Ansiedad, estrés y depresión: el impacto emocional de la infertilidad, una realidad poco visible 

María Robert

1 de cada 10 mujeres necesitará recurrir a técnicas de reproducción asistida. Hablamos con David González Gerpe, responsable del Área de Psicología de Ginemed y Ginefiv, sobre este proceso que produce un desgaste físico y psicológico que el experto equipara al de muchas enfermedades crónicas graves 

26/10/2026

Con el retraso de la maternidad, 1 de cada 10 mujeres necesitará recurrir a técnicas de reproducción asistida, según datos de la Sociedad Española de Fertilidad. Los problemas para conseguir un embarazo impactan de forma profunda y en múltiples dimensiones de una persona o pareja que está inserta en un ...

Con el retraso de la maternidad, 1 de cada 10 mujeres necesitará recurrir a técnicas de reproducción asistida, según datos de la Sociedad Española de Fertilidad. Los problemas para conseguir un embarazo impactan de forma profunda y en múltiples dimensiones de una persona o pareja que está inserta en un proceso reproductivo: algunas investigaciones apuntan a que un 13% de las mujeres infértiles presentan síntomas de ansiedad, un 79% padecen estrés, y algunos síntomas de depresión estaban presentes en el 31% de los casos.

Como explica a Es Vivir David González Gerpe, responsable del Área de Psicología de Ginemed y Ginefiv, "es a menudo un proceso de desgaste físico y psicológico silencioso similar al que sucede en muchas enfermedades crónicas graves".

Desde el punto de vista psicológico, el proceso puede resultar especialmente difícil porque "la vida se convierte en una montaña rusa emocional, ya que se entra en un ciclo de esperanza y decepción que no se sabe ni cuándo ni cómo va a acabar". Existe un sentimiento profundo de culpa, frustración e inutilidad que puede llevar a una crisis de identidad, ya que el proyecto de futuro de la persona o la pareja se tambalea. También pueden surgir problemas importantes de pareja, puesto que se acaba mecanizando el sexo y convirtiéndolo en una tarea programada, perdiendo toda su espontaneidad y su sentido hedonista.

Además, la infertilidad suele implicar meses o incluso años de pruebas, consultas y tratamientos. Esta incertidumbre prolongada puede afectar al estado de ánimo y a la vida cotidiana. Según González Gerpe, "el estrés prolongado puede derivar en cuadros clínicos que requieran atención especializada, como trastornos de ansiedad causados por la hipervigilancia de los síntomas físicos y la obsesión con toda aquella información relacionada con la reproducción". Señala incluso la aparición de sintomatología depresiva, "debida a los sentimientos de desesperanza, la pérdida de interés en las actividades de la vida diaria y la fatiga emocional. A ello se suman cuadros de estrés crónico por el desgaste físico y económico de los tratamientos, que producen elevados niveles de cortisol y somatización, afectando a la salud en general y a la calidad de vida".

En ocasiones, "el éxito reproductivo de los tratamientos se convierte en el objetivo vital primordial de las familias, llegando a convertirse en una verdadera obsesión que hace que dejen de lado el resto de aspectos importantes de sus vidas", subraya el experto.

La betaespera, una etapa especialmente complicada

Una de las etapas que más ansiedad puede generar es la llamada betaespera, los días que transcurren entre la transferencia embrionaria o la inseminación y la prueba de embarazo. En gran medida, porque se trata de una etapa pasiva del tratamiento, "la mujer ya no tiene un rol activo, toda acción se detiene y el resultado ya no depende de lo que se haga",señala González Gerpe.

Durante esos días, "aparece una hipervigilancia a los síntomas físicos que aumenta la ansiedad y la sensación de falta de control". Esto puede hacer que surja también "la culpa por estar ansiosa y el miedo a que este estado de ansiedad afecte al resultado", aunque, como aclara el psicólogo, esta preocupación "carece de base científica". En quienes han pasado por negativos anteriores o abortos, además, "se reviven traumas previos y puede surgir un miedo paralizante a sufrir una nueva pérdida emocional y económica".

