3 menús tipo de la "milagrosa" dieta disociada

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by Carmen Reija. Farmacéutica y divulgadora sanitaria
Una de las más famosas y con mayor número de seguidores es la dieta disociada. Sus características la convierten en una opción deseable y fácil de seguir por lo que aumenta de manera exponencial su fama. Pero no todo son ventajas y no debe ser recomendada a nadie.
 

La dieta disociada se basa en la disociación, es decir, en que no se deben mezclar ciertos alimentos, pues esa combinación es la que nos engordaría. Es una idea sin base científica que ha sido mantenida en el tiempo como la de que el pan engorda o que la miga engorda más que la corteza.

La dieta disociada reparte los alimentos en 3 grupos en función de su pH porque busca un equilibrio que facilite su digestión y asimilación por el organismo.

Según los parámetros que preconiza, jamás se pueden mezclar los alimentos que forman parte de esos tres grupos de alimentos que señala la dieta. Consideran que su pH (acidez) es incompatible y su consumo conjunto nos engorda.

Los grupos se distribuirían, por ejemplo, en:

Grupo A: cereales integrales, arroz, pan, patatas, miel, azúcar, dulces, mermelada, frutas en almíbar, frutos secos.

Grupo B: aceite de oliva, mantequilla, queso, aceitunas, lechuga, zanahoria, cebolla, coliflor, espinacas, repollo, pepino, tomate natural y ajo.

Grupo C: carne, pescado, leche, huevos, cítricos, sandía, melón y tomate cocinado.

Estos grupos pueden ser más amplios e incluir más alimentos en función de la fuente que consultes. La idea fundamental es que nunca se pueden mezclar.

Un menú tipo planificado por quienes siguen esta dieta sería, usando alimentos de los grupos A y C:

Desayuno: cereales integrales con nueces y mermelada de naranja. Media mañana: un bol de sandía. Comida: carne a la plancha con tomate asado. Merienda: un yogur natural. Cena: una tortilla de dos huevos con atún y un vaso de leche.

Un menú tipo planificado por quienes siguen esta dieta sería, usando alimentos de los grupos B y C:

Desayuno: queso con tomate natural y zumo de sandía. Media mañana: crudités de zanahoria. Comida: ensalada de lechuga, cebolla, pepino, tomate natural, aceite de oliva y ajo. Merienda: un puñado de aceitunas bajas en sal. Cena: salmón a la plancha y una rodaja de melón.

Un menú tipo planificado por quienes siguen esta dieta sería, usando alimentos de los grupos A y B:

Desayuno: cereales integrales, con almendras y melocotones en almíbar. Media mañana: crudités de pepino. Comida: coliflor cocida aliñada con aceite de oliva y ajo fresco. Merienda: una rodaja de piña en almíbar. Cena: tomate al natural con queso, aceite de oliva y ajo.

Tiene muchos seguidores que la consideran fácil de realizar, muy digestiva, sencilla y variada. También existen numerosos detractores que señalan que seguir una dieta de tan bajo contenido calórico provoca mareos, por ejemplo, y problemas nutricionales por carencia de ciertos elementos esenciales. También la han asociado con el padecimiento de depresión.