Tattoo o cómo convertir el tatuaje en objeto de culto

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by Anna León
Hasta el próximo 28 de agosto, se puede visitar Tattoo. Arte bajo la piel, en CaixaForum Barcelona. Por primera vez, una exposición considera el tatuaje como objeto de arte y convierte al tatuador en artista.
 

Hoy día, se calcula que un 12% de los europeos lleva, como mínimo, un tatuaje. Coincidiendo con este boom, Barcelona acoge la primera exposición que ensalza el potencial artístico del tatuaje y sus creadores. Tattoo. Arte bajo la piel, producida y organizada por el Musée du Quai Branly - Jaques Chirac de París y la Fundación "la Caixa", es la mayor exposición histórica que ahonda en el tatuaje como gesto artístico y rinde homenaje a todos aquellos que lo han hecho evolucionar. Artistas cuyo papel nunca se ha reivindicado en los museos. "Por primera vez, se considera al tatuaje una obra de arte y al tatuador un artista. Cada pieza nos conduce a la exposición y no al revés" explica Giselle Martínez, educadora de la exposición.

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Hiperrealismo dentro de vitrinas

Tattoo. Arte bajo la piel exhibe más de 240 obras históricas y contemporáneas entre fotografías, dibujos, pinturas, libros, audiovisuales y objetos como herramientas, máscaras o sellos. Entre las más de 240 piezas expuestas se incluyen 24 prototipos de cuerpos hiperrealistas modelados en silicona y tatuados con tinta por maestros del tatuaje de todo el mundo. Por ejemplo, los estadounidenses Kari Barba y Jack Rudy, el francés Tin-Tin, el japonés Horiyoshi III, el suizo Felix Leu, el neozelandés Mark Kopua, el inglés Xed LeHead, el danés Colin Dale y el polinesio Chimé. Para la exposición en CaixaForum Barcelona, se han añadido dos nuevas piezas de reciente creación de los tatuadores Brian Gomes (Brasil) y Taku Oshima (Japón).

Cabe destacar también las obras de dos artistas residentes en nuestro país. Por un lado, la tatuadora madrileña Laura Juan reflexiona en su obra sobre el aislamiento social durante la pandemia, la incertidumbre, el silencioso e invisible avance del virus y la pérdida de libertad. Por otro lado, Jee Sayalero, tatuador venezolano, profundiza en el término istmo: en esa pequeña franja de tierra se produce el intercambio entre distintas culturas, con alusiones al folclore japonés y a obras de artistas como Pablo Picasso o Salvador Dalí. "Te preguntarás porqué todos los modelos de silicona se exhiben dentro de una vitrina. Si el tatuaje es arte, lo debemos conservar de manera adecuada", añade Martínez.

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Objetos de culto

Durante la exposición, también se puede apreciar una colección única de piezas de una cincuentena de países, como Estados Unidos, Japón, Francia, Tailandia o Reino Unido. Entre las piezas expuestas, llama la atención una pluma eléctrica, antecedente de la máquina de tatuar actual, del inventor Thomas Edison en el año 1877. Tampoco pasa inadvertido el enorme baúl con el que transportaban sus herramientas los tatuadores ambulantes. Entre los usuarios célebres del tatuaje, nos quedamos con el retrato en pintura acrílica de Artoria, célebre artista del sideshow de la década de 1920. Otro objeto al que echarle un vistazo es el álbum original de Rich Mingus, editado por Henk Schiffmacher en el año 2011, que incluye fotografías, postales y fragmentos de publicaciones periódicas relacionadas con el tatuaje desde el siglo XIX.

La colección también incluye una flauta en forma de estatuilla del período tardío de la cultura maya con representaciones de tatuajes faciales, así como varias herramientas y utensilios para tatuar del siglo XIX provenientes de Indonesia, Birmania, Túnez, Argentina o Australia. Además, se pueden observar numerosos retratos de grupos con sus tatuajes identificativos. Algunos ejemplos son la pandilla mara centroamericana o la mafia japonesa yakuza.

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El recorrido, con cinco paradas diferenciadas, arranca desde una perspectiva global para comprender el vínculo del tatuaje con lo marginal, la delincuencia y su visión espectáculo a través de artistas circenses. En la segunda sala, se presenta el tatuaje como un arte en movimiento, haciendo hincapié en su expansión por Japón, América del Norte y Europa desde su origen hasta la actualidad. En la tercera sala, se muestra el renacimiento del tatuaje tradicional en Nueva Zelanda, Samoa, Polinesia, Indonesia, Malasia oriental, Filipinas y Tailandia. A partir de la década de 1970, surgen nuevas escuelas y se expanden a nuevos territorios como China,Taiwán y Latinoamérica, con el tatuaje chicano, aspecto que se aborda en la cuarta instalación. La muestra termina con una reflexión sobre el tatuaje en la actualidad y su afán renovador mediante dos corrientes: una reinterpreta géneros históricos; la otra explora las posibilidades de las artes gráficas más allá de los códigos clásicos.

Símbolo identitario o de repulsa social

Hace más de dos décadas, se descubrió la momia de Ötzi, cubierta de tatuajes, en los Alpes italianos. Se calcula que falleció hacia el 3255 a.C., aunque lo interesante eran las incisiones realizadas con cenizas de carbón que cubrían su piel. Se trataba de un tatuaje realizado para, supuestamente, aliviar las enfermedades de Ötzi. "Es muy interesante descubrir cómo la cultura influye en la dinámica del tatuaje y cómo este ha evolucionado a medida que lo hacía la sociedad. En tribus ancestrales, ya había constancia de tatuajes con significados muy diferentes. Algunos eran curativos, otros expresaban habilidades, fertilidad o simbolizaban un linaje familiar. No es una pintura cualquiera", puntualiza Giselle Martínez.

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El tatuaje también puede tener un significado identitario. En Japón, es algo así como el currículo de una persona que se amplía a medida que aportas algo a la sociedad. En otras ocasiones, no deja de ser una marca que genera rechazo o repulsa social. Es el caso de los tatuajes que llevaban los prisioneros en los campos de concentración nazis. Curioso es el caso del fotógrafo y tatuador gay Albrecht-Becker, quien, tras su paso por los campos de concentración, empezó a tatuar a sus amantes, reivindicando la normalidad a través de esta práctica. "Algunos tatuajes tienen un significado muy potente en algunas tribus. Me pregunto qué pensarían cuando nos tatuamos por motivos estéticos, banalizando esos dibujos sagrados para ellos. Esta exposición abre las puertas a un segundo debate: hacemos un homenaje a este arte, pero sin olvidar la simbología ancestral y el universo espiritual que encierra", concluye. Fotos: CaixaForum Barcelona.