Lo llevas cada día, encima de todo lo demás, durante buena parte del año. Y aun así el abrigo se suele comprar en un probador con calefacción, sobre una camiseta fina, en cinco minutos y guiándonos por lo que lleva el maniquí. Luego llega enero y descubrimos que abriga poco, ...
Lo llevas cada día, encima de todo lo demás, durante buena parte del año. Y aun así el abrigo se suele comprar en un probador con calefacción, sobre una camiseta fina, en cinco minutos y guiándonos por lo que lleva el maniquí. Luego llega enero y descubrimos que abriga poco, que se le han hecho bolitas en las mangas o que con un jersey grueso no hay manera de cerrarlo. Un buen abrigo no tiene por qué ser el más caro, pero sí uno elegido con criterio, y ese criterio se aprende rápido.
La primera clave está en la composición. La lana es la fibra que mejor combina calor y transpiración: abriga sin agobiar al entrar en una tienda o en el metro. Para que un abrigo de paño se comporte como tal, conviene que tenga al menos un 60 o 70 % de lana. Un pequeño porcentaje de poliamida le da resistencia y está bien, pero cuando el poliéster domina la etiqueta, el tejido transpira peor, acumula electricidad estática y tiende a formar bolitas en pocas semanas. Si buscas un plumífero para frío intenso, fíjate en la proporción entre plumón y pluma: un 80/20 o un 90/10 indica un relleno de calidad que abriga mucho con poco peso.
La segunda clave es la confección. Pasa la mano por el tejido: un paño denso y compacto abriga más que uno blando y ligero. Revisa que las costuras sean rectas y sin hilos sueltos, que el forro esté completo y no tire al mover los brazos, y que los botones estén bien cosidos. Un gesto útil es tirar suavemente de la tela a ambos lados de una costura. Si se abre o se ve la trama, el abrigo no aguantará muchas temporadas.
La tercera clave son los hombros, porque es lo único que una modista no puede arreglar con facilidad. La costura debe caer justo en el borde de tu hombro, ni más dentro ni colgando, salvo que el diseño sea deliberadamente oversize. El largo de las mangas, en cambio, se ajusta sin problema: lo ideal es que cubran la muñeca y dejen asomar apenas el puño del jersey.
La cuarta es el largo y el corte en función de tu cuerpo y de tu día a día. El abrigo midi, por debajo de la rodilla, estiliza mucho si eres alta y resulta muy elegante; si eres más bajita, uno por encima de la rodilla o un midi en tejido poco voluminoso evitará que el abrigo te coma. El corte recto es el más versátil y atemporal; el cruzado añade presencia en la parte superior y equilibra los hombros estrechos; el envolvente con cinturón marca la cintura y suaviza la silueta. Y si pasas mucho tiempo conduciendo, un largo a la cadera será bastante más cómodo que uno largo.
La quinta clave es probarlo como lo vas a usar. Ve a la tienda con el jersey más grueso que tengas, cierra todos los botones, cruza los brazos, levántalos como si fueras a coger algo de una estantería y siéntate. Si tira de la espalda o se abre por delante, necesitas otra talla u otro modelo.
La sexta clave es pensar en el resto de tu armario. Si va a ser tu único abrigo, elige un neutro que combine con todo: camel, gris, azul marino, negro o un beige cálido. Fíjate en cómo te sienta el color junto a la cara, que es donde más se nota. El camel y los tostados suelen favorecer a las pieles cálidas, mientras que el gris y el marino sientan mejor a los tonos fríos. Si ya tienes un neutro que funciona, un segundo abrigo puede permitirse más personalidad, en color o en textura, como un tweed o un paño con espiga.
La séptima clave empieza el día que lo llevas a casa. Cuélgalo en una percha ancha que respete la forma de los hombros, nunca en un gancho. Cepilla el paño de vez en cuando y airéalo en lugar de lavarlo a menudo; una visita a la tintorería por temporada suele ser suficiente. Las bolitas que aparezcan se retiran con un quitapelusas eléctrico, y al final del invierno conviene guardarlo limpio, en una funda de tela transpirable y con unas bolas de cedro o un saquito de lavanda contra la polilla.
Si piensas aprovechar las ofertas de noviembre, lleva estas claves contigo al probador: la composición en la etiqueta, los hombros en su sitio y la prueba del jersey grueso. Con esas tres comprobaciones descartarás la mayoría de los abrigos que parecen buena idea y no lo son, y te quedarás con uno que seguirás poniéndote dentro de muchos inviernos.