Hay quien sale cada tarde a dar una vuelta de una hora y se sorprende de que, meses después, no note cambios en su forma física. Y hay quien camina media hora con intención y descubre a las pocas semanas que sube las escaleras de casa sin ahogarse. La diferencia ...
Hay quien sale cada tarde a dar una vuelta de una hora y se sorprende de que, meses después, no note cambios en su forma física. Y hay quien camina media hora con intención y descubre a las pocas semanas que sube las escaleras de casa sin ahogarse. La diferencia no está en los kilómetros, sino en cómo se recorren. Caminar puede ser un paseo agradable o un entrenamiento completo, y pasar de uno a otro depende de unos pocos ajustes.
La primera clave es saber a qué ritmo vas. La forma más sencilla de medirlo es el test del habla: a paso ligero deberías poder mantener una conversación, pero no cantar. Si puedes cantar, vas demasiado despacio; si apenas puedes decir una frase seguida, estás en una intensidad alta, útil en tramos cortos pero difícil de sostener. Si te gusta medir, la investigación sitúa el umbral de la intensidad moderada en torno a los 100 pasos por minuto, y muchos relojes y aplicaciones del móvil te muestran esa cadencia.
La Organización Mundial de la Salud recomienda acumular al menos 150 minutos semanales de actividad moderada, lo que equivale a unos treinta minutos cinco días a la semana. Caminar a buen ritmo cuenta; el paseo mirando escaparates, no tanto.
La segunda clave es la postura. Camina erguida, con la mirada al frente y no al suelo, los hombros relajados y el abdomen ligeramente activo, como si alguien tirara de ti con suavidad desde la coronilla. La tercera son los brazos: dóblalos en un ángulo de unos noventa grados y muévelos desde el hombro, hacia delante y hacia atrás, sin cruzarlos delante del pecho. Este gesto, que al principio parece exagerado, te ayuda a acelerar el ritmo de forma natural y suma trabajo de la parte superior del cuerpo.
La cuarta clave sorprende a mucha gente: para ir más rápido, acorta el paso en lugar de alargarlo. Las zancadas largas frenan el avance y cargan las rodillas. Es mejor dar pasos más cortos y frecuentes, apoyando primero el talón y rodando el pie hasta impulsarte con la punta.
La quinta clave es introducir variedad. Cuando treinta minutos a paso ligero ya te resulten cómodos, prueba a alternar tres minutos a un ritmo vivo con uno o dos más suaves, y repítelo varias veces. Los intervalos mejoran la capacidad cardiovascular más que mantener siempre la misma velocidad. Las cuestas y las escaleras son otra herramienta muy eficaz, porque implican más a glúteos y piernas y elevan el esfuerzo sin necesidad de correr. Si vives en una zona llana, un tramo de escaleras en un parque o la propia escalera de tu edificio sirven igual.
La sexta clave es la constancia, y en otoño hay que ponérsela fácil. Con menos horas de luz, decide de antemano tu franja, a primera hora o justo al salir del trabajo, y trátala como una cita fija. Si sales al anochecer, usa ropa con elementos reflectantes o una luz pequeña y elige rutas iluminadas. Viste por capas que puedas quitarte cuando entres en calor y revisa tu calzado: unas zapatillas con buena amortiguación y una suela con agarre son más importantes que cualquier otra prenda, sobre todo cuando el suelo está mojado o cubierto de hojas.
Hay un matiz que conviene tener presente a partir de los cuarenta. Caminar es estupendo para el corazón y el estado de ánimo, pero no basta para mantener la masa muscular y la densidad ósea, que empiezan a resentirse con los cambios hormonales. Complementar las caminatas con dos sesiones semanales de ejercicios de fuerza, aunque sean sencillos y en casa, completa el trabajo.
Caminar con intención no exige más tiempo del que ya dedicas a pasear, solo otra manera de hacerlo. Empieza esta semana por el test de la conversación y los brazos activos, y dentro de un mes añade intervalos o una cuesta. Son cambios pequeños que, sostenidos unas semanas, se notan en el fondo físico y también en cómo vuelves de cada caminata: con la cabeza mucho más despejada.