Siegfried Kasper, catedrático de psiquiatría: "Durante mucho tiempo hemos estudiado la ansiedad y la depresión como diagnósticos diferenciados" 

María Robert

El insomnio, la fatiga y las dificultades de concentración pueden aparecer en ambos trastornos. El jefe emérito del Departamento de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad Médica de Viena explica a EsVivir por qué es clave evaluar su impacto en la vida cotidiana y adaptar el tratamiento a las necesidades de cada paciente

02/11/2026

Los problemas de salud mental afectan al 29% de la población española, una cifra que evidencia el peso creciente de estas patologías. Y aunque la pandemia supuso un punto de inflexión para normalizar la conversación alrededor de la importancia del bienestar emocional, algo que antes se solía ocultar por miedo ...

Los problemas de salud mental afectan al 29% de la población española, una cifra que evidencia el peso creciente de estas patologías. Y aunque la pandemia supuso un punto de inflexión para normalizar la conversación alrededor de la importancia del bienestar emocional, algo que antes se solía ocultar por miedo o vergüenza, persisten grandes desafíos en la manera de abordarlos: los recursos son muy escasos, mientras su impacto no para de crecer.

La ansiedad afecta entre el 6,7% y el 15% de la población general, según registros sanitarios. Otro trastorno muy común es la depresión. De acuerdo a la Encuesta de Salud publicada por el INE, el 16.2% de la población española mayor de 15 años presenta un cuadro depresivo.

En ambos trastornos, la prevalencia en mujeres es más del doble en comparación con los hombres. Además, es muy frecuente que vayan de la mano. En el conocido como trastorno mixto ansioso-depresivo, la persona presenta síntomas tanto de ansiedad como de depresión al mismo tiempo, sin que ninguno de los dos cuadros sea lo suficientemente intenso o predominante como para recibir un diagnóstico separado de depresión o de ansiedad.

¿Por qué puede resultar especialmente complejo diagnosticar a un paciente cuando conviven síntomas de ansiedad y depresión? ¿Cómo puede afectar el trastorno mixto ansioso-depresivo a la calidad de vida de una persona? Hablamos con el doctor Siegfried Kasper, catedrático de psiquiatría, líder en investigación sobre depresión, jefe emérito del Departamento de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad Médica de Viena (Austria) y colaborador de Schwabe sobre las implicaciones de experimentar ambas condiciones al mismo tiempo y cómo aprender a reconocerlas.

"La dificultad está, en buena medida, en que los síntomas pueden ser compartidos", apunta el experto en primer lugar.Así, el insomnio, la fatiga o las dificultades de concentración, por ejemplo, pueden aparecer tanto en la ansiedad como en la depresión. "Si nos centramos únicamente en un síntoma, podemos interpretar de forma incompleta lo que le está ocurriendo al paciente", expone.

Asimismo, el psiquiatra comenta que la presentación clínica puede ser muy heterogénea. Por eso, "el diagnóstico exige valorar el conjunto de los síntomas, su duración e intensidad y la forma en que afectan a la vida de la persona", afirma. Y esto es relevante, apostilla Kasper, "porque cuando coexisten síntomas de ansiedad y depresión, el deterioro funcional puede ser elevado, es decir, no estamos hablando solo de que el paciente tenga más síntomas, sino de que esa combinación puede interferir de forma importante en su vida cotidiana y en su bienestar".

Personalización del tratamiento y abordaje integral 

En los últimos años se ha avanzado hacia una visión más integral de estos problemas. En opinión del catedrático, está cambiando, sobre todo, la pregunta que los profesionales se hacen. "Durante mucho tiempo hemos estudiado la ansiedad y la depresión como diagnósticos diferenciados; ahora prestamos más atención también a los síntomas y procesos que comparten, y a la posibilidad de que un mismo paciente presente distintas combinaciones de esas dimensiones", sostiene el jefe emérito del Departamento de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad Médica de Viena. Esto tiene consecuencias en la investigación, porque permite estudiar estos problemas desde una perspectiva más amplia y, clínicamente, favorece un abordaje menos rígido.

Y hay otro cambio importante: ampliar también el abanico de opciones terapéuticas que se estudian. En palabras del facultativo, "la investigación farmacológica ya no se centra únicamente en demostrar si un tratamiento reduce una determinada puntuación sintomática, sino también en conocer mejor qué perfiles de pacientes pueden beneficiarse, qué síntomas responden y cuál es el equilibrio entre eficacia, tolerabilidad y funcionalidad". Esto encaja con una medicina cada vez más personalizada, "en la que las características, circunstancias y preferencias del paciente también forman parte de la decisión terapéutica".

El doctor Siegfried Kasper insiste también en que, al valorar un tratamiento, no basta con mirar una escala de síntomas, pues, aunque proporciona una información muy importante, "necesitamos completar esa información con lo que ocurre realmente en la vida del paciente".

Por esa razón, "debemos valorar si recupera capacidad para desenvolverse en su vida cotidiana y si mejora su percepción de bienestar y su calidad de vida", señala. Asimismo, considera relevante valorar tanto la dimensión física como la mental del estado de salud. Y añade algo especialmente importante cuando ansiedad y depresión aparecen conjuntamente: "Debemos comprobar si la mejoría se produce en ambas dimensiones".

En este sentido, recuerda que "los estudios con silexan, un principio activo a base de aceite esencial estandarizado de Lavandula angustifolia (lavanda), han mostrado una evolución favorable de la sintomatología ansiosa y también de los síntomas depresivos coexistentes". Además, "recientemente hemos estudiado su posible utilidad en pacientes con síntomas de depresión leve o moderada, una línea de investigación que resulta especialmente interesante", agrega.

Por último, cree que se debe revisar periódicamente la necesidad de mantener cualquier tratamiento farmacológico. Bajo su criterio, "si un paciente lleva un periodo prolongado estable, no debemos asumir que la medicación tiene que mantenerse indefinidamente por inercia". Al contrario, hay que volver a valorar los beneficios y riesgos, el riesgo individual de recaída y las preferencias del paciente y, cuando se decide retirar un tratamiento, hacerlo de forma gradual y supervisada. "Las recomendaciones clínicas actuales insisten precisamente en la revisión periódica de la necesidad de continuar un tratamiento y en la toma de decisiones compartida".

En suma, cuando la ansiedad y la depresión conviven, el objetivo no es solo aliviar los síntomas, sino ayudar a la persona a recuperar su vida cotidiana.


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