"El dulce de leche parece un ingrediente muy sencillo porque se puede disfrutar tal cual, pero en repostería hay pequeños detalles que cambian por completo el resultado. Elegir bien el formato, controlar la temperatura o no abusar de la cantidad puede marcar la diferencia entre un postre equilibrado y uno ...
"El dulce de leche parece un ingrediente muy sencillo porque se puede disfrutar tal cual, pero en repostería hay pequeños detalles que cambian por completo el resultado. Elegir bien el formato, controlar la temperatura o no abusar de la cantidad puede marcar la diferencia entre un postre equilibrado y uno demasiado pesado", explica Diego Maccari, CEO de Caro Import.
Por eso, Caro Import, compañía española especializada en la fabricación e importación de alimentos argentinos, reúne cinco errores habituales al usar dulce de leche en casa y cómo evitarlos.
1. Usar la misma variedad para todo
Existe la idea equivocada de que cualquier dulce de leche sirve para todo. El clásico funciona muy bien para untar, acompañar tortitas, crepes o postres fríos por su textura cremosa y fácil de extender. Sin embargo, cuando se busca un relleno con más cuerpo, especialmente en alfajores o recetas que deben sostener peso, conviene optar por versiones más firmes.
"Al principio, el dulce de leche se asociaba principalmente a su versión clásica, pero a medida que ha ido ganando protagonismo en distintas recetas, también han surgido nuevas necesidades. Para rellenar o decorar una tarta, por ejemplo, interesa una textura más firme, como la variedad `pastelero', mientras que para acompañar helados o crepes funciona mejor una versión más fluida, como la `topping'. La clave está en mantener el sabor tradicional y adaptar la consistencia al resultado que se busca", señala Maccari.
2. Calentarlo en exceso
Cuando el dulce de leche está firme, es tentador aplicarle calor rápido para ablandarlo, pero una temperatura excesiva puede alterar su textura y sabor. Lo recomendable es templarlo de forma suave, removiendo poco a poco, o recurrir al baño María cuando se busque una consistencia más fluida y controlada. Esto puede resultar especialmente útil si se quiere utilizar, por ejemplo, como salsa para acompañar una bola de helado de vainilla, cubrir unas fresas o darle un toque dulce a una porción de bizcocho casero.
3. Descuidar su conservación una vez abierto
Aunque es un producto bastante resistente, guardarlo correctamente es imprescindible para preservar todo su sabor y textura. Una vez abierto el envase, conviene conservarlo bien tapado y en refrigeración. Eso sí, antes de incorporar a una receta, es aconsejable sacarlo unos minutos antes para que atempere y resulte fácil de trabajar.
4. Limitarlo únicamente a los rellenos
Asociar el dulce de leche solo al interior de tartas o alfajores supone desaprovechar buena parte de sus posibilidades en la cocina. También puede utilizarse como cobertura de una tarta de queso, acompañar postres como un flan o incorporarse directamente a la masa de unas magdalenas para darles un toque diferente.
Más allá de utilizarlo como acompañamiento, el dulce de leche puede formar parte de la propia elaboración y aportar su sabor característico a recetas que habitualmente se preparan con otros ingredientes. La clave está en encontrar nuevas formas de incorporarlo sin limitarlo a los rellenos tradicionales.