A medida que las personas van cumpliendo años la movilidad, agilidad y la estabilidad corporal se van deteriorando al igual que también se pierde masa ósea, siendo más vulnerables a los traspiés o caídas. Si sentidos como la vista y el oído no funcionan como deberían pueden afectar al equilibrio. ...
A medida que las personas van cumpliendo años la movilidad, agilidad y la estabilidad corporal se van deteriorando al igual que también se pierde masa ósea, siendo más vulnerables a los traspiés o caídas. Si sentidos como la vista y el oído no funcionan como deberían pueden afectar al equilibrio. Para ponerle freno, pudiendo desempeñar tu vida cotidiana con total normalidad sin perder seguridad es recomendable que establezcas una rutina de ejercicios para reforzar tu equilibrio, activando tus músculos, tonificando tu cuerpo y mejorando tu capacidad de concentración y coordinación.
Con las piernas extendidas, sitúa una de ellas delante de la otra. Cierra los ojos y ayúdate con los brazos para no perder estabilidad. Recuerda que los talones y puntas de los pies tienen que permanecer en el suelo, no pueden levantarse. Ahora repite el ejercicio con la otra pierna.
Separa los pies, coloca las manos sobre las caderas y levanta la pierna derecha del suelo, flexionándola hacia atrás. Deberás estar en esa posición durante 30 segundos. Vuelve a la posición inicial, y prueba con la pierna izquierda.
Una de las piernas actuará de base y con la otra intenta dibujar los números en el aire sin perder el equilibrio. Ahora le tocará el turno a la pierna contraria.
Coloca un pie separado del otro, cruza una de las piernas por delante y intenta mantenerte en esa posición unos segundos. No puedes apoyar el pie en el suelo. Haz lo mismo con la otra pierna. Repite el ejercicio varias veces.

Siéntate sobre la pelota, levanta un pie separándolo del suelo mientras te ayudas con los brazos estirados hacia delante para mantener el equilibrio. Desciende y vuelve a hacer el ejercicio con el otro pie.
Colócate como si fueras a hacer una flexión, con las manos sobre el suelo y los brazos estirados. Las piernas también tendrán que estar estiradas apoyando tus pies sobre la pelota. Deberás aguantar en esa posición unos 30 segundos.
Continúa de pie, flexiona una de las piernas y ayúdate con la mano para situar el pie encima de la rodilla o debajo de la misma (según prefieras). El abdomen deberá de estar contraído y los brazos extendidos hacia arriba. Aguanta ahí 30 segundos. Vuelve a hacer el ejercicio con la otra pierna.
Un pie actúa como base, mientras separas la otra pierna y extiendes los brazos, de forma que inclinas ligeramente tu cuerpo. Repítelo con la pierna que ha actuado como apoyo.
Lleva una de las piernas hacia atrás, la otra servirá de soporte y los brazos extendidos hacia delante. El tronco deberá estar lo más horizontal posible, mientras haces fuerza en la pierna de apoyo. Haz lo mismo con la otra pierna.