La Platillería, el gran restaurante humilde

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by David León Himelfarb
Hay muchas maneras de saber si un restaurante es bueno. Leer reseñas sobre él en los periódicos, consultar su media en Trip advisor o preguntar por ahí, a ver qué se comenta. Sin embargo, poco métodos más fiables para asegurar el tiro con un local que saber que es un sitio donde comen los cocineros cuando no están trabajando. La Platillería es uno de estos. Llegamos por que un chef que ha trabajado, entre otros, con Jordi Cruz, nos recomendó este local pequeño del Poble Sec, y salimos muy contentos de haberle hecho caso.
 

La Platillería parece querer hacer honor al origen humilde del barrio obrero del Poble-sec. Subido a la parte alta de la calle del Roser, allí donde el asfalto se funde con la montaña de Montjuic, un cartel escrito casi a mano anuncia un local pequeño sin predecir que nos encontramos ante un gran restaurante.

Con la carta -dividida en dos, fríos y calientes- pasa lo mismo. Jamón, llonganissa -por qué hay cosas que solo se pueden decir en catalán-, cecina, queso, burratina o codorniz. Pulpo, huevo, lágrima, bacalao o molleja. Los platos se anuncian con solo una palabra en una sola pizarra colectiva (consecuencias del covid). Leer la carta recuerda al acto de enumerar los productos de una charcutería o una pescadería, y sin embargo, tras los nombres apenas enunciados de cada plato se esconde, de nuevo con humildad, el gran trabajo que hay detrás de cada uno de ellos.

Con los precios sucede algo parecido. Detrás de cantidades que muy pocas veces superan los 10 euros, se esconden los diez dedos de Fernando Silva, un cocinero que dirigió la cocina de Ten´s, la tapería de Jordi Cruz en del barrio del Borne. Con esos montos la recomendación de probar dos o tres platos por persona deja el tiquet final en un número de nuevo humilde en relación a la cocina que se disfruta.

Platos fríos

En la línea de la humildad de la codorniz, que se anuncia como si llegara sola, no se dice que está escabechada, y que se emplata en un frasco de vidrio con escarola y pepitas de granada. No se dice, en fin, que es como una ensalda tibia muy bien aliñada, de sabor intenso y con el escabeche de la codorniz, una cocción que le va muy bien al animal, muy conseguida.

Todos los primeros platos, los fríos, son de nivel. Ricos por ricos y ricos por sorprendentes. El steak tartar es untuoso, con ese equilibrio justo, tan difícil de encontrar, entre un aliño cremoso y potente pero que respete la textura y el sabor de la carne. También era buena la burratina, que venía acompañada de rúcula, lascas de cecina y salsa de trufa, una combinación donde cada elemento acompaña bien al anterior.

Mención aparte en los fríos para la caballa. Un pescado humilde – otra vez – cocinado a baja temperatura, acompañado de cogollos salteados y una salsa de kimchi. Un espectáculo. Sorpresa con la caballa, tersa y al punto, con ese color azul bonito tan característico. Sorpresa también con el cogollo salteado, inusual, y sorpresa con la salsa de kimchi, que unía todo el conjunto en una mezcla que aún recordamos.

Platos calientes.

Los platos calientes nos dejaron más fríos. Todos estaban buenos, pero ninguno nos sorprendió. Las bravas, bastante alabadas, tenían una salsa rica, aunque no nos convenció la textura de la patata, algo arenosa.

Destacaron unos macarrones tipo pacheri (más gruesos y cortos), a la carbonara, rellenos de carne y bañados en bechamel. Aunque muy ricos ellosm y la bechamel, no dejaban de recordar a unos canelones. Por último, el rabo de toro, plato lleno de sabor, no falló tampoco en este apartado, pero de nuevo, no nos sorprendió como habían hecho los primeros. Lejos de ser insatisfactoria, la valoración habla más del mérito de los primeros que del demérito de los segundos.

Los postres, fuera de carta, se recitan, lo cual hace pensar que se renuevan a menudo. Los dos que probamos volvieron a ganar. Higo caramelizado con tarta de santiago y helado de nata; y melocotón asado con streussel de almendra, frambuesa, helado de fruta de la pasión y espuma de chocolate blanco. Combinaciones de texturas y temperaturas, acertando con el uso de la fruta para dar colofón a una cena muy satisfactoria.

Acompañamos la cena primero con un "7 Destitjos", un Montsant tinto ligero y alegre, y después con un Taymagut, con más cuerpo, y quizás hubiera sido mejor idea tomarlos en orden invertido.

Servicio, espacio y Covid

El servicio estuvo de diez, a pesar de las limitaciones de la a veces triste nueva normalidad. Pantalla protectora para la camarera, carta común para todos los comensales, mesas y servicio reducido… Aún así siempre nos atendieron con una sonrisa y las recomendaciones de los platos, muchas surgidas de la camarera, acabaron conformando un éxito de cena.

Actualmente La Platillería se encuentra cerrada por las restricciones y el cierre de la hostelería. Aunque de momento no preparan comida a domicilio, no descartan hacerlo si el cierre actual de la hostelería se alarga. Por lo tanto, solo queda estar ayento a sus redes y esperar hasta que vuelvan a abrir los bares para disfrutar de sus platos.

La Platillería

Precio medio: 25€.

Dirección: Carrer Roser, 82, Poble-Sec, Barcelona.

Horario: De miércoles a sabados de 19:30 a 23:30 domingos de 13:00 a 16:00 (Actualmente cerrado por las restricciones).

Contacto: 934 635 401 - https://www.instagram.com/laplatilleria/

Servicio a domicilio: No