Se estima que el 35% de los españoles presenta algún problema de salud mental, siendo la ansiedad el trastorno más frecuente. Sin embargo, es menos conocido que hasta un 90% de pacientes con ansiedad manifiestan síntomas de depresión, que muchas veces pasan desapercibidos, y que configuran un continuo clínico que ...
Se estima que el 35% de los españoles presenta algún problema de salud mental, siendo la ansiedad el trastorno más frecuente. Sin embargo, es menos conocido que hasta un 90% de pacientes con ansiedad manifiestan síntomas de depresión, que muchas veces pasan desapercibidos, y que configuran un continuo clínico que plantea nuevos retos para su detección, diagnóstico y tratamiento.
Distinguirlas de una etapa puntual de estrés o cansancio no siempre resulta sencillo, pero hay señales que pueden ayudar a reconocer cuándo es necesario pedir ayuda. Hablamos con la doctora María Inés López-Ibor, catedrática de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad Complutense de Madrid y presidenta de la Fundación López-Ibor, quien nos explica cómo se manifiestan estos trastornos, qué diferencias pueden observarse entre mujeres y hombres y qué opciones existen para abordar el conocido como trastorno mixto ansioso-depresivo.
La preocupación constante, la irritabilidad, los problemas de sueño, el cansancio y las dificultades para concentrarse pueden aparecer tanto en la ansiedad como en la depresión. Por eso, identificar qué está detrás del malestar no siempre es fácil. Según explica la doctora, "la ansiedad y la depresión pueden aparecer al mismo tiempo y, en ocasiones, resulta difícil separar una de otra". No obstante, hay algunos síntomas que pueden orientar y dar la voz de alarma. "En la depresión suele aparecer una pérdida de interés o de ilusión por cosas que antes resultaban gratificantes, mientras que en la ansiedad predominan la preocupación, la tensión y la sensación de estar permanentemente en alerta", expone López-Ibor.
Otra forma de distinguir un trastorno de un problema esporádico tiene que ver con el tiempo. "La diferencia con una etapa puntual de estrés o cansancio está sobre todo en la intensidad, la duración y el impacto que tiene sobre la vida cotidiana", señala catedrática de Psiquiatría y Psicología Médica. En cambio, si el malestar persiste, aumenta o empieza a interferir en el trabajo, las relaciones personales o el descanso, recomienda solicitar una valoración profesional. De hecho, advierte de que "no hace falta esperar a encontrarse realmente mal para consultar".
La ansiedad y la depresión, más frecuentes en las mujeres
Aunque estos trastornos pueden afectar a cualquier persona, existen diferencias en su frecuencia y en la manera de expresar el malestar. La especialista recuerda que algunos trastornos de ansiedad y depresión se diagnostican con mayor frecuencia en mujeres, en las que pueden aparecer síntomas como la preocupación excesiva, la tristeza, la culpa, las alteraciones del sueño o una mayor carga emocional.
En los hombres, sin embargo, el problema puede resultar menos evidente cuando se manifiesta mediante irritabilidad, enfado, aislamiento o un mayor consumo de alcohol u otras sustancias. Estas diferencias pueden dificultar que se identifique lo que está ocurriendo. Ahora bien, la doctora insiste en que no deben convertirse en reglas generales. "Cada persona expresa el malestar de una manera diferente, y una evaluación adecuada debe tener en cuenta tanto los síntomas como el contexto personal, familiar y social", recuerda.
Ansiolíticos: cuándo recurrir a ellos y qué alternativas existen
Lo mismo ocurre con el consumo de ansiolíticos, cuyo aumento, especialmente entre las mujeres, plantea la importancia de valorar cada caso antes de iniciar un tratamiento. Para la presidenta de la Fundación López-Ibor, es necesario conocer los síntomas, cuánto tiempo llevan presentes, su intensidad y el efecto que tienen en la vida cotidiana. Asimismo, deben valorarse los medicamentos que toma la persona, sus antecedentes y los posibles factores que provocan o mantienen la ansiedad.
Las benzodiacepinas requieren especial precaución por el riesgo de dependencia y otros efectos asociados al uso prolongado. "En el caso de las benzodiacepinas, además, hay que ser especialmente cuidadosos con la duración del tratamiento por el riesgo de dependencia y otros efectos asociados a su uso prolongado", avisa.
Además, la psiquiatra recuerda que la medicación no es la única opción. En función del problema, la psicoterapia (especialmente determinadas terapias psicológicas estructuradas) puede formar parte del abordaje, junto con medidas relacionadas con el sueño, la actividad física, las rutinas y otros factores que contribuyan a mantener los síntomas.
La especialista también apunta a algunos preparados derivados de plantas, como los de lavanda, que, según señala, han mostrado eficacia y seguridad en cuadros de ansiedad y depresión leves o moderados. En cualquier caso, la elección del tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada persona. Como resume López-Ibor, "No se trata de estar a favor o en contra de la medicación, sino de utilizarla cuando está indicada y elegir el tratamiento más adecuado para cada persona".