Durante el otoño, muchas personas sufren congestión nasal, estornudos frecuentes o picor en los ojos y la nariz. A menudo, estas molestias se atribuyen a un resfriado estacional, pero en muchos casos pueden tener otro origen: la alergia a los ácaros del polvo.Las condiciones ambientales propias de esta época del ...
Durante el otoño, muchas personas sufren congestión nasal, estornudos frecuentes o picor en los ojos y la nariz. A menudo, estas molestias se atribuyen a un resfriado estacional, pero en muchos casos pueden tener otro origen: la alergia a los ácaros del polvo.
Las condiciones ambientales propias de esta época del año favorecen la proliferación de estos microorganismos, especialmente en el interior de las viviendas. "En otoño aumentan las condiciones que los ácaros necesitan para proliferar: temperaturas suaves, mayor humedad y una menor ventilación en el interior de las viviendas", explica Eva Lasa, alergóloga de Policlínica Gipuzkoa, del grupo Quirónsalud.
Esta alergia es una de las causas habituales de síntomas respiratorios tras el verano y puede afectar tanto a las vías respiratorias superiores como a los bronquios. Además de congestión nasal, estornudos y picor, puede provocar tos o sensación de falta de aire.
Uno de los errores más frecuentes es normalizar las molestias respiratorias que se prolongan durante el otoño. Según la doctora Lasa, muchas personas consideran habitual tener la nariz taponada o mucosidad durante semanas, aunque estos síntomas pueden afectar al descanso nocturno, al rendimiento diario y al bienestar general.
Existen algunas señales que ayudan a diferenciar una alergia de un resfriado. La alergia a los ácaros no suele provocar fiebre ni dolor de garganta, y los síntomas pueden persistir durante semanas o incluso meses si no se identifica y trata el problema.
Otro indicio es que las molestias suelen empeorar dentro de casa, donde se concentra una gran parte de los ácaros del polvo. "Los pacientes alérgicos suelen encontrarse peor en espacios cerrados, mientras que una persona con un catarro mantiene los síntomas independientemente del lugar donde se encuentre", señala la especialista.
Ante la sospecha de una alergia, es recomendable consultar con un profesional sanitario. Una prueba cutánea permite identificar la sensibilización a los alérgenos y, según Lasa, obtener resultados en unos 15 minutos.
La alergia a los ácaros no siempre se limita a la nariz y los ojos. La rinitis alérgica está estrechamente relacionada con el asma y, según los datos citados por la especialista, aproximadamente el 40 % de las personas con síntomas nasales alérgicos pueden desarrollar asma con el tiempo. A su vez, una gran parte de los pacientes asmáticos también presenta rinitis.
"La nariz y los bronquios forman una única vía respiratoria y deben abordarse de manera conjunta para prevenir complicaciones futuras", destaca Lasa. Por este motivo, identificar el origen de los síntomas y establecer un tratamiento adecuado es importante tanto para controlar las molestias actuales como para realizar un seguimiento de la salud respiratoria.
Reducir la exposición a los ácaros es una de las primeras medidas para controlar esta alergia. Los especialistas recomiendan actuar especialmente en el dormitorio, ya que los colchones y las almohadas pueden acumular una cantidad importante de estos microorganismos.
Entre las principales medidas preventivas destacan:
Mantener la humedad por debajo del 50 %. Se pueden utilizar deshumidificadores cuando sea necesario para dificultar la proliferación de los ácaros.
Reducir los elementos que acumulan polvo. Las alfombras, los peluches y las cortinas pueden actuar como reservorios de ácaros, por lo que conviene limitar su presencia.
Proteger colchones y almohadas. Las fundas antiácaros ayudan a reducir la exposición a los alérgenos en unas superficies donde puede concentrarse una parte importante de los ácaros domésticos.
Lavar la ropa de cama a más de 60 °C. Esta temperatura contribuye a eliminar los ácaros y los alérgenos acumulados en los tejidos.
Limpiar sin levantar polvo. Los aspiradores con filtro HEPA y los paños húmedos ayudan a retirar el polvo y evitar que se disperse por el ambiente.
También es recomendable ventilar adecuadamente los espacios interiores y mantener unas condiciones ambientales que dificulten la proliferación de los ácaros.
El tratamiento de la alergia a los ácaros se basa en tres pilares: reducir el contacto con los alérgenos, aliviar los síntomas mediante tratamiento farmacológico y valorar la inmunoterapia específica.
La medicación puede adaptarse a las necesidades de cada paciente, mientras que la inmunoterapia actúa sobre la respuesta del sistema inmunitario frente al alérgeno. Por ello, puede desempeñar un papel importante en el control de la enfermedad a largo plazo.
En definitiva, sufrir congestión nasal, estornudos o picor durante semanas no debería considerarse necesariamente una molestia habitual del otoño. Identificar si existe una alergia a los ácaros permite adoptar medidas en el hogar y valorar, con asesoramiento médico, el tratamiento más adecuado.