Hay frutas que asociamos casi exclusivamente con la infancia o con una receta concreta de la abuela: las castañas asadas en un cucurucho de papel, el membrillo con queso, la granada que había que desgranar con paciencia sobre un plato. Luego, entre las prisas y la costumbre, dejamos de comprarlas ...
Hay frutas que asociamos casi exclusivamente con la infancia o con una receta concreta de la abuela: las castañas asadas en un cucurucho de papel, el membrillo con queso, la granada que había que desgranar con paciencia sobre un plato. Luego, entre las prisas y la costumbre, dejamos de comprarlas porque no sabemos muy bien qué hacer con ellas o porque parecen laboriosas. Es una pena, porque la fruta de temporada está en su mejor momento de sabor y de precio, y estas en concreto aportan nutrientes muy interesantes justo cuando el cuerpo empieza a notar el cambio de estación.
El caqui es rico en vitamina A y C y en fibra soluble, muy saciante y con una dulzura natural que ayuda a frenar los antojos de la tarde. La granada destaca por sus polifenoles, compuestos antioxidantes relacionados con la salud cardiovascular. Las castañas, aunque se consideren fruto seco, se parecen más a un cereal: aportan hidratos de absorción lenta, fibra y potasio, con muy poca grasa. Y la uva, el membrillo, la pera y la mandarina, que empieza a llegar a finales de octubre, completan una temporada variada que permite comer fruta cada día sin repetir.
La clave está en sacar la fruta del frutero y llevarla a otros momentos del día. Estas son algunas ideas que funcionan:
Cada fruta tiene su pequeño secreto. El caqui clásico debe estar muy blando, casi translúcido, para que pierda la astringencia; si lo compras duro, déjalo madurar a temperatura ambiente junto a una manzana, que acelera el proceso. El persimón, en cambio, se come firme, como una manzana. La granada se desgrana sin manchar la cocina si la cortas por la mitad y golpeas la piel con una cuchara de madera sobre un bol con agua: los granos caen al fondo y la piel blanca flota. Una vez desgranada, se conserva varios días en la nevera en un recipiente cerrado y también se congela muy bien.
Con las castañas, el gesto que más ayuda es hacer un corte en la piel antes de cocinarlas, para que no estallen y se pelen con facilidad. Pélalas aún calientes, envueltas en un paño, porque al enfriarse la piel interior se adhiere. Si te sobran, guárdalas cocidas en la nevera hasta tres días o congélalas peladas para tenerlas listas en cualquier guiso.
Aprovechar la fruta de temporada es una de esas decisiones pequeñas que suman en varias direcciones a la vez: comes mejor, gastas menos y disfrutas de sabores que solo duran unas semanas. Elige una de estas ideas para esta semana y otra para la siguiente, y deja que la estación se note también en tu mesa.