¿Qué relación hay entre los sueños, los deseos ocultos y algunas de las imágenes más desconcertantes de Salvador Dalí? Para entender buena parte de su universo creativo, hay que acercarse a Sigmund Freud. Las teorías del prestigioso médico vienés sobre el inconsciente fascinaron al pintor desde muy joven. La exposición ...
¿Qué relación hay entre los sueños, los deseos ocultos y algunas de las imágenes más desconcertantes de Salvador Dalí? Para entender buena parte de su universo creativo, hay que acercarse a Sigmund Freud. Las teorías del prestigioso médico vienés sobre el inconsciente fascinaron al pintor desde muy joven. La exposición `El universo freudiano de Dalí' acaba de abrir sus puertas en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza precisamente para poner el foco en esa relación y recorrer la trayectoria del artista de Figueres desde una perspectiva diferente: la huella que el psicoanálisis dejó en sus cuadros, sus obsesiones y su manera de interpretar la realidad.
Dalí descubrió los escritos de Freud a principios de los años veinte, durante su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Aquellas lecturas le ofrecieron nuevas formas de explorar los sueños, los deseos y los conflictos internos, elementos que terminarían ocupando un lugar central en su obra. El propio artista llegó a reconocer la importancia de esa influencia: "En la primera etapa de mi vida, mi héroe era Sigmund Freud. Mi pintura expresaba la angustia y las visiones neuróticas que tenía en esa época".
La fascinación del pintor por el padre del psicoanálisis no se quedó, sin embargo, en una etapa de juventud. En 1938, Dalí consiguió conocer personalmente a Freud en Londres, donde el neurólogo se había exiliado huyendo de la persecución nazi a los judíos. Aquel encuentro, uno de los episodios centrales de la muestra, llegó después de años en los que el pintor había intentado acercarse a su obra y trasladar algunas de sus ideas al lenguaje visual.
Del inconsciente a los cuadros más inquietantes
`El universo freudiano de Dalí', comisariado por Jaime Brihuega, se organiza en seis secciones cronológicas que permiten seguir la evolución de esa influencia. El recorrido comienza en la infancia y adolescencia del artista entre Figueres y Cadaqués y su complicado entorno familiar: su madre falleció cuando él tenía 17 años; su padre, autoritario, se casó enseguida con su cuñada, que se convirtió en su tía-madrasta. Fueron años de formación artística en los que se manifestaron los primeros complejos y traumas, que posteriormente darían forma a buena parte de su lenguaje visual y sus escritos.
Más adelante, durante su estancia en la Residencia de Estudiantes, Dalí conoció el surrealismo a través de publicaciones francesas, leyó las obras de Freud y descubrió los dibujos de tejidos neuronales de Santiago Ramón y Cajal. Asimismo, entabló relación con muchos de los protagonistas de la modernidad española, en especial con Federico García Lorca y Luis Buñuel, junto a los que, en torno a 1926, hace ahora 100 años, daría forma a los cimientos del primer surrealismo español. En esta época realizó sus primeras exposiciones importantes en Madrid y Barcelona y, tras experimentar con varios lenguajes, consolidó su peculiar identidad visual.
El tercer apartado abarca los años de la actividad de Dalí en París. En la capital francesa, el pintor de Figueres formó parte activa del movimiento surrealista, liderado por André Breton, y se convirtió en uno de los artistas que mejor supo plasmar en imágenes sus fundamentos teóricos. También conoció a Gala Eluard, su compañera y musa durante el resto de su vida.
Entre 1932 y 1937 desarrolló el método paranoico-crítico, una de sus principales aportaciones al surrealismo. A través de él, el artista exploraba la posibilidad de interpretar una misma imagen de varias maneras, de modo que un objeto o una figura pudieran transformarse en otra cosa ante los ojos del espectador.
El encuentro con Freud y una influencia que perdura
El recorrido llega después a 1938, cuando Dalí se reunió con Freud en Londres (punto de inflexión de esta muestra). El quinto capítulo se extiende hasta su expulsión del grupo surrealista en 1939 y la marcha a Estados Unidos.
Finalmente, el sexto apartado se prolonga hasta el final de la vida del artista y en él se rastrean los vestigios freudianos que nunca llegaron a abandonar su obra, a pesar de que el propio Dalí afirmó que su interés por Freud había decaído frente a asuntos científicos y religiosos. Los ecos del psicoanálisis (reblandecimiento de las formas, imágenes dobles) se aprecian en obras como Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar, donde el universo onírico ocupa el centro de la escena, o de La Madonna de Portlligat, perteneciente a su etapa místico-nuclear.
Además, la exposición amplía el universo de Dalí con obras de otros artistas, entre ellos Jean-Auguste-Dominique Ingres, Gino Severini, Jean Arp y Kurt Schwitters, así como con trabajos de García Lorca, Ramón y Cajal y el propio Freud. El apartado audiovisual incluye Comiendo erizos de mar, de Dalí, y fragmentos de Un perro andaluz y La edad de oro, las películas que realizó junto a Buñuel, aparte de escenas de Recuerda, de Alfred Hitchcock, en la que el pintor colaboró en el diseño de secuencias oníricas. Tres audiovisuales del escritor, productor y fotógrafo Joan Dolç completan el recorrido y contextualizan distintos momentos de la trayectoria del artista.
En conjunto, la muestra permite acercarse a la genialidad de uno de los artistas españoles más célebres de todos los tiempos desde otro prisma, apretando atención a lo que se esconde detrás de sus obras; una realidad en la que los sueños, los recuerdos y los deseos conviven con lo cotidiano.