Septiembre no es el final: ventajas de irse de vacaciones (y viajar) cuando la mayoría vuelve 

María Robert 

Menos turistas, temperaturas más llevaderas, precios algo más ajustados y un ritmo diferente convierten este mes en un momento ideal para descubrir nuevos destinos

04/09/2026

Mientras unos hacen cuentas para saber cuántos días faltan para el próximo puente, unos pocos afortunados todavía están decidiendo qué meter en la maleta. Septiembre suele representar para la mayoría el final de las vacaciones, la vuelta al despertador y el regreso a la rutina. Pero quienes han conseguido reservar ...

Mientras unos hacen cuentas para saber cuántos días faltan para el próximo puente, unos pocos afortunados todavía están decidiendo qué meter en la maleta. Septiembre suele representar para la mayoría el final de las vacaciones, la vuelta al despertador y el regreso a la rutina. Pero quienes han conseguido reservar sus días libres para después de agosto, una opción que cada vez gana más adeptos, se acordarán ahora mismo del dicho que dice que "el que ríe el último, ríe mejor". 

La paciencia en este caso tiene una gran recompensa, sobre todo si viajas o tienes prevista una escapada. Y es que el verano todavía tiene cuerda para rato, al tiempo que algunas de sus incomodidades sí empiezan a desaparecer: las playas se vacían de turistas y visitantes, al igual que las ciudades, y encontrar reserva en un buen restaurante deja de convertirse en una misión imposible. Por no hablar de las ventajas para el bolsillo. 

En suma, viajar en septiembre no garantiza unas vacaciones perfectas, pero sí ofrece algunas ventajas difíciles de encontrar en pleno agosto.  

1. Menos gente, destinos que mejoran

Quizá sea la ventaja más evidente, pero también una de las que más se agradecen. Septiembre marca el principio del fin de la temporada alta y eso se nota en muchos destinos que durante julio y agosto están abarrotados.

Las playas empiezan a despejarse, las calles están algo menos concurridas y visitar un museo o un monumento deja de implicar cola y masificación. También resulta más fácil encontrar mesa en un restaurante sin haber reservado con días de antelación o pasear por un lugar turístico sin tener que esquivar continuamente a otros visitantes.

Para quienes disfrutan más del viaje cuando pueden ir a su aire, la diferencia puede ser considerable. El destino sigue siendo el mismo; sin embargo, la experiencia cambia muchísimo cuando no tienes a medio mundo alrededor.

2. El calor da un pequeño respiro

Los destinos de sol y playa siguen siendo buena opción. Y es que que llegue septiembre no significa que haya que guardar el bañador, pues el verano todavía está muy presente, especialmente en buena parte de España y otros destinos mediterráneos. A cambio, las temperaturas suelen empezar a dar algo de tregua después de las semanas más intensas.

Eso amplía bastante las posibilidades. No en vano, por muy bonito que sea el destino, lidiando con el calor extremo no se puede disfrutar al máximo.

3. El bolsillo también sale ganando

Septiembre no es sinónimo de ganga, pero el final de la temporada alta también puede notarse en los precios. Vuelos, hoteles y apartamentos pueden resultar algo más económicos que durante las semanas centrales del verano, especialmente si tenemos cierta flexibilidad con las fechas.

Y no se trata únicamente de pagar menos. La mayor disponibilidad permite comparar más y elegir mejor, desde el alojamiento hasta los horarios de los vuelos o las actividades que queremos hacer durante el viaje.

4. Viajar `slow'

Viajar fuera de la temporada alta tiene otra gran ventaja asociada: el ritmo. Sin tantas aglomeraciones ni la necesidad de encajar cada visita en un horario concreto, resulta más fácil dejar huecos en el día y no convertir las vacaciones en una carrera de fondo sin margen para la improvisación. O mejor dicho, para fluir.

Despertarse sin alarma un día, alargar la sobremesa, pararse en mitad de la tarde a tomarse una cerveza o cambiar el itinerario porque así se tercia… Viajar es mucho más placentero en `slow'.

Así que, si has aguantado estoicamente todo el verano trabajando y ahora te toca ver observar cómo los demás vuelven a la rutina mientras tú activas el modo vacaciones, es tu hora de disfrutar. Viajar fuera de temporada alta te permite empaparte del destino de otra manera mucho más placentera: con menos prisas, menos gente y algo más de margen para improvisar.  


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