¿Comemos más cuando bajan las temperaturas? Claves para cuidar la alimentación en otoño

María Robert

Una nutricionista explica cómo adaptar los platos al frío sin aumentar la grasa o las caloría que se ingieren 

03/11/2026

¿Has notado que sientes más hambre desde que llegó el otoño? No es una percepción errónea. La nutricionista de Blua de Sanitas, Ingrid Daniele, apunta que es frecuente que con el cambio de estación muchas personas perciban un incremento del apetito. Sin embargo, esto no implica necesariamente que el cuerpo ...

¿Has notado que sientes más hambre desde que llegó el otoño? No es una percepción errónea. La nutricionista de Blua de Sanitas, Ingrid Daniele, apunta que es frecuente que con el cambio de estación muchas personas perciban un incremento del apetito. Sin embargo, esto no implica necesariamente que el cuerpo requiera un mayor aporte calórico. Los cambios en las rutinas, la reducción de la actividad física y la preferencia por platos más contundentes pueden influir en la forma de comer durante esta época del año.

"En la práctica, solemos pasar más tiempo en interiores, reducir algo la actividad física y recurrir con mayor frecuencia a platos más contundentes y energéticos. Antes de aumentar las cantidades, conviene valorar si las comidas habituales son completas e incluyen suficientes alimentos que promuevan la saciedad, como verduras, legumbres, proteínas de calidad o cereales integrales", señala la experta.

En este sentido, la experta hace hincapié en que con el descenso de las temperaturas apetecen más los platos calientes. Pero advierte: esto no significa que cada receta deba aumentar el número de calorías. La clave es introducir los nutrientes necesarios y, a la vez, que estos sean saciantes; sin el frío, no conlleve un consumo excesivo de grasas o calorías.

No hace falta complicarse la vida. La nutricionista recuerda que un potaje de legumbres con verduras, unas lentejas, una crema de calabaza acompañada de pescado o huevo, o unas verduras asadas con garbanzos son platos "calientes, saciantes y nutricionalmente completos"y que con ellos se evita recurrir a menudo al consumo de embutidos grasos o salsas muy calóricas. Combinar verduras con alimentos ricos en proteínas y fibra permite, además, elaborar menús variados y equilibrados sin renunciar a las recetas de cuchara propias de los meses fríos.

Del mismo modo, la experta destaca la importancia de mantener una hidratación adecuada, ya que con el paso de los años disminuye la sensación de sed y se incrementa el riesgo de deshidratación por una ingesta insuficiente de líquidos. Así, por más que durante los meses más fríos apetezca beber menos agua, las necesidades de hidratación siguen estando ahí y, por ende, es fundamental repartir la ingesta de líquidos a lo largo del día.

Consejos para una alimentación sana y equilibrada también en otoño

Ante este escenario, por lo tanto, es recomendable introducir ciertos cambios en la dieta, pero siempre teniendo en cuenta las necesidades de cada persona y evitando que las variaciones en el apetito conduzcan a una alimentación menos equilibrada.

Uno de ellos es aprovechar las posibilidades de las sopas, las cremas y los potajes, platos tan nutritivos como saludables. No hace falta que sean recetas pesadas para que resulten saciantes: basta con combinar las verduras con ingredientes que aporten proteínas y fibra, como legumbres, pescado, huevos o cereales integrales. También se pueden añadir algunos de estos alimentos a las preparaciones habituales para hacerlas más completas, sin necesidad de llenar más el plato.

Beber suficiente agua es otro hábito que hay que mantener todo el año, aunque en otoño y en invierno haya que esforzarse para recordarlo porque no lo pide el cuerpo. Una buena alternativa es optar por una reconfortante bebida caliente, como infusiones sin azúcar y caldos suaves bajos en sal. Lo mismo con las frutas de temporada con alto contenido en agua, como las naranjas, las mandarinas y las peras.

Además, mantener unos horarios regulares y evitar llegar a las comidas con demasiada hambre puede ayudar a controlar mejor las cantidades. Si entre horas aparece el apetito, una pieza de fruta, un yogur natural o un puñado de frutos secos son opciones saludables para picar sin recurrir siempre a productos ultraprocesados.

A la vez, la compra debe adaptarse a las necesidades y a los productos propios de esta época del año. Por ejemplo, la calabaza, el boniato, las coles, las acelgas y las setas ofrecen distintas opciones para preparar platos de temporada, mientras que la granada, el caqui y los cítricos permiten ampliar el abanico de frutas que se pueden agregar a la dieta diaria. De hecho, es lo ideal, según los nutricionistas. Alternar ingredientes y recetas ayuda a que los menús no se vuelvan monótonos y facilita mantener una pauta de alimentación variada y equilibrada. 

Y es que comer bien en otoño no significa comer más, sino adaptar los platos a lo que apetece sin perder de vista el equilibrio nutricional del plato. Una pauta que, en realidad, sirve para cualquier época del año.


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