Conciliar y hacer malabarismos con todos los factores de su vida provoca un agotamiento físico y emocional que deja a la mujer exhausta. Fundamentalmente, porque el confinamiento ha cambiado de forma abrupta las responsabilidades de los padres y, sobre todo, de las madres. De acuerdo con un estudio realizado por ...
Conciliar y hacer malabarismos con todos los factores de su vida provoca un agotamiento físico y emocional que deja a la mujer exhausta. Fundamentalmente, porque el confinamiento ha cambiado de forma abrupta las responsabilidades de los padres y, sobre todo, de las madres. De acuerdo con un estudio realizado por el Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València, aunque en algunas parejas hay una mayor disposición por parte de los hombres a hacer tareas que no solían realizar antes, como poner lavadoras, cocinar, ir a la compra o compartir horas de juego con los niños, "la carga mental y organizativa sigue recayendo en las madres. Son las mujeres con menores que teletrabajan las soportan la mayor parte del estrés del confinamiento", destaca la coach de liderazgo personal y profesional y fundadora de El Factor Humano Mónica García.
De hecho, son las mujeres, como apunta García, las que hacen malabarismos para coordinar y dedicar tiempo a todas las partes de su vida, muchas veces renunciando a tiempo para ellas. "Madrugando para poder sacar adelante las horas de trabajo, conectadas continuamente a sus correos profesionales, mientras educan, cuidan y gestionan las necesidades de la casa. Y están agotadas. Es lo que se conoce como el síndrome de la mujer agotada. El mal del siglo XXI", afirma. Un síndrome que, en España, aún no se trata como un mal diagnosticado, pero en Inglaterra, el Servicio Nacional de Salud ya usa el término TATT, que equivale a "Tired all the time", es decir, cansadas todo el tiempo.
"No es solo esta excepcional situación la que hace que una mujer esté sin fuerzas. Es toda la carga que soporta y acumula a lo largo de los meses y que se ha acentuado con el confinamiento. Durante estos dos meses de aislamiento social la adrenalina las ha mantenido en un nivel alto de rendimiento, sin bajar la guardia, conciliando como podían. Pero cuando ahora que comienza la desescalada y viendo que tendrán que incorporarse físicamente a sus puestos de trabajo mientras los niños permanecen en casa, el bajón al que están expuestas las mujeres es tremendo", comparte García.
Un cansancio vital que acaba provocando un agotamiento y mal humor crónico, a la vez que se ha visto acentuado por la situación actual. La situación no ha sido escogida por las mujeres pero que tendrán que aprender a gestionar y entre todos, miembros de la familia, responsables en las empresas y organismos públicos, "encontrar formas creativas de cubrir las nuevas necesidades, aspirando a un mayor equilibrio que sea el que nos mantenga fuertes como sociedad", concluye la coah.