El síndrome de Estocolmo en parejas tóxicas, ¿cómo tratarlo?

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by Mirian Díaz
El síndrome de Estocolmo se empleaba para estudiar el comportamiento de las víctimas de un secuestro, pero también puede presentarse en relaciones tóxicas
 

El síndrome de Estocolmo se presenta cuando la víctima crea un lazo emocional hacia el agresor, identificándose con él hasta el punto de creer firmemente que las agresiones que ha recibido son consecuencia de algo que ha hecho mal. Asimismo, al salir con vida de la situación en la que se han visto inmersos o al sufrir menos daños de los esperados, se sienten incluso agradecidos.

Síndrome de Estocolmo, también en parejas tóxicas

En realidad, se trata de un mecanismo de defensa que se inicia en el cerebro, cuando la persona detecta que está en una situación complicada que se escapa a su control. En un primer momento, el síndrome de Estocolmo fue empleado para analizar el comportamiento de las víctimas de secuestros. Era la manera de explicar el "vínculo" que se formaba entre la persona secuestrada y su secuestrador.

Ahora bien, también podemos encontrarnos este síndrome en las relaciones tóxicas, en las que podemos encontrarnos con varias formas de maltrato. Desgraciadamente, todo el mundo conoce muy bien en qué consisten este tipo de relaciones y solemos hablar con frecuencia de ellas.

Aparece cuando uno de los miembros de la pareja hace daño o se aprovecha del otro en su propio beneficio, mientras que la otra parte implicada se ve incapaz de abandonarla al tener una fuerte dependencia emocional.

Las personas que tienen conductas tóxicas o poco deseables en una pareja son aquellas que intentan sacar provecho de su relación a través del control y la manipulación. Su único cometido es ejercer poder en la relación, siendo personas narcisistas y manipuladoras. En el otro lado de la balanza está la persona afectada, que suele ser más vulnerable y propensa a la culpabilidad.

¿Cómo salir de ahí?

Las personas que están viviendo una relación tóxica, no suelen ser conscientes de su realidad. Es lo que hablábamos antes, se trata de un mecanismo de defensa que les lleva a tener una percepción adulterada, llegando a sentirse responsables o culpables de las agresiones sufridas.

Ahora bien, por regla general, las agresiones físicas o verbales no empiezan de repente y sin avisar. Antes de eso se ponen en práctica algunas técnicas para manipular y aislar a la otra persona. La víctima, por su parte, puede permitir este control sobre ella sin apenas darse cuenta.

A pesar de todo se puede salir de este tipo de relaciones. ¿Cómo? En primer lugar siendo conscientes de lo importante que es sentirse bien, tanto físicamente como psicológicamente. La idea es empezar a darse cuenta del daño que le genera esta relación y recordar todos los momentos vividos, no solo los buenos.

No siempre es fácil porque el síndrome de Estocolmo no cuenta con un tratamiento concreto. Sin embargo, es posible romper con esos pensamientos y con la rutina del día a día, y empezar a controlar las situaciones. Para hacerlo posible es muy importante hablar con amigos y familiares para darnos cuenta de que ese sometimiento no es normal. Contar con apoyo de personas que queremos puede ser de gran ayuda a la hora de afrontar esta dura situación.

Como es lógico, se trata de un proceso largo y difícil, en el que es necesario pedir ayuda profesional para incidir en los mecanismos de defensa adquiridos durante la relación con objeto de cambiarlos y ver la realidad.