Para romper el ciclo de hipervigilancia y rumiación, González Gerpe considera importante reducir la ansiedad con estrategias que ayuden a cambiar la relación con los pensamientos y con el propio cuerpo. Una de ellas consiste en "repetirse como un mantra que no existe una sintomatología que indique si se está o no embarazada". Como recuerda, "puede no haber ninguna sintomatología física y que la beta sea positiva o puede haber mucha sintomatología física y que la beta sea negativa". Además, los síntomas producidos por la progesterona y los derivados de una implantación pueden ser similares.

El psicólogo recomienda también no buscar información en internet ni en foros, ya que "la información que pueden encontrar está sesgada; nadie puede saber si estás embarazada o no". Otra estrategia es acotar el tiempo que se dedica a pensar en el proceso y en el resultado: fijar una hora al día y unos 30 minutos para hacerlo, posponiendo los pensamientos que aparezcan fuera de ese espacio. También propone recurrir a actividades que ayuden a distraerse, como salir al cine, ir a cenar o socializar con amigos, además de poner límites al entorno para evitar que otras personas estén hablando o preguntando constantemente sobre el tratamiento.

¿Cuándo pedir ayuda psicológica?

Sentir tristeza, frustración, rabia o miedo durante un proceso reproductivo o una betaespera es normal. Sin embargo, el malestar puede requerir ayuda profesional cuando el sufrimiento desborda los recursos de afrontamiento de la persona, se prolonga en el tiempo o interfiere de forma severa en su vida cotidiana.

Entre las señales de alarma, González Gerpe destaca la dificultad para desconectar y la incapacidad para acotar el tiempo dedicado a pensar en la reproducción, el tratamiento y el embarazo. También señala la persistencia de sentimientos de tristeza, frustración, rabia o miedo que se vuelven incontrolables, así como el llanto frecuente o la apatía durante más de dos o tres semanas sin experimentar alivio o mejoría.

Otras señales son la pérdida de placer por las actividades cotidianas, el aislamiento social y los problemas de pareja, que pueden manifestarse en dificultades de comunicación, reproches, culpa o miedo a expresar el propio dolor. Asimismo, añade la evitación de espacios donde puede haber niños o embarazadas, las alteraciones del sueño o de la alimentación, los ataques de pánico y los pensamientos de desesperanza o pérdida del sentido de la vida.

Por todo ello, el acompañamiento psicológico durante los tratamientos de reproducción asistida no debería limitarse a los momentos de crisis. En palabras del experto, "ha de estar integrado en los tratamientos desde el primer día, funcionando como un recurso emocional que dé apoyo durante todo el recorrido".

Este apoyo permite acompañar a los pacientes desde los primeros momentos, cuando necesitan asimilar la información, empezar a gestionar la incertidumbre y tomar decisiones, hasta las etapas más complejas, como los problemas de pareja o la betaespera. Contar con ayuda psicológica, explica el especialista, "puede hacer que el camino a la maternidad sea mucho más llevadero y que la calidad de vida percibida durante el mismo sea mucho mayor", incide.

Además, defiende el valor preventivo de este acompañamiento: "Prevenir ayuda a normalizar el malestar y a estar preparados para cuando llega, haciendo que disminuyan o se mitiguen los momentos de crisis y que las tasas de abandono de los tratamientos sean mucho menores", concluye.


¿Sabes en qué consiste el síndrome metabólico?
Mujer del mes: Boticaria García, la farmacéutica que habla con el corazón
Colágeno, vitamina C y otros activos ¿son más efectivos en la piel o en suplementos orales?

Cookie Consent

This website uses cookies or similar technologies, to enhance your browsing experience and provide personalized recommendations. By continuing to use our website, you agree to our Privacy Policy