1. Girona: historia, calles de piedra y paseos junto al ríoGirona es una de esas ciudades que se disfrutan especialmente caminando. Su casco histórico reúne más de 2.000 años de historia, con la Força Vella, la catedral, el Call judío, los Baños Árabes y las murallas como algunos de sus ...
Girona es una de esas ciudades que se disfrutan especialmente caminando. Su casco histórico reúne más de 2.000 años de historia, con la Força Vella, la catedral, el Call judío, los Baños Árabes y las murallas como algunos de sus principales atractivos.
Qué hacer en dos días: dedicar la primera jornada al Barri Vell, recorrer el Call y subir al paseo de la muralla para contemplar la ciudad desde las alturas. En otoño, además, resulta especialmente agradable acercarse hasta la Vall de Sant Daniel o hacer alguna de las rutas de naturaleza que parten de la ciudad.
El segundo día puede reservarse para descubrir el Girona más cultural, con una visita al Museu d'Art, el Museu d'Història dels Jueus o el Museu del Cinema, y terminar el paseo junto a las casas del Onyar.
Ideal para: una escapada cultural, gastronómica y con mucho paseo.
San Sebastián tiene un atractivo especial fuera de los meses de verano. En otoño, sus parques y jardines se llenan de tonos ocres y la ciudad propone rutas a pie y en bicicleta, además de una agenda gastronómica especialmente interesante.
Qué hacer en dos días: comenzar por La Concha y continuar hasta el Peine del Viento, para después perderse por la Parte Vieja y hacer una ruta de pintxos. La ciudad combina además playa, arquitectura, cultura y gastronomía en un espacio bastante cómodo para recorrer a pie.
El segundo día puede dedicarse al monte Urgull, al paseo del Urumea o a alguno de los parques de la ciudad. Y si el tiempo acompaña, todavía es posible disfrutar del ambiente marinero de la ciudad.
Ideal para: una escapada gastronómica con mar y naturaleza.
Valencia permite cambiar las hojas secas por el Mediterráneo sin renunciar a los planes propios de esta época. La oficina de turismo destaca precisamente el otoño como una temporada adecuada para caminar, visitar museos, recorrer barrios y disfrutar de los jardines y las playas.
Qué hacer en dos días: el primer día puede comenzar en el centro histórico, con parada en la Lonja de la Seda, el Mercado Central y la Catedral, para continuar después por el Jardín del Turia. El segundo día puede combinar la Ciudad de las Artes y las Ciencias con un paseo por el Cabanyal y la playa.
Otra opción es acercarse a l'Albufera al final de la tarde, especialmente si se busca un plan de naturaleza sin salir de la ciudad.
Ideal para: quienes quieren una escapada urbana pero también paseos al aire libre y ambiente mediterráneo.
Salamanca es especialmente cómoda para una escapada de 48 horas porque buena parte de sus grandes atractivos se concentran en el centro histórico. Es una ciudad para recorrer a pie, alternando plazas, edificios históricos, cafés y restaurantes.
Qué hacer en dos días: comenzar por la Plaza Mayor y continuar por la Universidad, las dos catedrales, la Casa de las Conchas y la Clerecía. Al caer la tarde, merece la pena volver a la Plaza Mayor, cuando la iluminación cambia por completo el ambiente del centro.
El segundo día puede dedicarse a pasear junto al río Tormes, visitar alguno de sus espacios culturales y descubrir con más calma las calles del casco histórico.
Ideal para: una escapada cultural y gastronómica, especialmente si se busca una ciudad que pueda recorrerse cómodamente a pie.
Córdoba es otra opción interesante para el otoño, cuando pasear por la ciudad resulta más cómodo que durante los meses más calurosos. Su centro histórico permite concentrar en un fin de semana algunos de sus grandes atractivos.
Qué hacer en dos días: dedicar la primera jornada a la Mezquita-Catedral, el Puente Romano y el entorno de la Judería, con tiempo para perderse por sus calles y plazas. El segundo día puede reservarse para el Alcázar de los Reyes Cristianos, los patios y otros rincones del casco histórico.
La gastronomía también merece un hueco en el viaje: salmorejo, berenjenas con miel, flamenquín o rabo de toro son algunos de los platos que forman parte de la cocina cordobesa.
Ideal para: quienes buscan una escapada cultural, gastronómica y con un clima generalmente más amable que en otras ciudades del interior durante esta época.