El elevado volumen de desplazamientos previsto para este verano hará que esta situación se repita con mayor frecuencia. Solo entre julio y agosto, la Dirección General de Tráfico prevé más de 104 millones de viajes de largo recorrido por carretera, un 3,7% más que el año anterior, mientras que la ...
El elevado volumen de desplazamientos previsto para este verano hará que esta situación se repita con mayor frecuencia. Solo entre julio y agosto, la Dirección General de Tráfico prevé más de 104 millones de viajes de largo recorrido por carretera, un 3,7% más que el año anterior, mientras que la Asociación de Líneas Aéreas estima un incremento del 5,7% en la oferta de asientos respecto al verano pasado. Precisamente por su asociación histórica a los vuelos de larga distancia, esta complicación ha pasado a conocerse popularmente como síndrome de la clase turista. Sin embargo, esta denominación puede resultar engañosa, ya que el verdadero factor de riesgo no es viajar en avión ni el tipo de billete, también puede producirse durante trayectos largos en coche, autobús o tren.
La explicación está en el papel que desempeñan los músculos de las pantorrillas, conocidos popularmente como el «segundo corazón» porque, con cada paso, ayudan a impulsar la sangre desde las piernas hacia el corazón. Cuando ese movimiento se interrumpe durante varias horas, el retorno venoso pierde eficacia, la circulación se ralentiza y la sangre puede acumularse en las venas profundas, favoreciendo la formación de un coágulo. Además, si este se desprende y alcanza los pulmones, puede provocar una embolia pulmonar, una complicación potencialmente grave que requiere atención sanitaria urgente.
Con el objetivo de reducir este riesgo, los expertos de Cigna Healthcare recomiendan actuar antes y durante el desplazamiento, incorporando medidas sencillas que ayuden a romper los periodos de inmovilidad y a mantener activa la circulación:
· Interrumpir la inmovilidad con regularidad. Es recomendable interrumpir la inmovilidad de forma periódica, ya que unos minutos de movimiento ayudan a reactivar el retorno venoso. Siempre que las circunstancias lo permitan, en los desplazamientos en avión o tren se aconseja levantarse y caminar por el pasillo cada una o dos horas. Y si el viaje se realiza en coche, la mejor alternativa es planificar paradas regulares para salir del vehículo, caminar al menos diez minutos y estirar las piernas antes de continuar el recorrido.
· Evitar posturas que dificulten la circulación. Cruzar las piernas durante periodos prolongados, mantener las rodillas excesivamente flexionadas o apoyar bolsos y equipaje sobre ellas puede limitar el movimiento y ejercer una presión innecesaria. Contar con espacio para cambiar de postura y mover los pies con frecuencia ayuda a reducir los efectos de permanecer sentado.
· Realizar ejercicios sencillos desde el asiento. Cuando no sea posible levantarse, se pueden elevar varias veces los talones manteniendo apoyadas las puntas de los pies, levantar después las puntas sin despegar los talones y realizar círculos con los tobillos en ambos sentidos. Estos movimientos apenas requieren unos segundos y ayudan a activar la musculatura que favorece el retorno de la sangre hacia el corazón.
· Mantenerse hidratado y viajar con ropa cómoda. Beber agua de forma regular ayuda a mantener una buena fluidez de la sangre y a prevenir la deshidratación, aunque no sustituye la necesidad de moverse. También conviene moderar el consumo de alcohol y elegir prendas holgadas y calzado cómodo que no compriman la cintura, las ingles, los muslos o los tobillos y permitan caminar y realizar ejercicios con facilidad.
· Valorar los factores de riesgo antes de salir. Las personas con antecedentes de trombosis, una cirugía reciente, cáncer, embarazo, movilidad reducida o alteraciones de la coagulación deberían consultar con un profesional sanitario antes de realizar un trayecto prolongado. El uso de medias de compresión o medicamentos anticoagulantes solo debe contemplarse tras una valoración médica individual y nunca por iniciativa propia.