sudores nocturnos dificultan el descanso, mantener el dormitorio fresco puede ayudar.
Además, las técnicas de relajación, el yoga o la meditación son otras opciones para manejar el estrés y mejorar el bienestar general.
También puede ser útil observar qué situaciones o hábitos empeoran los síntomas. En algunas mujeres, por ejemplo, la cafeína, el alcohol o las comidas picantes pueden agravar los sofocos, por lo que identificar posibles desencadenantes permite adaptar las rutinas a las necesidades de cada una.
Asimismo, existen opciones de apoyo específicas cuando la ansiedad, el bajo estado de ánimo o los problemas de sueño persisten. La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, puede ayudar a manejar determinados síntomas emocionales y las dificultades para dormir asociadas a la menopausia. Y, por supuesto, si el malestar interfiere en la vida cotidiana, es importante consultar con un profesional sanitario para valorar qué abordaje resulta más adecuado.
Lo fundamental, en definitiva, es disponer de información accesible para ayudar a mejorar en la toma de decisiones. Porque"la salud mental no es un tema secundario en la menopausia", remarca la experta, y por eso anima a quienes atraviesan esta etapa a hablar con su entorno y con profesionales si detectan cambios sostenidos en el ánimo, irritabilidad, ansiedad, falta de descanso o sensación de sobrecarga.