Durante años, viajar solo se ha asociado a valentía, independencia y crecimiento personal. Pero una nueva fórmula está ganando terreno, especialmente entre mujeres: viajar con un grupo de desconocidos que comparten la misma pasión por descubrir el mundo. Este modelo de viajes organizados, pero con espíritu libre, está redefiniendo la forma ...
Durante años, viajar solo se ha asociado a valentía, independencia y crecimiento personal. Pero una nueva fórmula está ganando terreno, especialmente entre mujeres: viajar con un grupo de desconocidos que comparten la misma pasión por descubrir el mundo.
Este modelo de viajes organizados, pero con espíritu libre, está redefiniendo la forma de explorar destinos y conocer gente. Para muchas mujeres, es la combinación perfecta entre autonomía y compañía. Miriam Muñoz, coordinadora de WeRoad y viajera experimentada, lo ve a diario en los grupos que acompaña. Para ella, el fenómeno responde a una mezcla de motivaciones muy claras.
"Muchas mujeres buscan autonomía y experiencias auténticas, pero al mismo tiempo valoran la seguridad y la confianza que ofrece viajar en grupo de desconocidos con gente de la misma edad y con intereses afines", explica. Según Muñoz, este tipo de viajes permite lanzarse a destinos que quizá nunca se plantearían por su cuenta. "Viajar con WeRoad permite descubrir lugares nuevos sin preocuparse por la logística y, sobre todo, conectar con otras personas fuera de tu círculo habitual".
Ese equilibrio entre independencia y apoyo colectivo es clave. "Viajar con otras personas elimina barreras como la soledad o la incertidumbre de planificarlo todo, y te da la libertad de vivir la experiencia completa sin preocuparte", añade.
El perfil de las viajeras que se apuntan a estas experiencias también tiene rasgos muy definidos. Lejos del estereotipo de la mochilera improvisada, muchas son mujeres con vidas profesionales activas que buscan algo más que unas vacaciones convencionales. "El perfil más común en los viajes son mujeres entre 29 y 44 años, profesionales o con una vida personal activa, que buscan experiencias que combinen aventura, cultura y bienestar", cuenta Muñoz.
Muchas de ellas tienen pareja, amigas o familia, pero se enfrentan a una realidad bastante común: agendas incompatibles. "Sus círculos ya no coinciden en disponibilidad, presupuesto o intereses de viaje", señala. Para estas mujeres, los viajes en grupo representan una solución práctica… y también una oportunidad personal. "Son mujeres que priorizan su desarrollo personal y social, y buscan espacios donde puedan explorar, desconectar y conocer a otras personas que estén en un momento vital similar".
Aunque cada viajera tiene motivaciones diferentes, algunos destinos destacan entre las preferencias de las millennials que se animan a este tipo de aventuras. Japón, por ejemplo, atrae a quienes buscan un equilibrio entre tradición y modernidad. "Es perfecto para quienes quieren rutas culturales, templos, ciudades vibrantes y una gastronomía increíble, además de ser un país muy seguro", explica Muñoz.
Bali, en cambio, suele ser la puerta de entrada para muchas mujeres que viajan solas por primera vez. "Es un destino que transmite tranquilidad. Su infraestructura facilita la comodidad y la sensación de seguridad, algo que muchas viajeras valoran". Para las más aventureras, Islandia es uno de los destinos estrella. "Conecta mucho con las amantes de la naturaleza. Sus paisajes son realmente espectaculares".
En Europa, Transilvania sorprende a quienes buscan una forma de viajar más pausada. "Tiene historia, castillos y naturaleza, y además está fuera de las rutas más masificadas". Y para las que quieren una experiencia más social y cultural, Colombia destaca como uno de los favoritos. "Atrae a quienes priorizan experiencias locales, cultura y sociabilidad".
Detrás de estas experiencias también hay un trabajo importante de acompañamiento. Como coordinadora, Muñoz se encarga de que el grupo funcione como una pequeña comunidad desde antes de despegar. "Mi trabajo empieza mucho antes de partir", explica. "Antes del viaje proporcionamos toda la información necesaria, desde itinerarios claros hasta chats de grupo para que las personas puedan empezar a conocerse y romper el hielo".
Durante el viaje, su papel es asegurar que todo fluya con naturalidad. "Me aseguro de que todo funcione con seguridad, facilitando la logística y acompañando al grupo en cada paso". Pero también hay algo que no se puede programar: la conexión entre personas. "Fomentamos momentos para que la gente pueda conectar, siempre respetando los tiempos y espacios personales".
El resultado, muchas veces, va más allá del propio viaje. "La idea es que, al final de la experiencia, cada viajera se sienta segura, escuchada y con nuevas amistades que muchas veces perduran más allá del viaje".