El Reina Sofía acoge la mayor retrospectiva de la artista feminista Ida Applebroog

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by María Robert
La selección de obras, que abarca un periodo de más de cinco décadas, incide en los intereses y preocupaciones constantes que han acompañado a la artista multimedia a lo largo de su vida, como la violencia, el poder, las políticas de género o la sexualidad femenina
 

El Museo Reina Sofía dedica a Ida Applebroog (Nueva York, 1929) su mayor y más exhaustiva retrospectiva hasta la fecha. La selección de obras, que abarca un periodo de más de cinco décadas, incide en los intereses y preocupaciones constantes que han acompañado a la artista multimedia a lo largo de su vida, como la violencia, el poder, las políticas de género o la sexualidad femenina.

La presente retrospectiva toma como punto de partida el amplio conjunto de dibujos a tinta, acuarela y lápiz que realizó en el Mercy Hospital como parte de su terapia de recuperación después de largos años de una depresión profunda que desembocó en una crisis nerviosa. Tras su paso por el centro, Applebroog dibujó sus genitales a diario durante dos meses, una serie de obras que reinterpretaría más tarde en la instalación Monalisa (2006-2009).

El activismo feminista como eje

Fue en los años a caballo entre las décadas de 1960 y 1970 cuando Applebroog esbozó las directrices que vertebrarían todo su trabajo posterior. De forma para ella todavía inconsciente en ese momento, se alineó con el intenso activismo feminista contemporáneo que se convertiría en uno de los ejes fundamentales de la práctica artística de la década de 1970. De regreso a Nueva York, donde hoy todavía reside, tras una etapa en California, en 1976 se asoció y participó de forma activa (junto a Mimi Shapiro, Lucy Lippard o Mary Miss, entre otras) en el colectivo feminista Heresies; posteriormente, en 1992, se uniría al Women´s Action Coalition (WAC).

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Entre 1969 y 1973 realizó un conjunto de esculturas en diversos materiales que supuso el germen de conceptos, prácticas y plásticas que desarrollaría en los años sucesivos. La mayoría de ellas son piezas performáticas a escala humana que invitan a ser transitadas y experimentadas. El conjunto está hoy desaparecido pero se conserva un buen archivo técnico y fotográfico que se muestra parcialmente en esta exposición.

Algunas de estas primeras esculturas abstractas experimentaron una drástica reducción de escala y una evolución orgánica en una serie de pequeños teatros (stagings) tridimensionales caracterizadas por lo narrativo, la incorporación del texto, y la disgregación de los límites entre lo público y lo doméstico. Tanto sus stagings como su primera película It´s No Use Alberto (1978) fueron el caldo de cultivo de uno de sus proyectos más destacados y personales, los Performance Books, tres series de libros de artista publicados entre 1977 y 1981: Galileo, Dyspepsia y Blue Books.

Humor e ironía por bandera

A partir de los primeros años de la década de 1980, Applebroog abandonó esta escala más intimista para trabajar con papel y lienzos de formato mayores, como Everything Is Fine (1990-1993), Variations on Emetic Fields (1990) o Tattle Tales (1992-1994), que pueden ser entendidos como obras individuales pero también como grandes instalaciones. Estas obras se convierten en un soporte más que permite a la artista incidir con gran lucidez, y sin falta de ironía, en las fatalidades humanas. La artista juega y confunde al espectador: por un lado, le obliga a mantener la distancia a través de distintos recursos como marcos ilustrados o telones interpuestos, y por otro le obliga a transitar por las instalaciones o lo identifica sutilmente en escenas domésticas cercanas.

Sin duda, Applebroog ha sido y es una artista emprendedora que mostró su obra en Documenta 13 de Kassel el año 2012, ha expuesto en espacios emblemáticos estadounidenses, y ahora el Museo Reina Sofía, le dedica una interesantísima retrospectiva que se mostrará hasta el 27 de septiembre de 2021.